EL 11-S, DIEZ AÑOS DESPUES

La onda expansiva llegó hasta Bahía

11/9/2011 | 09:00 | Hay imágenes que encierran tantos símbolos en sí mismas que quienes las observan ya no tienen la posibilidad de olvidarlas por el resto de sus vidas. Sucedió con quienes presenciaron la luz incandescente de la bomba atómica estallando sobre Hiroshima, en agosto de 1945, para poner fin a la Segunda Guerra Mundial. Pasó en noviembre de 1963, cuando tres balazos asesinaron al presidente norteamericano John Fitzgerald Kennedy, en Dallas. Se repitió con la emocionante llegada del hombre a la Luna, en una noche invernal de julio de 1969, y, más tarde, con la caída del muro de Berlín, en noviembre de 1989, el día en que Europa volvió a ser una sola.


 Hay imágenes que encierran tantos símbolos en sí mismas que quienes las observan ya no tienen la posibilidad de olvidarlas por el resto de sus vidas.


 Sucedió con quienes presenciaron la luz incandescente de la bomba atómica estallando sobre Hiroshima, en agosto de 1945, para poner fin a la Segunda Guerra Mundial. Pasó en noviembre de 1963, cuando tres balazos asesinaron al presidente norteamericano John Fitzgerald Kennedy, en Dallas. Se repitió con la emocionante llegada del hombre a la Luna, en una noche invernal de julio de 1969, y, más tarde, con la caída del muro de Berlín, en noviembre de 1989, el día en que Europa volvió a ser una sola.


 También ocurrió en la mañana del martes 11 de septiembre de 2001, cuando se desplomaron las Torres Gemelas, en vivo y en directo por televisión, provocando una onda expansiva de terror tan grande que pudo percibirse en cuestión de minutos en todas partes. Incluso, en Bahía.

***






 A las 9.45 de aquel día, cuando el vuelo 11 de American Airlines, un 767 que había partido de Boston hacia Los Angeles con 92 personas, se estrelló contra la torre norte, muchos pensaron que se trataba de un grave accidente aéreo.


 Pero 18 minutos después la escena pareció repetirse en todo su espanto: el vuelo 77 de American Airlines, que hacía la ruta entre Washington y Los Angeles, se estrelló, con 64 pasajeros a bordo, contra la torre sur.


 En ese mismo instante, los periodistas del mundo supieron que sería una jornada lamentablemente histórica.


 Esa misma certeza hubo en la redacción de "La Nueva Provincia". Con los canales de noticias y las radios sintonizadas, además de la información recibida desde las agencias de cables, pronto comenzó a perfilarse la que sería una de las jornadas más intensas en la historia del diario.


 A los atentados en las Torres se sumaban los datos confirmados de un ataque al Pentágono, por parte de otro avión comercial, y la caída de un 757 en Pennsylvania, derribado por la fuerza aérea norteamericana, antes de que impactara contra la Casa Blanca.


 Frente a las versiones apocalípticas que se reproducían por todas partes, atemorizando a buena parte de la sociedad, había que sobreponerse y ofrecer una mirada periodística lúcida y objetiva, capaz de interpretar, a casi 9.150 kilómetros de distancia, el nuevo mapa dibujado por el drama internacional.


 Muchos de los periodistas del diario que cubrieron la noticia aquel día, recuerdan cómo se vivió el armado de la edición especial del miércoles 12.


 Walter Gullaci estaba en su casa, cuando observó cómo el segundo avión se incrustaba, literalmente, contra uno de los edificios. "En un primer instante, me costó asimilar esa imagen, pero enseguida comprendí que se trataba de un día bisagra en la historia de la humanidad, que nada sería igual a partir de ese momento", cuenta.


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 "Llegué al diario y lo primero que hicimos fue tratar de conseguir una mirada bahiense desde el lugar del desastre. Rápidamente, ubicamos a Carolina Mondelo, una especialista en Relaciones Internacionales que vivía a muy pocas cuadras del Pentágono. Fue un logro".


 Mientras hojea un ejemplar de aquella edición encabezada por el título "Terror y muerte, atentados masivos en EE. UU.", Gullaci reflexiona: "Creo que, a pesar del desastre, pudimos sobreponernos como periodistas profesionales. Eso requiere deshumanizarse lo más posible, para no sentirse afectados por el dolor y poder ofrecer el mejor contenido posible. Hoy, aunque le haría algunas correcciones, creo que logramos hacer una buena cobertura".


 David Roldán tampoco olvida cómo se vivió ese día en la redacción. "Al principio, estaba todo tan fresco que nadie lograba entender bien de qué se trataba. Decidí venir urgente para el diario, para ver qué hacíamos y cómo íbamos a plasmarlo. La idea, desde el comienzo, fue darle un gran despliegue; en lo posible, tratando de encontrar protagonistas de Bahía Blanca", señala.


