Unas primarias inauditas, llenas de dramatismo y despropósito

11/8/2019 | 19:19 |

La columna dominical de Eugenio Paillet, corresponsal de La Nueva. en Casa Rosada.

Archivo La Nueva.

   Una pregunta, inusitada si no se tratase el nuestro de un país inmaduro y casi impulsado alegremente a tropezar dos veces con la misma piedra, ha recorrido las últimas semanas los mentideros de la política, las redacciones, los mamotretos de observadores, consultores y analistas, y las charlas o documentos del mundo empresario. 

   ¿Por qué las PASO que se realizarán hoy son las más dramáticas de la historia desde que se creó este sistema electoral ideado por Cristina Fernández en 2009?

   ¿Cuál es la razón por las que todos esos factores coinciden en que estas primarias son casi fundacionales, un quiebre dramático en la política argentina, un antes y un después, sin exagerar, del mundo tal como se lo conoció hasta ayer? 

   Primer desconcierto: hoy no se juega nada en términos de candidaturas para competir en la primera vuelta del 27 de octubre. Salvo una treintena de casos menores de disputa por cargos legislativos o municipales en el interior del país, nadie compite contra nadie.

   Para ahondar en el concepto, según el cual en opinión de aquellos analistas esta medianoche cuando se conozcan los resultados de las urnas "todos ganarán, nadie va a perder", cabria esperar que habrá festejos para todos los gustos. Lo que agiganta el despropósito. Todas las fórmulas que se presentan a estas PASO,  las de centro derecha o las de centro, las de centro izquierda o la de la izquierda lisa y llana, "ganarán" sus respectivas elecciones y quedarán habilitados para competir en las elecciones de octubre. 

   Todas van a superar el mínimo del 1,5% de los votos que se necesitan para seguir en carrera: Macri-Pichetto (Juntos por el Cambio), Fernández-Fernández (Frente de Todos), Lavagna-Urtubey (Consenso Federal), Espert-Rosales (Unite) y Del Caño-Del Pla (FIT).

  ¿Entonces? El dramatismo que se le ha insuflado desde todos los costados a la primaria de este domingo, que las convierte en opinión de casi todos en una primera vuelta, y que el verdadero balotaje será en octubre y no en noviembre, tiene que ver con lo que está en juego. Con dos ejes fundamentales: la elección nacional y la de la provincia de Buenos Aires.

   No se podría entender de otra manera ese dramatismo sin dejar de reparar el llanto de Macri en los cierres de campaña, su emocionado abrazo con Vidal en Vicente López, y su ruego de voz quebrada a los habitantes para que no les suelten la mano y los acompañen con su voto. 

  O las insistentes apelaciones de Alberto Fernández a los votantes para que crean de verdad que él viene a cambiar la historia autoritaria y populista sin remedio de su compañera de fórmula. Su obsesiva promesa de que aprendieron la lección y que ahora será distinto. Todo lo cual quedó patentizado en la promesa de Fernández de "cuidar" a la científica Sandra Pitta, que firmó una solicitada de apoyo a Macri. Cuidarla de las tropelías de Cristina, se entendió clarito dentro y fuera del peronismo.

   Se puede concluir entonces, y hasta entender el dramatismo, que del resultado de las PASO no sólo dependerá el análisis proyectado de quién gobernará a partir del 10 de diciembre. Si Macri o Fernández, descartadas ahora mismo otras opciones. Más relevante aún, se pone en juego qué modelo de país existirá cuando uno de los dos se gane ese derecho a la reelección o a un primer mandato hasta diciembre de 2023. 

  Macri apela al ruego del voto popular para seguir cambiando la historia y no volver al pasado. Fernández reclama ese voto ciudadano para terminar con un gobierno desastroso que lo único que produjo desde 2015 fueron más pobres, mayor desempleo, picos de desinversión y la vuelta a una mala película que ya vimos como fue la firma del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

   En lo formal, todos los pronósticos anuncian generalidades. Que el Frente de Todos ganará la elección porque sacará más votos que Juntos por el Cambio. Que en Buenos Aires Axel Kicillof tendrá una cosecha mayor que Vidal y por lo tanto también será declarado ganador en los titulares del lunes. Y que en todo caso aquel dramatismo por lo que puede venir estará en las diferencias. 

   Si Fernández saca más de seis o siete puntos de ventaja a Macri, todo estaría dicho y habría que empezar a temblar por la reacción de los mercados a partir de mañana. Si la diferencia es de dos-tres puntos el macrismo "sigue vivo" y cree que ganará en octubre o noviembre gracias al "voto miedo". Y lo mismo aplica para Vidal. Aunque ella se juega todo en octubre porque no hay segunda vuelta en la provincia.

   La denuncia de probable fraude hecha por el cristinismo pareciera indicar que esta noche no aceptarán otro resultado que la victoria. Una peligrosa mecha encendida innecesariamente en medio de todo este despropósito...

Mustang Cloud - CMS para portales de noticias