Con marca bahiense, El Quinteto de la Muerte lanza su primer libro
Con el escritor bahiense Ignacio Molina en sus filas, el colectivo artístico conocido como El Quinteto de la Muerte presentará este domingo, en Buenos Aires, su primer libro llamado La fiesta de la narrativa (editorial Una Ventana).
Será en el Centro Cultural Pachamama, de Argañaraz 22 esquina Israel, en el barrio de Villa Crespo. Arrancará a las 16 y se extenderá hasta la madrugada: el Quinteto suele hacer presentaciones extensas, variadas y a veces desopilantes, con entrada libre y gratuita.
"Somos un grupo literario integrado actualmente por un músico (Facundo Gorostiza) y cuatro escritores (Ricardo Romero, Federico Levín, Lucas Funes Oliveira y yo) -dice el bahiense Molina-. Nos juntamos a leer nuestros textos en vivo en bares y centros culturales de Buenos Aires y, cuando podemos, del interior."
La fiesta de la narrativa incluye crónicas, cuentos o nouvelles de los cuatro narradores y partituras de piezas musicales de Gorostiza.
"Esperamos poder ir todos juntos a Bahía algún día y hacer lo nuestro en algún lugar que se preste. Si el espacio presenta la oportunidad, solemos cocinar un guiso 'de posguerra' para convidar al público. La gratuidad es una clave para entender al Quinteto de la Muerte", explica Molina, autor del libro de cuentos Los estantes vacíos (Entropía).
"Las lecturas no son un espectáculo teatral, sino más bien una reunión, un festejo, una celebración íntima entre desconocidos. El modo en que cada uno presenta sus textos (o, como se hizo durante 2008, los textos del integrante del Quinteto que corresponda en cada fecha) suele tener algún tipo de acompañamiento, ya sea musical, de la mano de Gorostiza y su guitarra, o de interpretación: una performance actoral, una serie de objetos que ambientan, un modo de leer, alguna acción que acompañe la lectura", agrega "Nacho", fanático del básquetbol y sufrido hincha de Napostá.
Los integrantes del grupo se conocieron "encontrándonos como público en un ciclo de lecturas".
"Las lecturas en vivo, que en general son tratadas con sorna, distancia y escepticismo (o todo lo contrario, con demasiada seriedad), para nosotros son algo interesante, productivo y festejable. Pero si logramos introducir nuestra diferencia en lo que venían siendo estos ciclos en Buenos Aires es porque creemos que si al escribir nos sentimos artistas, al presentar nuestro material no podemos convertirnos en 'personas de la cultura'. Algo de esa entrega y esa vehemencia amorosa tienen que poder traducirse frente a los lectores presentes", dice Molina.