Bahía Blanca | Sabado, 04 de abril

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Un día para la memoria

Escribe Rogelio López Guillemain

Este 24 de marzo se cumplen 40 años desde que se produjo el último golpe militar en la Argentina, hecho lamentable que destituyó a un gobierno también lamentable.

En primer lugar, hay que decir que el problema de la guerrilla no comienza ese 24 de marzo. Luego de algunas acciones militares revolucionarias aisladas en el norte de nuestro país (aún durante los gobiernos constitucionales de Frondizi e Illia), llega a Cuba (1966) el primer contingente de argentinos que recibirá entrenamiento subversivo. En los años siguientes, las fuerzas subversivas se fueron combinando y unificando hasta consolidar dos facciones principales, el ERP (ejército revolucionario del pueblo), de estirpe comunista y Montoneros, principalmente peronista.

Por otra parte, los repetidos fracasos en los intentos de guerrilla rural, llevaron a los cabecillas revolucionarios a trasladar el escenario de los combates a las ciudades. Las fuerzas subversivas tenían una organización militar; había escalafones, planes de acción, batallones, pelotones, reglamentos, tribunales y juicios sumarios. Poseían un área de propaganda, una de reclutamiento, un ala política, fábricas de armamento y cárceles llamadas “del pueblo”.

Por su parte, los sucesivos gobiernos fueron cambiando su forma de combatirlos. Primero con las fuerzas policiales, luego se sumó gendarmería y finalmente las fuerzas armadas en su conjunto.

En 1971 se crea la Cámara Federal en lo Penal (CAFEPE), área del poder judicial dedicada exclusivamente a los delitos subversivos, delitos deficientemente contemplados en el Código Penal. En ella, hasta el momento de su disolución, se juzgaron (con todas las garantías jurídicas) y condenaron a prisión unos 600 guerrilleros, se absolvieron otros tantos y estaban siendo procesados otros 500 sospechosos más.

En 1973 es elegido presidente Cámpora y su primera medida de gobierno fue liberar los presos y procesados de la CAFAPE; luego disolvió la Cámara Federal y anuló las leyes que castigaban con pena de prisión perpetua a quien asesinara un policía o un militar. Los integrantes de esta Cámara sufrieron suertes diversas, unos exiliados, otros padecieron atentados y el juez Jorge Vicente Quiroga fue asesinado.

Ese mismo año, con la llegada de Perón a la Argentina, se produce la Masacre de Ezeiza a manos de los montoneros. Luego del aplastante triunfo de Perón en las elecciones presidenciales, se crea la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), entidad parapolicial comandada por Lopez Rega, mano derecha del presidente. Tras la muerte de Perón asume la presidencia “Isabelita”. En 1975 establece el estado de sitio y ordena «aniquilar el accionar de elementos subversivos que actúan en la provincia de Tucumán». Finalmente, en 1976 se produce el último golpe militar de nuestra historia. Lo cierto, es que hasta entonces, luego de más de 15 años de enfrentamientos, el número oficial de desaparecidos (Conadep) era de 908 personas. Es importante señalar que el número total de desaparecidos, según el último informe oficial la lista de desaparecidos del 2008, asciende a unos 7.000.

¿Fue o una guerra lo que aconteció en Argentina? Se enfrentaron dos ejércitos, el estatal y el guerrillero; este último tenía una organización reglamentaria, logística y de escalafón propia de un ejército, incluso ellos mismos se definían como tal.

¿Variaron las tácticas de combate de ambas fuerzas a lo largo del conflicto? Sí. La guerrilla dejó el inefectivo foquismo rural y eligió como campo de batalla las ciudades. Este cambio buscaba sumar adeptos entre los obreros y estudiantes y “camuflarse” entre la multitud, con el implícito riesgo para la población en general. La represión comenzó con las fuerzas policiales y a medida que los atentados aumentaban en cantidad e importancia, la gendarmería y luego el grueso de las fuerzas armadas se ocuparon de la lucha. En un principio se los combatió en forma anárquica, luego se creó un órgano judicial especial (que fue destruido por Cámpora) y finalmente se instaló la figura del desaparecido, con la que se ocultaban los muertos.

¿Ambas fuerzas cometieron delitos de lesa humanidad? Sí, ambas fuerzas los cometieron, pero no son comparables. Las fuerzas armadas combatieron contra un “enemigo interior” (como dice la Constitución) e cumpliendo con el mandato de la entonces presidente viuda de Perón. Existieron militares que cometieron esos delitos y deben ser juzgados. Las guerrillas en su esencia son de lesa humanidad. No hay ninguna razón que justifique el querer imponer la razón por la fuerza y menos aún durante gobiernos democráticos.

¿Qué queda de todo esto 40 años después? Hoy la imagen que se transmite es de “los militares” diabólicos y del otro lado “los jóvenes idealistas”. Y en realidad no es ni una cosa ni la otra. A pesar de ser políticamente incorrecto, creo que debemos reconocer que gracias a las fuerzas armadas (a pesar de lo nefasto de las desapariciones y los abusos), no vivimos más la pesadilla de la guerrilla, que nos aterrorizó colocando 5.052 bombas, realizando 1.748 secuestros y asesinando a 1.501 personas (civiles, militares y policías). Las fuerzas armadas como institución deben ser salvaguardadas (como se hace en todo el mundo) y se debe condenar con todo el peso de la ley, a aquellos militares que cometieron delitos. Por su parte, los guerrilleros no eran “nenes buenos”; secuestraban, torturaban y mataban, incluso hay muchos niños y adolescentes asesinados por los subversivos. Esto no debería quedar impune.

Pero sobre todo, creo que debemos dar vuelta la hoja y seguir adelante. Países que han estado en guerra como Estados Unidos y Japón, a los pocos años ya eran socios; Chile y Uruguay ya superaron hace años ese lastre de su historia; es tiempo que la Argentina entre al siglo XXI y deje atrás este doloroso pasado.