Como "Pancho" por su casa

"Armé una cancha igual a un tablero de ajedrez para ganarle a César Colantonio"

30/5/2020 | 07:10 |

Alberto Commegna contó anécdotas de su época de jugador de bochas y árbitro de básquetbol. “Me la bancaba en la cancha y, por eso, cobré muchas veces”, admitió.

Alberto Cásar "Pancho" Commegna, un personaje de las bochas y el arbitraje. Fotos: Pablo Presti-La Nueva.

 

Por Javier Oscar Schwab / jschwab@lanueva.com

(Nota publicada en la edición impresa)

 

   Si pasás por el club Alem y preguntás por “Pancho” Commegna, seguramente la respuesta sonará repetitiva: “Es un verdadero personaje…”.

   “Pancho” es Alberto César, reconocido exárbitro de básquetbol y apasionado por las bochas, un hombre con trayectoria y dedicación, admirado y respetado.

   Hoy tiene 66 años –el 5 de agosto cumplirá uno más- y un largo recorrido de anécdotas graciosas.

   A los 8 años ya incursionaba por los rectángulos de las lisas y rayadas, y se jacta de haber tenido como “profe” a Juan Laurona.

   “Esta cancha lleva su nombre. Me enseñó todos los secretos de las bochas, a tal punto que ganaba torneos contra chicos más grandes”, recuerda Alberto.

   La vida lo ligó a otra persona querida en el club, como el reconocido Florindo Stacco, cuyos restos descansan en un sector lindante a la cancha de bochas.

   “Jugué toda la vida en Alem. Y cuando lo hice en parejas o tercetos fue junto a mi gran amigo. Una vez, Florindo tuvo un problema en el club y nos fuimos un año a Quilmes. Pero fue algo pasajero”, contó “Pancho”.

   “Gané torneos de menores, pero también en mayores. En el ’81 ascendimos a Primera junto a Barrio Hospital. Jugábamos Laurona, Stacco, Carlos Comisso y yo. Y en el ’85 gané el campeonato de terceras de primera división con Agustín Moreno y Rubén Lobono”, aseveró.

 
En categorías menores de Alem, con el "profe" Juan Laurona.

   -En tu mejor momento, junto a Florindo, te diste el gusto de enfrentar a Colantonio.

   -César y Elio Sabatini eran campeones argentinos. Venían a jugar a nuestra cancha en parejas y nosotros no podíamos perder. Entonces se me ocurrió una gran idea: a la cancha la dejé pelada, ya que por entonces era de tierra. Las medidas por eran como ahora: 3,80 por 24 metros.

   “La dividí en cuadrados de un metro, aunque uno me quedaba de 80 centímetros. Estuve toda una noche regándola y pasando el rodillo. Tenía que tener humedad para que la bocha camine”, puntualizó.

   “Con una tiza –agregó- marqué todos los cuadros para diferenciarlos como en un tablero de ajedrez. Uno era color blanco y el otro amarillo. A uno le ponía talco y al otro un polvillo que junté de una carpintería. Provenía de los pulidos que se le hacían al piso parquet. Quedó una obra de arte, jajaja”.

   -Imagino la cara del “Gringo” cuando vio esa cancha.

   -Siiii. La primera sorpresa fue cuando pasó por la puerta de la cancha de básquetbol. Con Florindo decidimos hacer un calentamiento previo, media hora antes. Estábamos corriendo cuando los vimos pasar y, al rato, asomarse para mirar. No podían creer que estuviésemos corriendo para jugar a las bochas.

    “Vestidos de blanco, en pleno verano. Seguro que habrán pensado: ‘Mirá estos locos…’”.

    -¿Y cuando vio el piso de la cancha?

    -¡La cara que tenía César...! Y Florindo, se agarraba la cabeza y decía: “Nos suspende la Asociación y la Federación”. Pero como el reglamento habla de pisos uniformes y no especifica la superficie, todo estaba permitido. Cuando empezaron a jugar, la bocha no paraba.

