Un paraguas estratégico  para lo que vendrá

8/2/2020 | 07:00 |

La columna semanal de Ricardo Salas, corresponsal de La Nueva. en La Plata.

Archivo La Nueva.

Por
Ricardo Salas

   Apenas superado el clima de incertidumbre para no caer en un default bonaerense, que una y otra vez sobrevoló la Provincia  durante el primer tramo del sinuoso camino de la deuda pública, se abrió un escenario de interrogantes.

   Aunque se evitó la cesación de pagos, en la sede gubernamental de calle 6 siguen advirtiendo sobre el “desorden generalizado” de las finanzas, cargando en la cuenta de la gestión de María Eugenia Vidal la responsabilidad del caso.

   “Nuestra Provincia necesita tiempo para pagar, pero para nada está afectada por esta deuda”, opinó el titular del bloque de Senadores de Juntos por el Cambio, Roberto Costa, desnaturalizando la frase “tierra arrasada” utilizada por Kicillof.

   Legisladores del massismo se encolumnaron en señal de apoyo al mandatario después de la decisión de evitar el default con recursos propios y reestructurar el resto de la deuda, cuestionando a Juntos por el Cambio por tener comportamientos irresponsables en el delicado momento que atraviesa la Provincia.

   “Es una canallada burlarse del 'no acuerdo' con los bonistas como si se tratara de una competencia política en la que el que perdió es el Gobernador”, dijeron, no sin antes indicar que para el oficialismo la “urgencia” sigue siendo la recuperación del empleo y la reactivación productiva.

   “Estamos en una situación compleja económicamente, pero el hambre no puede esperar, ni en el Conurbano ni en el interior”. remarcó en ese sentido la vicegobernadora Verónica Magario durante la entrega de tarjetas alimentarias en Tres de Febrero. 

   La decisión de evitar el default podría llegar a impactar en varios frentes que se abrirán próximamente como, por ejemplo, con la negociación paritaria salarial.

   Kicillof tendrá un acotado margen de acción en una cuestión que lo enfrentará al primer gran compromiso asumido durante la campaña: recuperar el poder adquisitivo de los trabajadores para reactivar la economía.

   La estrategia de reestructuración de deuda planteada por el mandatario fue arriesgada, y el costo político de esa determinación puede tener consecuencias sobre un escenario que se abrirá pronto con la intensa paritaria con el sindicalismo docente y los estatales.

   Botón de muestra. Tras anunciar el pago a los bonistas, Kicillof decidió postergar un aumento salarial que los docentes debían recibir este mes.

   Los recursos para honrar la deuda externa salen de la misma caja con la que la Provincia debe hacer frente a un salario “de bolsillo” que claramente perdió frente a la inflación. La postura sindical es básica y de manual: que no sean los trabajadores quienes paguen los platos rotos.

   Si bien todavia es prematuro proyectar qué pasará con el inicio escolar de clases por ahora el Ejecutivo prefirió dejar en “punto muerto” la discusión salarial hasta ver señales concretas de la Casa Rosada en la paritaria nacional que fija el piso a partir del cual después negocian las provincias.

   La pauta presupuestaria 2020 y garantizar el comienzo anual de clases son dos grandes desafíos en su horizonte político. Pero asimismo, la demora gubernamental en completar el armado de los casilleros de las “segundas y terceras líneas” provoca cierto parate administrativo en varias áreas ministeriales.

   Algo similar ocurre en una Legislatura virtualmente  paralizada. Tanto es así que en el Senado aún resta definir la mayoría de los nombramientos de gestión. Según dicen, esta situación se mantendría hasta marzo, cuando deba tratarse el Presupuesto bonaerense 2020.

   Otra cuestión que no pasó desaparercibida fue la nominación de Ricardo Alfonsín como embajador argentino en España, porque lo que en un principio fue tomado como algo previsible desde la cúpula bonaerense de la UCR, con el paso de los días se transformó en una bomba que amenaza con estallar de un momento a otro.

   Las tensiones post derrota parecen abrir una brecha cada vez más grande entre los socios de Juntos por el Cambio, sobre todo entre la UCR y el Pro. En ese contexto, la actual dirigencia radical pelea por la continuidad de la alianza que los llevó al poder en 2015, y cada gesto de rebeldía conspira contra ese deseo.

   Los boina blanca ya calientan motores pensando en una “elección interna” de las futuras autoridades que además estará atravesada por las candidaturas legislativas para 2021.

   El radicalismo pone en juego gran parte de su representación parlamentaria, y cada movimiento que haga será vital para sostener lo que tiene, y si puede, aumentarlo. En síntesis, la UCR pone en juego mucho capital político: en dos años puede ser la consolidación o el abismo. 

   Esto lo saben desde calle 6. Kicillof necesita gobernabilidad, y cada banca que pueda ganar es clave. Sobre todo en el Senado, un lugar donde corre con clara desventaja.

   Con este mar de fondo, el nombramiento de Alfonsín fue la piedra que provocó las primeras olas dentro del centenario partido. Habrá que ver hasta donde llegan.

   Otro asunto que no pasa inadvertido es la “buena onda” entre la gestión Kicillof y el jefe del Foro de Intendentes Radicales, Miguel Fernández. 

   Más aún. No pocos alcaldes boina tienen diálogo directo con ministros como Agustín Simone (Infraestructura y Servicios Públicos) y Teresa García (Gobierno). No es un dato menor .

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