Bahía Blanca | Jueves, 02 de abril

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Una historia a orillas del río

La historia de Pedro Luro comienza con nuestros aborígenes, los tehuelches, que eligieron estos lugares para vivir por la abundante caza, leña y, fundamentalmente, por el agua del Colorado. Luego continúa con don Francisco de Viedma, jefe del fuerte de Patagones y el piloto Basilio Villarino que fueron enviados por el virrey Juan José de Vértiz y Salcedo para impedir que el imperio inglés se apoderara de la Patagonia.






 La historia de Pedro Luro comienza con nuestros aborígenes, los tehuelches, que eligieron estos lugares para vivir por la abundante caza, leña y, fundamentalmente, por el agua del Colorado. Luego continúa con don Francisco de Viedma, jefe del fuerte de Patagones y el piloto Basilio Villarino que fueron enviados por el virrey Juan José de Vértiz y Salcedo para impedir que el imperio inglés se apoderara de la Patagonia.


 Villarino exploró el Colorado y aconsejó a Viedma construir un fuerte en proximidades de lo que es hoy Fortín Mercedes. Le decía que el agua no era tan buena como la del Río Negro, pero que sus tierras eran mucho mejores para los cultivos.


 Para combatir a los mapuches, sobre 1830 llega a la región Juan Manuel de Rosas quien, el 12 de mayo de 1833 a 30 kilómetros de esta ciudad, fundó el Fortín Colorado, desde donde dirigió toda la campaña militar. "El Colorado es hermoso y sus tierras muy buenas para la ganadería y la agricultura", decía Rosas.


 En 1858 el Fortín Colorado debió ser trasladado, por causa de una inundación, hasta el lugar donde hoy se encuentra Fortín Mercedes. Dos años después, en 1860, don José Arnold y su amigo Pedro Luro inician la aventura colonizadora: primero en la Isla Verde y luego en las márgenes del río. Los campos se van poblando de colonos y de haciendas.


 Pero los malones continuaban sembrando muerte y desolación; por eso, en 1879 se realizó la Segunda Campaña al Desierto --comandada por el general Julio A. Roca--, con la idea de "convertir estas tierras en emporios de riqueza y en pueblos florecientes".


 En 1883 se instaló en Fortín Mercedes el telégrafo y luego el correo. Y llegaron los misioneros salesianos con el Evangelio y la educación. En 1895 el padre Pedro Bonacina, fundó el primer colegio entre Bahía Blanca y Carmen de Patagones. En ese lugar no solamente se educaba, sino que también hacía las veces de hospital, hogar de huérfanos y ancianos, y centro de reunión de los habitantes de la zona.


 En 1912, el ingeniero don José Urgoiti le comentó a don Carlos Luro que "era criminal tirar tanta agua del Colorado al mar y no usarla para regar los campos"; por ello, Luro le encargó un proyecto de riego en la estancia La Elena, que desde ese momento contó con canales abiertos a fuerza de pala.


 Ese año llegó el ferrocarril, con la posibilidad del transporte de pasajeros y también ganado en pie, lanas, cueros, trigo o leña, entre otras cosas. Además, los hermanos Adolfo y Rufino Luro donaron los terrenos para levantar la estación y un pueblo que llevaría el nombre de su padre: Pedro Luro.


 El 20 de noviembre de 1913 el Ejecutivo provincial aprobó los planos y se toma esa fecha como la de fundación de la localidad. Dos años después se realizó la primera cosecha bajo riego: 170 mil kilos de semilla de alfalfa y una inmensa cantidad de fardos de pasto.


 A partir de allí continuó el desarrollo del riego y de la zona. Comenzaron a llegar personas de los más diversos lugares y orígenes: vascos, franceses, españoles, italianos, húngaros, alemanes del Volga, checoslovacos, sirios y libaneses buscando un porvenir para ellos y para sus hijos.

La última gran inundación del río Colorado en Luro

David Roldán droldan@lanueva.com








 La inundación de 1982/83 no sólo fue una de las más grandes en muchas décadas, sino la última.


 Fue producto de una densa concentración de la nieve en las nacientes del río Colorado que se transformaron en caudales voluminosos.


 No había, por entonces, nada que pudiera contener a esa masa que buscaba el océano Atlántico, al punto tal que muchos sectores ribereños se vieron anegados por las aguas.


 Y, obvio, Pedro Luro formó parte de la geografía agredida por un deshielo indetenible.


 Los sectores marginales con el cauce fueron los más comprometidos, aunque el intenso trabajo de construcción de terraplenes hizo que los daños no fueran mayores.


 Desde 1989 en adelante todos los riesgos se atenuaron, tras la habilitación del dique Casa de Piedra, encargado de regular el río, y si hubo alguna creciente importante, siempre quedó detrás de la presa, contribuyendo a la formación de reservas que pudiesen utilizarse en períodos secos como el que se ha venido dando en los últimos años.


 Hoy, desde ahí en adelante, el río Colorado ya no tiene ese color, y sus aguas escurren mansamente en busca del mar.


 Nadie alcanza a sospechar que se vuelva a hablar de inundación, se piense en construir terraplenes o se hable de riesgos. El hombre tiró de las riendas y logró sujetar a una Naturaleza cargada de bríos y, por momentos, incontrolable.


 Todo pasó a ser historia. Como aquella inundación de fines del 82 y comienzos del 83, que escribió un capítulo más en la vida de Pedro Luro...

Perfil de un pionero






 Don Pedro Luro nació el 10 de marzo de 1820 en Saint Just Ibarre y murió en Cannes el 28 de febrero de 1890. En Argentina, el río Colorado le ofrecía las riquezas de la tierra, y él las supo aprovechar. Incluso, la gente decía que donde estuviera Luro no faltaba trabajo. Recomendaba "ayudar al fuerte, alentar al débil y regenerar al vicioso".