"Para prevenir las alergias es importante saber qué es lo que está en la atmósfera"
--¿De qué se trata, en concreto, la aerobiología?
--Como disciplina es aquella parte de la biología que se encarga de estudiar los organismos vivos que son transportados y dispersados en la atmósfera y todos los parámetros que están involucrados en ese proceso, como su diversidad y las concentraciones que se dan en diferentes épocas del año. Este estudio es importante desde distintos aspectos. Por un lado tenemos la salud, que es lo más palpable para la gente y lo que uno siempre tiende a valorar. Estos datos van en beneficio de la prevención para las personas que sufren de alergias. Por otro lado está la morfología polínica como ciencia de estudio, lo que permite reconocer los granos de polen e individualizar especies y familias según la composición de la flora local.
--¿Cómo se da este proceso, por ejemplo a nivel local?
--En el caso de Bahía tenemos muchísima flora urbana, entre árboles cultivados y gramíneas y quenopodiáceas, que son las familias de plantas más comunes en lo que es la flora espontánea de la ciudad. Los granos de polen que se encuentran en esas plantas, que son particularmente alergenas, se emiten a la atmósfera porque precisan de la dispersión, a través del viento, para impactar en el gineceo de la flor. Pero ocurre que muchas veces, en lugar de eso, ingresan en la mucosa de las personas y ahí es donde el proceso biológico pasa a tener importancia desde un punto de vista sanitario.
--¿Este es el motivo principal por el cual surgió la idea de difundir los datos aerobiológicos en la web?
–Sí. Siempre tuvimos la idea de difundir la información a la comunidad, porque veíamos que esta temática tiene mucha importancia para la gente, en especial para aquellos que sufren de alergias, con todo lo que eso implica en problemas de congestión nasal, irritación en los ojos o dificultad respiratoria. Sumado a esto, en 2011 pudimos adquirir en Italia un equipo de primer nivel, una estación aerobiológica que se encuentra en la terraza de la Casa de la Cultura de la UNS, que nos permite analizar en forma continua las muestras de polen en suspensión. Es como una bomba de succión que impacta sobre una cinta dispuesta sobre un reloj mecánico que gira, tomando muestras a cada hora que se miden en granos por metro cúbico de aire, que luego se observan en el microscopio para ver las variaciones. Esa información se retira una vez por semana, se hace una lectura detallada y luego se vuelca en la página (www.aerobiologia.com.ar) donde, además, figuran los datos individuales de cada tipo de polen, para que la gente pueda identificarlos mejor y saber, eventualmente, cuál le afecta.
--¿Hubo una buena repercusión con los vecinos?
--Muy buena. Recibimos muchísimas consultas y realmente hubo un momento en que casi nos superó la repercusión que tuvo. Por eso también abrimos una página en Facebook (www.facebook.com/polenbahia), donde la gente también puede escribirnos por consultas o enterarse cómo están los niveles de polen en el aire de la ciudad.
--¿Qué diferencias encuentran, según la hora y la época del año?
--El polen no se libera a tasa constante durante todo el día, sino que tiene un pico diario, según la familia o la especie. Lógicamente hay factores ambientales que influyen en eso, como puede ser la humedad que, al disminuir, predispone a la liberación. En el caso de las gramíneas, por ejemplo, suelen hacer la antesis –es decir, sacar las anteras de la inflorescencia– en un momento particular del día, alrededor de las 7 de la mañana. Ahora bien, respecto a las variaciones a lo largo del año, la mayor presencia de polen se da principalmente entre los meses de noviembre a marzo, con picos según la especie, aunque también hay árboles, como los cipreses, que emiten el polen en agosto, o los fresnos, que lo hacen durante septiembre. Se da toda una secuencia de floraciones.
--¿Cómo influye la característica presencia del viento en la ciudad?
--Es algo que trabajé mucho en mi tesis. Los resultados, incluso a nivel matemático, mostraron que los únicos aires que limpian y favorecen la atmósfera de Bahía son los que provienen desde el sur y el sudeste, que siempre logran diminuir todos los tipos polínicos. Claramente los vientos del norte y noroeste, que son los predominantes, traen gramíneas y quenopodiáceas, sobre todo de la zona del salitral. Esto hace que la prevalencia de enfermedades alérgicas siempre sea importante en la ciudad.
--Con la información disponible, es posible confeccionar un cronograma preventivo de alergias.
