Las historias de Fidel Rosell, 64 años después
A punto de cumplir 93 años y después de 64 años de prestar servicios en el hospital y maternidad local, el doctor Fidel Rosell se acogió a un merecido descanso y este viernes fue despedido en una cálida ceremonia que se realizó en el hall de entrada del hospital Adolfo Ducós, donde el querido profesional pasó muchos días de su vida.
En el acto que contó con la presencia de familiares, autoridades médicas y municipales, además de muchos de los que fueron compañeros de trabajo del médico, el principal orador fue el doctor René Gazagne, quien destacó que el homenajeado era un decano de la actividad en el distrito de Saavedra y que lo consideraba no sólo un colega, sino también un amigo y maestro.
"No vengo a despedir al doctor Rosell, vengo a sumarme modestamente a este reconocimiento y homenaje a una trayectoria médica que es probablemente, sino única, no común en Argentina y en varios países del mundo, porque casi a los 93 años de fructífera y ejemplar vida, hacer lo que hacía Rosell hasta hace pocos días es en sí mismo un hecho extraordinario que debe llenarnos de orgullo, no sólo a los médicos pigüenses sino a la medicina argentina", afirmó Gazagne.
En el mismo tono recordó que, en 1949, Rosell vino a reemplazar al doctor Luis Gardes por un viaje, y ya no se fue más.
También que, junto a otro prestigioso médico como el doctor Adolfo Ducós, marcaron un antes y después en la medicina local y que respondió generosamente a cualquier inquietud de sus colegas, siempre con serenidad y aplomo.
Asimismo, remarcó que fue hasta hace muy poco un brillante cirujano con un manejo de la técnica quirúrgica propia de un dotado.
"Tuvo, y tiene, una ejemplar y rara virtud en una profesión individualista, producto de una grave falta de formación en los médicos, no retaceando nunca su ayuda y consejo a la hora de la verdad, cuando se lo convocaba para participar en algún acto médico, haciendo a veces de segundo ayudante, sin sentir ni expresar lo que para otros espíritus mezquinos y mediocres, podían ser interpretados como un menoscabo de su jerarquía médica", señaló Gazagne.
Si bien dijo que Rosell fue uno de los médicos que realizó la primera cesárea abdominal y la primera transfusión de sangre entre otros hitos, consideró conveniente referirse fundamentalmente al aspecto ético y moral, que dijo, fueron cualidades rectoras en su vida profesional y privada y que era un ejemplo para las nuevas generaciones, así como destacó el apoyo de su esposa Ana Massini.
También habló el secretario de Salud, doctor Aldo Díaz, quien destacó que no era un acto de despedida, sino uno de homenaje y agradecimiento por los 64 años de labor en la salud pública del distrito de Saavedra, y que el hospital fue y seguirá siendo su casa.
"Doctor Rosell, usted a ha dedicado su existencia a salvar vidas, a restañar heridas, y lo mejor de todo es que ha dejado un buen recuerdo entre todos lo que lo conocen. Su personalidad y su estampa lo han distinguido. Buen cirujano, medido en sus expresiones y con la cualidad de hablar después de haber escuchado atentamente lo que otros quieren decir. Gracias por ejercer una profesión que trata de aliviar el dolor, de prolongar la vida y que acompaña a los pacientes que sufren o mueren, hermanos nuestros creados por Dios a su imagen y semejanza. Gracias doctor porque usted nos marca un camino y nos enaltece y enorgullece como médicos", dijo Díaz.
También habló la presidenta del Concejo, Andrea Camandona, quien señaló que transmitía las salutaciones del intendente Hugo Corvatta (ausente por razones de agenda), y señaló que consideraba que el homenajeado era un ejemplo de vida, alabó la generosidad de Rosell en todos los actos de su vida y que, en nombre de toda la comunidad, le agradecía su aporte como profesional y por ser un ejemplo de vida.
"Cuando llegué encontré a un pueblo de gente muy amable"
Luego de que se le hiciera entrega de un presente por parte del director del hospital, doctor Oscar Gómez y de la concejal Marilí Tamagno, quien es enfermera en el hospital, Rosell agradeció las innumerables muestras de afecto recibidas en los últimos días lo cual, dijo, lo embargaba de emoción.
"Cuando llegué a Pigüé encontré un pueblo de gente muy amable, a tal punto que, a los pocos meses, éramos todos amigos, o por lo menos conocidos", contó.
"Me llamó la atención la cantidad de molinos que había en las viviendas para sacar agua, el escaso tránsito de automóviles, tal vez por la posguerra. En el hospital encontré cosas muy útiles, pero algunas había que acomodarlas o crearlas, porque la ciencia avanzaba y Pigüé absorbía eso", dijo Rosell.
El facultativo recordó que entonces eran sólo cinco médicos para toda la población, lo cual los obligaba a estar permanentemente de guardia en una época con muchas dificultades en la comunicación y con caminos difíciles de transitar, sobre todo cuando llovía.
En 1957 en forma mancomunada con los doctores Alberto Elgue, Enrique Meiller y un bioquímico, crearon el primer banco de sangre y que, en esa época, llegó el primer especialista, Francisco Gargiulo.
Así fue detallando otros logros y avances médicos en años sucesivos, como el servicio de Rayos X y la incorporación de elementos como el electro bisturí.
También citó que, en 1987, fue elegido como director del hospital, cargo que ejerció durante 17 años.
Asimismo, tuvo palabras elogiosas para la Sociedad de Beneficencia local que fue, durante muchos años, la entidad responsable de hacerse cargo de la atención de la salud del distrito y que, muchas veces, estuvieron en dificultades para abonar los salarios, hasta que se municipalizó.
"Siempre se fueron agregando aparatología y progreso, a tal punto de que hoy tenemos este magnífico edificio que nos hace sentir orgullosos", dijo Rosell.
Por último, Rosell agradeció a sus colegas, personal de enfermeras, mucamas, administrativas, maestranzas y religiosas que pasaron por el hospital, y que quería tener presente a su mamá por el apoyo que recibió de ella, a su esposa, más conocida como Beba por su acción, idoneidad y cariño, con no pocas muestras de sacrificio por ser la esposa de un médico, así como a sus dos hijos, nietos y bisnieta.
"Eso me enorgullece, me satisface. Yo les digo a ustedes muchas, pero muchas gracias y adiós", culminó el médico. Y se fue despedido con calurosos aplausos.
Curso para enfermeras
Fidel Rosell, junto al doctor Enrique Meiller, en 1949 lograron armar con varios elementos dispersos, un equipo para realizar transfusiones de sangre. En el mismo año, con el doctor Luis Gardes y la hermana Cecilia, una religiosa muy amiga de las médicas, impulsaron el primer curso para que se perfeccionaran las veinte enfermeras que había en el hospital, sentando las bases para la primera escuela de enfermería que funcionó durante 35 años.