Una verdadera vida de película
Se la consideró la argentina más glamorosa de las últimas décadas, en las que pasó de ser una poderosísima empresaria a una reconocida filántropa y coleccionista de arte.
"Amalita" supo codearse con las familias más ricas del mundo y con artistas de la talla del estadounidense Andy Warhol, que la retrató a comienzos de los '80.
Tuvo una vida intensa y esplendorosa, aunque no exenta de polémicas y algunos escándalos, como cuando se separó del abogado Hernán de Lafuente, primer marido y padre de su única hija, para casarse con el empresario Alfredo Fortabat, casi treinta años mayor que ella y de quien heredó la fortuna.
La relación entre ambos fue de película. "Amalita" --leonina, signo de fuego-- lo invitó a su casamiento y el hombre, que tenía esposa, no acudió a la boda porque no "podía soportar" perderla. Años después, simuló un encuentro casual en Europa con la pareja y... ¡le confesó su amor!
Las respectivas separaciones para casarse en el Uruguay supusieron un revuelo de enormes proporciones: por estas playas, el divorcio no era legal y, además, estaba mal visto socialmente.
"Amalita" lo acompañó a todos sus viajes de negocios y permanecieron juntos hasta 1976, cuando un accidente cerebrovascular segó la vida de "don Alfredo". A los 55 años, heredó una de las mayores fortunas del país.
"Yo trabajé con mi marido, pero poco. Cuando él se fue, se me cayó todo encima, así que me puse a trabajar como si entendiera todo. Y, al final, entendí. Entendí muy bien", solía resumir "la dama del cemento".