--Sí, aunque no son datos que puedan generalizarse, porque todo depende de la predisposición genética, de las condiciones ambientales y de la cantidad de alergenos presentes en el aire. Por lo general, lo que más afecta a la población suelen ser las herbáceas porque tienen una floración más prolongada. El que sufre con las arbóreas, sabe que tiene que tolerar dos o tres semanas y que después los síntomas se van. Pero aquel que tiene alergia a las gramíneas, debe tolerar la época que va de octubre hasta abril inclusive. Por eso, para prevenir las alergias, es importante saber qué es lo que está en la atmósfera.
--¿Hay algún tipo de trabajo o investigación en común con la gente de Ciencias de la Salud?
--Empezamos a trabajar en este tema antes de que se creara el departamento de Medicina. De hecho, tenemos una base de datos aerobiológicos desde 1994. Eso hizo que, desde el principio, tuviéramos algunas líneas de trabajo en común con la gente de Epidemiología Ambiental de la municipalidad. Siempre estamos en contacto con el doctor Carlos Carignano y algo que conversamos con él es que, en los últimos tiempos, la gente percibe las alergias como más duraderas en el tiempo y dicen que hay una continuidad en los síntomas. Esto se corresponde con la tendencia mundial de que las alergias están en aumento.
--¿Este incremento es lo que la llevó a especializarse en el tema?
--Creo que se dio por una cuestión de oportunidades. Había cursado con Carlos Villamil, que me invitó a trabajar en su laboratorio y ahí surgió la chance de hacer una lectura de muestras de polen para una compañía farmacéutica. Así fue como empecé a interiorizarme sobre la aerobiología y, ese mismo año, conseguí una beca para ir a Italia. Fue ahí donde descubrí que no se trataba únicamente de un tema técnico, sino que había todo un estudio sobre las fuentes de origen, las condiciones para la dispersión, las características de la producción polínica, las modificaciones según el entorno y las variables meteorológicas, entre otras cuestiones. A medida que pasaron los años, encontré otros temas para seguir adelante. La aerobiología no es algo que se termine en esas lecturas de datos. Nosotros, por ejemplo, ahora estudiamos los olivares en Coronel Dorrego para anticipar su productividad, a través de un análisis del polen. Este es un tema con mucho potencial para trabajar interdisciplinariamente. Tengo la esperanza de que, si se logra la creación del InBioSur (Instituto de Ciencias Biológicas del Sur) en el Conicet, podamos avanzar con las investigaciones mucho más.
Una pregunta aparte
--¿Cómo pueden ayudar aerobiologia.com.ar y facebook.com/polenbahia a quienes hoy padecen de alergias ocasionales o recurrentes?
--Si una persona sabe a qué le tiene alergia, lo cual es importantísimo, la información que puede encontrar en las dos páginas le puede resultar útil para consultar al médico a tiempo y evitarse todos los síntomas molestos que trae una alergia. Por ejemplo, si siempre tiene problemas en febrero y, a través de la página, conoce cuál es la dispersión de polen correspondiente a esa época en particular, puede utilizar esa información para hablar con su especialista y tener una mejor calidad de vida. Eso es a lo que apuntamos.
--Con ese mismo propósito, ¿qué debe esperarse para lo que resta de marzo?
–Todavía quedan varias quenopodiáceas en flor, sobre todo el cardo ruso o la morenita, que se encuentran en los baldíos que hay en los alrededores y también en los barrios periféricos de la ciudad. Estas dos especies producen mucho polen que se libera a la atmósfera. Y si bien la floración está desde enero, va a continuar hasta fin de mes, aunque en niveles moderados. Ya a partir de abril, los niveles van a caer rápidamente.
Protagonista
María Gabriela Murray tiene 40 años. Nació en Mar del Plata, aunque pasó toda su infancia en Necochea y llegó a Bahía Blanca con su familia a los 12, antes de comenzar el secundario. Hoy vive en el centro de la ciudad con su marido Ramiro, con quien está casada desde hace 9 años, y sus hijos Santino (7) y Stefano (4).
Egresada de la UNS en 1999 con el título de licenciada en Ciencias Biológicas, completó en 2007 su doctorado en Biología. Obtuvo, además, becas para estudiar en Monte Cimone (Italia) y la Universidad de Córdoba (España), donde se especializó en Aerobiología.
Es profesora adjunta de la materia Diversidad de Plantas Vasculares, del departamento de Biología, Bioquímica y Farmacia de la UNS, e investigadora asistente en el Conicet.
Una de sus actividades recreativas es caminar por las áreas verdes, como el Parque de Mayo, la avenida Sarmiento o el barrio Patagonia. Otra que destaca es la lectura de ficción. “Ahora estoy con Juego de tronos, de George R. R. Martin, que me distrae de todo lo demás”, cuenta.