 A la distancia, considera que el resultado final fue valioso, a nivel periodístico. "Fue uno de los trabajos más importantes que hicimos en equipo. Participó mucha gente, de todas las secciones, que aportaron ideas para plasmar la información con un criterio original, con muchos testimonios, tratando de mostrar un rostro local y humano de la tragedia", explica.


 Ricardo Aure cuenta que ese día estaba de franco. "Llegué a la Redacción a la hora en que pensaba disfrutar de la siesta. Enseguida entramos en un vértigo de trabajo que periodísticamente nos unió como nunca. Hubo que reorganizar la edición y, entre las crónicas, las reflexiones y las fotos, se destinaron 13 páginas a los atentados.


 "Corrimos hasta cerca de las 3 de la mañana. Unos estaban pendientes de los últimos cables. Otros, en la búsqueda de algunos testigos bahienses en el lugar de los hechos. Esa noche hubo mil llamados telefónicos", evoca, con precisión.


 En la charla, Aure recuerda que lograron contactarse con la diseñadora gráfica María Jorgelina Prieto, que vivía en Brooklyn; el economista Juan Marcelo Casas, egresado de la UNS residente en Boston, y la licenciada en ciencias políticas Claudia Sánchez Bajo. Luego, se sumarían los testimonios de las bailarinas Anabella Lenzu y Anahí Galante, y el desgarrador relato de los familiares del bombero Sergio Villanueva (ver aparte). Entre todos, lograron construir una mirada local, con gran empatía hacia el dolor generalizado.


 "Hacia el final de aquella madrugada, me costó armar unas pocas líneas para un recuadro. Sólo pude volver a escribir lo que siento en los últimos años, cada vez que explota una bomba: ¿hasta cuándo vamos a seguir desperdiciando la gran oportunidad de vivir?", se pregunta.


 Pero la respuesta, una década después, todavía permanece en silencio.


 

11 reflexiones

1
Cristian Breitenstein (intendente municipal): "Conmoción es la palabra que puede describir el momento. Todos quedamos atados a los medios de comunicación para explicarnos lo sucedido. Luego, aparecieron muchas versiones, pero lo que no puedo olvidar es cuando estuve en el lugar donde estaban las Torres. Caminando por esas calles, uno toma conciencia del impacto que significó para Estados Unidos. Hoy, el proyecto de las nuevas torres plantea una paradoja entre la memoria y el progreso. Se puede recordar lo que pasó, en un homenaje permanente, pero sobre esos cimientos también se pueden levantar símbolos, tan o más potentes que los anteriores".

2
Guillermo Martínez (escritor): "La escena de mi última novela, que corresponde al día de la tragedia, es bastante similar a lo que me pasó en la vida real. Fui a la universidad como cualquier día, porque estaba dictando clases en una universidad de Estados Unidos, y me encontré con la secretaria muy alterada, que se dio cuenta de que yo no sabía nada y me explicó lo que pasaba. Cuando salí de ahí, había una TV en el pasillo, para que todos siguieran los detalles de la tragedia. Ninguna guerra ha servido para la humanidad y su desarrollo. Toda guerra que puede ser evitada, así debe ser".

3
Juan Ignacio "Pepe" Sánchez (basquetbolista): "Estaba entrenando en las Tres Villas con mi amigo Seba Varela, preparándome para ir a Detroit. En el sector de largada, estaba el profesor Oscar Barco escuchando la radio. En una de las pasadas nos dijo: "Uy, se estrelló un avión en las Torres Gemelas". Nos miramos y seguimos, con dudas. A la siguiente vuelta dijo: "¡Otro avión se estrelló contra las Torres!". Ahí pensamos que exageraba, pero enseguida exclamó: "¡Se estrelló otro en el Pentágono!". Ahí sí paramos y escuchamos cuando anunciaban que habían bajado un avión cerca de Washington. Fuimos a ver qué estaba pasando. Después, no pude viajar a Estados Unidos y me perdí la pretemporada".

4
Naty Petrosino (voluntaria laica): "Ese día estábamos viajando en la selva de Formosa hacia las comunidades aborígenes. Nos llamaron para avisarnos lo que había pasado y Silvina, mi compañera, dijo que era parte del fin del mundo. Fue una sorpresa la forma de este ataque tan tremendo. Recién a los 3 o 4 días tuvimos más noticias porque, al adentrarnos en la selva, habíamos perdido contacto con el mundo exterior. Sentí, por un lado, una inmensa tristeza, y por otro, la certeza de que todo en este mundo es pasajero".

