¿Vuelve el pescado a cobrar importancia en el puerto de Bahía?

31/10/2020 | 06:30 |

Desde el Consorcio de Gestión se destacó la reciente llegada de ocho buques. En lo que va del año arribaron 35 pesqueros y se descargaron más de 4 mil toneladas, principalmente de calamar y langostino.

Adrián Luciani

aluciani@lanueva.com

   La llegada en lo que va del año de 35 buques pesqueros de altura, que descargaron más de 4 toneladas, principalmente de calamar y langostino, volvió a despertar el optimismo en torno al regreso efectivo de la actividad al puerto de Bahía Blanca.

   Si bien los muelles locales jamás pudieron recuperar el nivel de actividad que supieron tener décadas atrás, y aún resta mucho por hacer en tal sentido, el movimiento actual bien puede ser tenido en cuenta como una señal positiva hacia el futuro.

   Las acciones para reconquistar los “laureles perdidos” se remontan a comienzos de los ’80, cuando el por Comité de Defensa de Puerto de Bahía Blanca comenzó a reclamar ante las autoridades provinciales y nacionales un criterio de equidad para todos los puertos y que se autorizara a Bahía Blanca a operar como pesquero, con buques factoría.

   Ese grupo de acción pro Bahía –herramienta de reclamo que hace años parece haberse perdido en la ciudad a la hora de peticionar por lo que corresponde— quería que los pesqueros dejaran de operar en Ingeniero White con permisos precarios que debían renovarse anualmente ante la secretaría de Estado de Intereses Marítimos.

   Sin embargo, el reclamo no sólo no tuvo éxito, sino que desde la Nación se intimó a las pesqueras que trabajaban en los muelles bahienses a trasladarse hacia la Patagonia.

   Veteranos portuarios aún recuerdan que por entonces, mientras Ingeniero White dejó de recibir buques pesqueros por complicaciones administrativas (documentación, práctica, permisos de pesca), “Mar del Plata seguía repleta de este tipo de buques”.

   Lo que siguió fue obvio: cientos de metros cuadrados de congeladores en tiempos donde también la fruta había emprendido el éxito, sobre todo cuando en 1981 los reembolsos del 10% a los puertos patagónicos le dieron un golpe mortal.

   Desde entonces la llegada de buques pesqueros de altura tuvo vaivenes, con lógicos picos de actividad que permitieron avizorar un futuro mejor, pero también con caídas abruptas que dejaron secuelas en el plano laboral y comercial.

   Por eso, más allá del lógico optimismo reinante, el pasado local, y sobre todo el carácter imprevisible de la Argentina, hacen que la recuperación de los niveles históricos siga siendo un gran interrogante.

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   El pescado puede constituir un elemento muy importante para terminar consolidando la tan ansiada diversificación de cargas, situación que afortunadamente pudo lograrse con los químicos y petroquímicos que se ganaron un lugar junto a los cereales.

   Hasta el momento, la campaña pesquera de 2020 trajo como resultado una descarga de más de 4000 toneladas de pescado (principalmente calamar y langostino, con 35 embarcaciones de las empresas Iberconza, Argenova y Santa Cruz.

   Para dichas operaciones se contrataron un total de 3124 jornales, relacionados con la operación directa de descarga de buque, traslado por camión, acopio en frigorífico y alistamiento para nuevas salidas de los buques pesqueros.

   Una década atrás, un informe del Centro Regional de Estudios Económicos Bahía Blanca – Argentina (CREEBBA), ya había señalado si el puerto lograba recuperar el nivel que tenía la actividad en los años 1978/79, la economía local recibiría un flujo de divisas de 50 millones de pesos anuales (por entonces 1 peso era igual a 1 dólar).

   Esto sería consecuencia de las remuneraciones obtenidas por la utilización de servicios de mantenimiento y oportunidades de encadenamientos para firmas comerciales locales, que, al transformarse en proveedores de buques, podrían incrementar, en forma notable, el nivel de actividad.

   Además, la captación de buques para reparación entre mareas es la estrategia para generar descarga de mercadería exportable.

   Estos últimos días, la imagen que brindó el muelle Ministro Carranza (ex  muelle Nacional) con cientos de estibadores trabajando, pudo lograrse a partir de la llegada de ocho buques.

   Son embarcaciones de unos 40 metros de eslora que operan con el frigorífico Puerto Frío, empresa a cargo de la descarga, almacenamiento y consolidación de esta operatoria con pescado congelado.

   Desde el Consorcio de Gestión, su titular, Federico Susbielles, destacó el presente de la actividad y celebró que el ente portuario lidere el proceso de aunar voluntades para que Bahía Blanca vuelva a ser una opción como puerto pesquero.

   “Seguiremos planificando y trabajando en conjunto para alcanzar la consolidación definitiva de la actividad y sostener y aumentar las fuentes de trabajo que se generan en el sector, tanto la mano de obra directa como también la indirecta que son de un gran impacto social”.

   Desde el sector empresario, Walter Ottavianelli, presidente de Puerto Frío SA., opinó que “el Puerto de Bahía Blanca después de varias décadas, logró ser una alternativa real como puerto pesquero activo, asegurando más jornales de trabajo, más previsibilidad de la actividad y generando intenciones concretas de inversión.

   “Se logró alcanzar esta realidad después de gestiones compartidas con el equipo del Consorcio y diferentes organismos y privados involucrados. No solo se está fortaleciendo como puerto pesquero, sino que los resultados demuestran que los volúmenes de descarga también están creciendo”, expresó.

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