En secreto, Alberto y Massa negocian la “cláusula Parrilli”

25/8/2020 | 17:46 |

La columna semanal de Eugenio Paillet, corresponsal de La Nueva. en Casa Rosada.

Archivo La Nueva.

Por
Eugenio Paillet

   El presidente Alberto Fernández y el titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, negocian ahora mismo con sectores del Frente de Todos que no reportan políticamente al Instituto Patria, pero también con la mayoría de los gobernadores peronistas, para eliminar de la reforma judicial la llamada ”cláusula Parrilli” cuando el proyecto llegue a la cámara baja con media sanción del Senado, dijeron a este diario altas fuentes de la Casa Rosada.

   Las negociaciones reservadas se iniciaron, dijeron esas importantes fuentes gubernamentales, luego que fracasara un intento también subterráneo del presidente en el Senado para que esa cláusula no fuese incluida en los dictámenes de comisión que dejaron al proyecto listo para ser tratado en el recinto el jueves próximo.

   En privado, el presidente comentó en las últimas horas delante de sus más cercanos colaboradores que no está de acuerdo con algunos cambios que el cristinismo hizo al proyecto de reforma tal como fue redactado por el propio mandatario, en conjunto con la ministra de Justicia, Marcela Losardo, en especial con la introducción de aquel agregado propuesto por Oscar Parrilli. “Nunca fue consultado, se enteró cuando la modificación ya estaba incorporada”, dijeron aquellas importantes fuentes.

    Parrilli, durante el tratamiento en comisión del proyecto de reforma judicial, pidió incorporar una enmienda de su autoría, aunque pocos dudan que fue por instrucciones de la vicepresidente Cristina Fernández, por la cual los jueces estarán obligados a partir de la sanción de la ley a denunciar a los “poderes mediáticos” y no solo judiciales, políticos o empresariales, por eventuales presiones ante los magistrados a partir de sus investigaciones o artículos sobre hechos de corrupción de exfuncionarios o de miembros actuales de la administración pública.

   Fuentes del bloque del Frente de Todos en el Senado ya anticiparon que en la sesión de pasado mañana donde se buscará darle media sanción al proyecto de reforma judicial podrían realizarse “algunos cambios de forma, pero no de fondo”, al texto. Y aseguraron que de hecho la cláusula Parrilli “no se toca”.

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   Frente a ese panorama, el plan que trabajan en reserva el presidente y Massa apunta a que esa cláusula finalmente sea eliminada durante el tratamiento en la cámara baja, para lo cual por estas horas tanto desde la Casa Rosada como desde la presidencia de Diputados se han iniciado negociaciones con los bloques del oficialismo no K, de la oposición, en especial de Juntos por el Cambio, y con todos los gobernadores.

    Sacar la enmienda de Parrilli de la reforma se considera central para permitir que el proyecto obtenga la media sanción en Diputados. Esa jugada podría por ejemplo torcer la negativa que hasta ahora mantienen los bloques que responden al ex ministro de Economía, Roberto Lavagna, y al gobernador de Córdoba, Jun Schiaretti, que ya avisaron que están en contra de la oportunidad de la reforma y de la cláusula Parrilli y que por lo tanto no darían quórum para que pueda haber sesión.

    Massa, en consonancia con lo que piensa el presidente Fernández, apuntan además a que el debate en Diputados “vaya para largo”, contrastando con las urgencias del Instituto Patria para que la ley sea sancionada cuanto antes.

    La estrategia del “toma y daca” que se desató con algunos opositores de Cambiemos y con los gobernadores no es menor y auguraría para la reforma, de salir las cosas como la plantean en el albertismo, un futuro más que incierto para ese texto. 

    Todos saben que si Diputados consigue hacerle modificaciones al texto que le llegará desde el Senado, por caso la eliminación de la enmienda de Parrilli, el proyecto debe volver a la cámara alta para que los senadores ratifiquen el proyecto original. Algo que se descuenta de parte del bloque del Frente de Todos.

    El problema, y de allí algunas premoniciones que se esgrimen ahora mismo entre quienes miran el partido desde afuera, es que el Senado necesitará de una mayoría agravada, es decir los dos tercios de los miembros presentes, que hoy claramente no los tiene, si quiere insistir con el texto original de la reforma que recibirá media sanción pasado mañana.

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