Otra obra que se lanzará

Muelle de elevadores: la visión futura de un puerto que tiene historia propia

28/9/2019 | 06:30 |

La transformación encarada por el CGPBB incluye mantener vivo un sector inevitablemente ligado a la vida portuaria.

Los arquitectos Fabián De la Fuente (izq.) y Enrique García Espil, en el puerto. / Fotos: Jano Rueda-La Nueva.

Guillermo D. Rueda
grueda@lanueva.com

   “Bahía Blanca tiene una memoria, en sus habitantes y en su gente, vinculada a los silos y a los depósitos que estaban en el espigón. A partir de ahí se reconstruye la idea de generar un espacio que se visite y se recorra, pero siempre manteniendo la esencia histórica”.

   Para el arquitecto Enrique García Espil, uno de los responsables del estudio que elaboró el proyecto ganador del concurso Muelle de elevadores del Puerto de Bahía Blanca, la convocatoria tendrá un punto importante, justamente donde estaban los silos.

   “Habrá un piso de vidrio para ver las fundaciones y se pondrán luces para que iluminen, hacia arriba en determinados momentos, pero que durante todo el año funcionará junto al resto de las actividades normales del paisaje increíble del lugar. Además, la gente podrá recorrer otros elementos que, a futuro, se irán sumando, como la usina impresionante que está a metros del espigón del muelle o la Casa del Espía, o Ferrowhite, o el museo náutico o naval que planea desarrollarse”, afirmó García Espil, en diálogo con La Nueva.

“Se podrán recorrer otros elementos que, a futuro, se irán sumando. La usina es un caso”, dijo García Espil.

   “De todo eso hay que ir estructurando una idea donde el puntapié es la propuesta del espigón para, básicamente, recuperar el sentido longitudinal adosándole cada tanto, desde la llegada del tren, una galería de espejos que refleje lo que está debajo; cuatro miradores en distintos sitios; un lugar que va paralelo a distintos cascos antiguos que quedan al costado y terminando en la punta del muelle que, aún, estamos redefiniendo, pero que pensamos que se levante y que, por debajo, pueda tener un bar confitería”, contó.

   García Espil, responsable del Plan Maestro de la obra Puerto Madero, la más grande del país para 170 hectáreas, y de los principales proyectos de transformación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires de los últimos 30 años, insistió en que ahora hay que pensar en una visión futura de un puerto que tiene su propia historia.

   “Por eso debemos usar la historia para potencial el lugar”, sostuvo.

   Para Fabián De la Fuente, socio de García Espil, el primer desafío a la hora de elaborar el proyecto del puerto bahiense es entender el lugar.

   “En la primera y simple visibilización aparecía como complejo, con muchas infraestructuras, yuxtaposiciones y elementos que conformaban un espacio que requería reconocer esa realidad”, dijo.

   “Los arquitectos tenemos la tendencia de agregar cosas, pero en este caso la idea fue replegarnos en cuanto a las acciones y que el protagonista sea el muelle y sus elementos”, admitió De la Fuente, egresado de la UBA y con varios premios de concursos nacionales, menciones honoríficas y en Bienales de Arquitectura CPAU-SCA.

“Queremos que el proyecto sea una intervención en una línea de tiempo”, sostuvo De la Fuente.

   “La idea es que el muelle sea un posibilitador de un recorrido y que ese recorrido nos haga reflexionar sobre los lugares que, hoy, están abandonados, pero que pasarán a ser vistos”, dijo.

   “Me refiero a cuestiones de paisajes, infraestructura, los casos de los barcos, el humedal, el registro del río que sube y que baja, un  sistema ambiental que está vivo y permanente y forma parte del patrimonio. Hay que entender, también, a la actuación arquitectónica y proyectual como una de mucho respeto con lo que existía, para que la huella del pasado quede presente y que esté con el nuevo proyecto, como una intervención en una línea de tiempo”, explicó.

   “¿Si fue un placer? Siempre hubo mesura a la hora de imponer nuestras ideas, pero fue un placer en la medida en que nos fuimos adentrando en la historia”, contó De la Fuente.

   “La dinámica de las mareas, con aguas arriba y aguas abajo, la asumimos como un valor para entender el fenómeno del muelle en quitarle la posesión exclusiva y hacer un cambio de actores, porque ya no son más los vagones con granos, sino personas caminando para apreciar el paisaje”, indicó.

   García Espil recordó que, hoy, la relación puerto-ciudad y ciudad-puerto ha cambiado en todo el mundo.

De la Fuente (izq.) y García Espil.

   “La integración de la actividad productiva y comercial de la ciudad es más estrecha y se busca también que se angosten las separaciones y se ensanchen las vinculaciones y los puentes entre el puerto y la ciudad. Pasa en todos lados”, dijo.

   “Claramente, la sociedad se acerca al agua. Eso antes no sucedía”, agregó.

   El proyecto del equipo de García Espil estará terminado antes de que finalice este año.

   “A partir de entonces todo dependerá de la administración del puerto, que se deberá encargar de la contratación de las obras y de las fechas de inicio de las diferentes etapas”, sostuvo García Espil.

   “¿En cuánto se puede hacer todo el proyecto? Estimo que en un año. Acaso antes”, indicó.

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