Toda la belleza del camino de la costa rionegrino

Toda la belleza del camino de la costa rionegrino

9/3/2019 | 06:40 |

El inicio de este hermoso recorrido se produce en la ciudad capital de Viedma. 

   El Camino de la Costa Atlántica de Río Negro ofrece a los turistas aguas cálidas y transparentes, playas amplias y con altos acantilados, piletones naturales, circuitos históricos, avistaje de fauna, ecoturismo, gastronomía típica y una amplia oferta de alojamientos y servicios.

   Viedma y Carmen de Patagones, dos ciudades centenarias, marcan el inicio de este recorrido donde los magníficos paisajes del río Negro y varias referencias históricas asombran a los turistas.

   El ingreso al Camino de la Costa, que es la ruta provincial número uno, que bordea los acantilados paralelos al acéano Atlántico a lo largo de 180 kilómetros, se produce en Viedma, desde donde hay que recorrer 30 kilómetros para llegar a la villa marítima El Cóndor.

   Colonia de loros

   El Cóndor se desarrolla a lo largo de 13 kilómetros de acantilados donde se destaca la reserva natural de loros barranqueros más grande del mundo y donde habitan golondrinas, halcones peregrinos y otras aves.

   El secretario de Turismo de Río Negro, Daniel García, señaló que “los deportes en estas playas se combinan con el ecoturismo y turismo de aventura para brindar las más amplias posibilidades para los turistas”.

   El recorrido continúa en la Bajada del Espigón y Playa Bonita, que ofrecen una tranquilidad paradisíaca y vistas increíbles del océano Atlántico.

   La Lobería, un balneario de pequeñas playas enmarcadas por enormes acantilados que durante la bajamar se llena de piletones naturales, y Punta Bermeja, una reserva faunística creada para proteger a lobos marinos de un pelo, completan los atractivos de esta parte del recorrido.

   Pocos meses atrás se han ubicado dos nuevos miradores, en cercanía del tradicional, donde la colonia de lobos puede divisarse desde otras perspectivas.

   Se trata de un paseo que demanda alrededor de 40 minutos (unos mil metros) ideales para observar el panorama en las alturas y desde un lugar mucho más atractivo e interesante.

   En el punto de partida (una siuerte de museo, con la presencia de personal especializado que explica las características del lugar) se brinda folletería y hasta prismáticos para que se puede observar mejor el comportamiento de los lobos marinos en todo su esplendor.

   La continuidad del recorrido, que ahora se hace por un camino de tierra y arena, deposita a los turistas en Bahía Rosas, una playa de gran profundidad con mareas muy altas que la transforman en uno de los pocos lugares de la costa atlántica donde se pueden pescar tiburones sin necesidad de embarcarse.

   Acantilados y médanos

   Bahía Creeck, a 135 kilómetros de Viedma, en la costa norte del Golfo San Matías, es otro de los atractivos de esta ruta por sus acantilados bajos con médanos y amplias playas de arena fina y blanca.

   El camino continúa hacia el puerto de San Antonio Este, pero antes se llega a Caleta de los Loros y Pozo Salado.

   Estas playas están protegidas por acantilados bañados por aguas muy claras y poco profundas.

   La secretaria de Turismo de Las Grutas, San Antonio Oeste y Este, Nadina Gutiérrez, manifestó que “este es un lugar imperdible para disfrutar de sus playas y avistaje de fauna autóctona, donde sobresalen cisnes de cuello negro, pulpitos y flamencos rosados”.

   El final del Camino de la Costa permite encontrar a las playas del Puerto San Antonio Este, donde extensas zonas blancas debido a la gran cantidad de caracolas, dunas doradas y un mar azul intenso caracterizan el paisaje.

   Los turistas que realizaron este recorrido tienen un premio al reingresar a la ruta nacional 3, donde aparecen las villas turísticas Las Grutas y Playas Doradas.

   Las Grutas se caracteriza por sus aguas cálidas y traslúcidas y sus maravillosas extensiones de arena con acantilados que generan un reparo único para el viento.
Playas Doradas, con sus amplias playas de arenas finas y blancas, sus aguas cálidas y transparentes, la pingüinera más septentrional del mundo y zonas que combinan sierras y mar, completa los atractivos del recorrido costero.

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