   “El rayero la quería marcar y no se podía, se movía. Eso los puso un poco nerviosos (risas), a tal punto que le ganamos 18 a 17. En realidad ganamos porque empleamos la picardía; de otra forma era imposible, ellos eran invencibles”, reconoció “Pancho”.

   “Cuando uno arrancaba corriendo para bochar el piso se transformaba en una cinta de una máquina de correr que se movía”, comparó.

   “César erraba bochazos, era una locura. Pero no dijo nada, no se quejó. Cuando terminó el partido –recordó- nos dieron la mano y se fueron, aunque la mirada de César lo decía todo. Como buen caballero nunca mencionó el tema, jamás se quejó”.

 
Alberto le da instrucciones a Florindo Stacco, su amigo de la vida.

   -¿Era fácil jugar con Florindo?

   -Nooo. Era muy temperamental. Si yo le arrimaba bien la bocha él te sacaba hasta un alfiler de arriba de la bocha contraria. Le pegaba a todo. Pero si yo estaba errático con el arrime, y no podía hacer lo que él me pedía, se volvía loco y perdíamos seguro.

 
El año que Florindo y "Pancho" jugaron para Quilmes.

   -Jugaste en canchas de muchos clubes que ya no existen.

   -Sí. Bochín Club, La Esperanza, Sixto Laspiur, Colón, XX de Septiembre, Trinacria, Villa Nueva, Villa Ressia… Pero la anécdota más linda la tengo en el club Liniers, que tenía una cancha abierta atrás de las actuales plateas.

   “Una de las figuras de Liniers, en Primera, era el ‘Gordo’ Julio Nelson Sí, también futbolista, quien jugaba con un hierro largo con filo en la punta para levantar los pozos, porque no se quería agachar. En medio del partido Florindo tiró un bochazo, le pegó al chico y lo sacó de la cancha. El problema es que había yuyos y era de noche. Estuvimos dos horas buscando el bochín y no lo encontramos.

   “Suspendimos el partido y volvimos al otro día. Habían estado limpiando y rastrillando por la mañana hasta que apareció. Nos quedaba jugar la otra mitad, jajaja”.

 
Recordando épocas pasadas, cuando los partidos eran a 18 tantos.

 

El referato, su otra pasión

   -También tenés una linda anécdota como árbitro de básquetbol en cancha de Pacífico.

   -Jajaja. Fue en la mitad de la cancha, a la altura de la mesa de control. Dos jugadores forcejearon por la posesión de la pelota, se generó una retención y yo pité salto. Resulta que ninguno de los dos largaba la pelota, era una cuestión de guapeza. Los dos se cayeron y seguían sin largar la pelota.

   “Yo seguía tocando pito como milico asopado y ninguno aflojaba. Entonces se acoplaron otros dos jugadores (uno de cada bando) al forcejeo; y así siguieron hasta que armaron una pila de jugadores. ¿Qué hice? Salí corriendo y me tiré encima de todos, jajaja. Los hinchas se mataban de risa…”.

   -¿Cuántos años dirigiendo básquetbol?

   -Muchos. Debuté dirigiendo en Alem en la década del ‘70. “Coco” Segú me llamó un fin de semana para cubrir un faltante en un partido de menores. Así empecé y no pude dejar.

   “Una vez me tocó dirgir con ‘Coco’ Ferrandi en un partido que faltaban árbitros. Me llamó él, y lo hicimos para hacer zafar a Alem de una posible multa”.

 
El árbitro y la pelota de básquetbol, en su querido club Alem.

   -¿Y si te nombro a Rodolfo Gómez?

   -Lo máximo, el mejor. Viajaba con él por el interior del país, dirigíamos en lugares imposibles. Una vez me dijo: “Pancho”, ésta es la caldera del diablo, es bravísimo. Y lo comprobé en carne propia.

