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Propuesta fallida sobre las tierras ferroviarias

Los proyectos para recuperar y aprovechar una importante cantidad de hectáreas ociosas no son solo de estos tiempos, sino que vienen desde muy larga data. Mario Minervino / mminervino@lanueva.com
A la izquierda, vista de las vías desde el Puente Colón hacia el Mercado Victoria. A la derecha, un proyecto que no fue.

En 1949 llegó a Bahía Blanca el entonces flamante ministro de Transporte de la Nación, teniente coronel Juan Francisco Castro. Traía en sus manos los planos, memoria y maqueta de un ambicioso proyecto de remodelación ferroviaria y urbanística para nuestra ciudad, desarrollado por el arquitecto cordobés Miguel Conrado Roca y el chileno Enrique Gebhard.

La iniciativa incluía dos propuestas bien diferenciadas: por un lado, una intervención sobre los distintos rieles existentes --muchos de ellos desactivados--, eliminando vías "superfluas", rectificando trazados que complicaban el tránsito y liberando tierras "inservibles o inútiles" a las cuales se buscaba reutilizar para centros de trabajo, vivienda e incluso de esparcimiento.

La idea era que, quitando vías y suprimiendo estaciones que estaban desactivadas, la ciudad podría sumar 2 mil hectáreas de tierra ociosa.

La propuesta era eliminar toda la barrera del sector Este que formaban las instalaciones ferroviarias "impidiendo la circulación y el desarrollo", trasladar el movimiento ferroviario al sector del ferrocarril Bahía Blanca al Noroeste --sobre calle Sixto Laspiur al 300-- y, finalmente, construir dos grandes complejos edilicios.

Se trataba de una estación central --en coincidencia con la línea a Neuquén, con eje en la avenida Colón-- como parte de una urbanización que reunía un hotel ferroviario, una unidad vecinal para 800 familias, un estadio cubierto, parques infantiles, teatro al aire libre, mercados, cooperativas, escuelas, iglesia y áreas deportivas.

Ese conjunto de obras fue resuelto con una arquitectura de líneas modernas y futuristas, consecuencia de la fuerte relación entre Gebhard --autor de los diseños-- y el arquitecto suizo Le Corbusier --uno de los grandes maestros de la arquitectura moderna-- y el haber compartido un tiempo de trabajo con Oscar Niemeyer, creador de los emblemáticos edificios de Brasilia, la capital de Brasil.

Mini Brasilia

El complejo de Loma Paraguaya disponía de diseños arquitectónicos singulares. La estación central contaba con seis arcos de hormigón, apuntados, los cuales sostenían los cables de acero para soportan una cubierta plana sobre los andenes.

El propio Le Corbusier había ensayado una propuesta similar para Rusia y el diseño recuerda las impactantes formas que por aquellos tiempos practicaba el arquitecto español Santiago Calatrava.

Los bloques de viviendas --ocho edificios de diez pisos ubicados en una supermanzana-- son volúmenes de frente vidriado, idénticos a los que Niemeyer diseñaría para los ministerios y espacios residenciales de la capital brasileña.

Estructuras despegadas del piso mediante pilotes --de modo de generar parques en su planta baja--, de una altura a escala humana, y con apoyo de servicios --escuela, mercado, cine-- que permita su propio abastecimiento formaban parte de la iniciativa.

El estadio es un espacio multiuso, con una cubierta sostenida con vigas de hormigón. Se sucede luego una serie de rampas y pasarelas que terminaban de armar esta mini ciudad a escala barrial.

La propuesta de remodelación tuvo repercusión internacional, publicada por "L'Architecturec d'Aujourd'hui" (La Arquitectura de Hoy), publicación francesa de relevancia mundial, en el año 1951. Algunos edificios similares a los propuestos fueron construido años más tarde por Gebhard en Chile, aunque con otros usos.

Una ciudad históricamente negada

Anuncio. La propuesta de remodelación ferroviaria de los arquitectos Enrique Gebhard y Miguel Roca jamás fue realmente considerada por el Estado Municipal y apenas superó la calidad de anuncio.

Favorable. Pero su diagnóstico y resolución eran tan adecuados que estudios efectuados con posterioridad dejaron en claro que su materialización hubiese sido notablemente favorable para el desarrollo de nuestra ciudad y hubiese permitido recuperar tierras que todavía hoy --70 años después-- continúan ociosas y desaprovechadas.

Imaginación. Bahía Blanca, esto se debe aclarar, ha sido históricamente negada a las propuestas de este tipo, como si no se permitiera pensar un poco más allá de ciertos límites, como si el cinturón que conforman las vías ferroviarias también afectara en buena medida a su imaginación.