5
Raúl Woscoff (concejal): "Guardo en la memoria el hecho y no lo que yo viví. Sobre el atentado, recuerdo la imagen del ataque, de las víctimas y la sensación de que se había globalizado el terrorismo y de que no había fronteras para la incertidumbre, a partir de que la vulnerabilidad había llegado a Estados Unidos. Episodios de esta envergadura han pasado antes y después del ataque del 11 de septiembre, pero no tuvieron ni su espectacularidad ni su mediatización. La clave está en considerar que la pérdida de una vida humana por estas situaciones nos debe afectar, más allá de donde haya ocurrido".

6
Evedith Adal Hosni de Giorlandini (investigadora de la cultura árabe): "El terrorismo no es una exclusividad del mundo árabe-islámico, como pretende presentarlo Occidente. Sin embargo, es hacia ese frente adonde se disparan de inmediato las culpas y se plantea la venganza, la guerra y la destrucción total de pueblos. Recuerdo esa mañana, cuando los medios informaron sobre el terrible ataque, que quedará para siempre en la memoria del mundo; casi tres mil vidas perdidas injustamente y un inmenso dolor. Nada de lo humano me es ajeno".

7
Susana Persia (pianista): "Ese día, como todos, había prendido la radio bien temprano y, como la escuchaba de fondo, me confundí y pensé que estaban haciendo un comentario de la película Infierno en la torre. Eso fue hasta que vi las imágenes por televisión. Me quise morir cuando escuché que ellos, los árabes, venían en nombre de Dios. Es algo que aún hoy no entiendo, porque creo en la paz y el amor. A 10 años, espero que no vuelva a suceder y que, de una vez por todas, nos acerquemos a Dios. No hay que perder la esperanza".

8
Marta Castaño (presidenta del Concejo Deliberante): "Era una situación que no resultaba creíble para un Estado que tenía toda la seguridad. Seguí con gran asombro la información que se relataba, acerca de que en ese lugar se había cometido semejante acto terrorista. Aún hoy me sorprende la dimensión del atentado y el lamentable hecho de ver a las víctimas, porque reconozco que en estos hechos pagan las consecuencias personas que no tienen nada que ver".

9
Pedro Julián (científico): "Estaba en San Francisco, que tiene una diferencia horaria de seis horas con Nueva York, y recuerdo que, en el momento de los ataques, estaba durmiendo y me llamó un amigo italiano muy preocupado y me dejó un mensaje en el contestador: "Pedro, are you well?". No entendía el porqué de esa pregunta. A la mañana, me encontré con que todo el mundo estaba mirando televisión, muy preocupado, y a partir de algunas consultas me fui enterando. Fue un momento de estupor. Creo que mientras no se consiga una paz real, este tipo de episodios puede repetirse".

10
Maryta Berenguer (escritora): "Por esos días, estaba dando un taller en Mar del Plata con adultos mayores, algo completamente alejado de cualquier tragedia. Al terminar, noté en la calle una sensación distinta, con la gente como compartiendo un gesto de "qué barbaridad". Ahí comencé a sospechar de algo grave, y tuve que preguntar qué había pasado. No lo podía creer, me generó una impresión muy grande, una sensación de caos e inseguridad. Fue como si la cosmogonía de la que todos formamos parte se hubiera desmoronado".

11
Néstor García (entrenador de básquet): "Ese día estaba en Uberlandia, Brasil, jugando un amistoso con Libertad de Sunchales. Después del partido, nos enteramos por televisión, pero parecía una película. Aparte, el noticiero era en portugués y no entendía bien lo que explicaban. Recién cuando bajé del cuarto comprobé que era verdad. Todo el mundo estaba hablando de eso".


En el nombre de Sergio










































 Quien camine por el bulevar Bell, en la zona neoyorquina del Bayside, podrá encontrarse con una sorpresa: el cartel que señala la ubicación de "The Firefighter Sergio Villanueva Soccer Foundation", creada como homenaje al bombero nacido en Bahía Blanca en julio de 1968, que falleció a los 34 años, durante una misión de rescate a los sobrevivientes del ataque a las Torres Gemelas.


 Inaugurada en 2002, la entidad surgió como una iniciativa del detective Jonathan Kanovsky, amigo y compañero de Sergio, y del teniente Joe Brosi, director técnico del equipo de fútbol del Departamento de Bomberos de Nueva York, donde el bahiense jugaba cada fin de semana con el número 10 en la espalda.


 Cada año, la fundación se encarga de otorgar becas universitarias a jóvenes que quieren dedicarse al fútbol de manera profesional, a la vez que ofrece clínicas deportivas para chicos, en países como Jamaica, Alemania e Italia, entre otros, como parte del propósito de mantener vigente el legado de Sergio.


 Para más datos, "The Firefighter Sergio Villanueva Soccer Foundation" se encuentra en el 40-42 del bulevar Bell, oficina 601, Bayside. Atiende de lunes a viernes de 12 a 20 (hora argentina) y es posible contactarse a través del teléfono 00-718-279-2938, la página web www.sergiosoccerfoundation.org o el correo number10@sergiosoccerfoundation.org.





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