   “En Junín barrieron el piso de la cancha con mi cuerpo. Era una final, estaba con (Néstor) De Angelis, y cobramos los dos. Me usaron de trapo de piso…, patadas, trompadas, de todo. Se suspendió y jugamos a la mañana del día siguiente, aunque yo estaba todo machucado”.

   -Eso te pasó por no doblar el brazo.

   -Exacto. La gente presionaba, pero nos manteníamos firmes. En Villa Ángela, Chaco, me pasó algo parecido en una final. La gente se metía a la cancha y nosotros no arrugábamos.

   “En un momento me dirigí al jefe de la policía y le dije: ‘Jefe, si esto no se calma agarro la planilla y nos vamos’. ¿Sabés qué me contestó? Acá no se va nadie. Vos lo que tenés que hacer es dirigir bien, entonces no va a pasar nada. Te puedo decir que el partido no terminó, jajaja.

   “Eso pasaba antes. Hoy tenés un comisionado técnico que hace todo, hay cámaras y leyes más severas. Antes se cortaba la luz y desaparecía hasta la planilla”.

   -¿Tu mejor arbitraje?

   -Todos los clásicos entre Estudiantes y Olimpo. Y me gustaban las pesadas, como ir a Ingeniero White, donde no quería ir nadie. Me acuerdo en un partido trajeron a “Tato” Medina, un juez nacional de Córdoba. Fuimos juntos, pero el tipo ni se mosqueó, estaba acostumbrado.

   “Y tengo un compañero, que era juez internacional y ya no dirige más, que para no ir a los partidos bravos mató a cuatro abuelas. Siempre se le moría la abuela, jajaja. Solía gritar bastante, pero a la hora de los bifes arrugaba”.

 
Con la barra de Alem, festejando un título de los pibes del club.

   -¿Te costaba dirigir a Alem?

   -No. Una vez me tocó dirigir y expulsar a “Coqui” Torres, el papá de Rodrigo. Me recriminaba a los gritos que cobraba en contra de Alem, hasta que lo tuve que rajar. Y también me tocó echar al padre de “Pancho” Jasen, quien jugaba para Tiro, en un partido donde se armó un gran quilombo y estaba metido el turco, que era enorme (risas).

 
En el Hotel del ACA, junto a Leandro Paladino, Lucas Victoriano y Hernán "Pancho" Jasen.

   -¿Los mejores compañeros como árbitros?

   -El “Mono” (Eduardo) Alagastino, “Cachín” (Horacio) Luque, que siempre iba al frente, el “Vicky” (Víctor) Donnet, "Lopecito" (José) López y el “Negro” (Alejandro) Ramallo. Hay muchos más, me van a matar porque  me apuraste.

 
La personalidad de Alberto. En la foto, junto al puntaltense Ricardo Heredia.

   -¿Quién te puso “Pancho”?

   -Lo heredé de mi padre (Francisco). Decían allá vienen “Pancho” y “Panchito”. Tengo anécdotas con mi papá que les cuento a mis hijos (Luis, Ricardo, Rubén y Andrea).

 
En familia, con Alicia (su esposa), Ricardo, Rubén, Andrea y Luis, sus hijos.

   -¿Volvés a las bochas?

   -Sí, con Diego (Zamponi) en tercera división. La palabra de él es sagrada, no me va a fallar.

 

El dato

   17 años: "Tenía cuando viajé a Sierras Bayas (Olavarría) para arbitrar en un torneo y rendir como juez nacional. Tuve que esperar un año. Si bien pude dirigir, no me otorgaron el título por ser menor de edad".

La frase

    En 1980, "Pancho" estaba por rendir para juez internacional en un torneo que tenía como sede La Paz (Bolivia), pero un accidente en bicicleta (lo atropellaron en la ruta, cuando iba acompañado de su tío) tronchó esa posibilidad. Igual, se destacó a nivel local y provincial: "Casi pierdo una pierna; tengo una rodilla artificial", afirmó Commegna.

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