México: Chávez es piantavotos
México tendrá elecciones presidenciales el próximo 1 de julio. Las encuestas sugieren mayoritariamente que el PAN, después de dos períodos en el poder, cederá el paso al viejo PRI que, liderado por Enrique Peña Nieto, está, entonces, a punto de recuperarlo. Regresaría así al poder que tuviera firmemente en sus manos por espacio de 71 años, hasta el 2000.
El veterano líder de la izquierda azteca, Andrés Manuel López Obrador, del PRD, aparece ahora segundo en las encuestas y está en curso de ascenso. Pero para que nadie se equivoque esta vez, López Obrador se está "desmarcando", constante y públicamente --a cada paso-- de Hugo Chávez, con quien no quiere en modo alguno ser identificado. Porque sabe que lo perjudicaría, atento a que el patológico caribeño tiene una malísima imagen en todo México.
En ese constante tomar distancia de Chávez, el líder izquierdista mexicano, que fuera alcalde de la Ciudad de México, se aleja asimismo de su "modelo socialista", señalando que, si triunfa, aplicará un "modelo económico propio". Porque, especifica, las realidades entre ambos países son realmente distintas.
Todos recuerdan que, en la última elección, cuando lo identificaron con Chávez, terminó perdiendo --por apenas unos pocos votos-- contra el centrista Felipe Calderón, en medio de acusaciones de fraude, que no alteraron las cosas.
El desmarque incluye por ello los rumores de que Chávez podría estar contribuyendo (con alguna "valija", a la manera de Antonini Wilson, cuya investigación judicial se ha cerrado en nuestro medio, por prescripción (inacción) increíblemente) al financiamiento de su campaña electoral. Lo que el PRD niega absolutamente.
A los 58 años, ahora López Obrador va más allá. Expresamente, niega que tenga en mente expropiar o nacionalizar empresas o sectores. Nada de eso. Agrega que procurará --a toda costa-- desterrar a la corrupción; que impondrá la austeridad y que reformará la estructura tributaria de México. Además, anuncia que permitirá la inversión extranjera en el sector de las telecomunicaciones.
Peña, que tenía un amplio liderazgo, sigue en punta en las preferencias que anticipan los votantes. Pero su enfrentamiento con los ruidosos universitarios y las acusaciones de autoritario le han hecho algún daño. No obstante, tiene aún un notable 43,8% de intención de voto. López Obrador, por su parte, tiene un 24,5%. Esto supone haber reducido la brecha en cuatro puntos en las semanas recientes, en un impulso que parece seguir creciendo. Pero, por ahora, no alcanza. El final será más estrecho que lo que alguna vez se anticipara y López Obrador asegura que aún tiene posibilidades de dar una tremenda sorpresa, imponiéndose en los próximos comicios. Lo cual, por cierto, luce como una alternativa posible, pero no necesariamente probable.
Gustavo Chopitea es analista internacional del Grupo Agenda Internacional.