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Bahía se cubrió de celeste y blanco en el Bicentenario

26/5/2010 | 09:00 | El día del Bicentenario de la Revolución de Mayo, Bahía Blanca se vistió de fiesta bajo un sol inocultable que hizo brillar ayer cada bandera celeste y blanca, cada escarapela y, por qué no, la unión entre los argentinos, al menos en una jornada tan especial. El programa oficial de actos comenzó poco antes de las 10 (ver aparte), con muchos vecinos ya ubicados sobre las veredas de la primera cuadra de Alsina, lugar en el que fue emplazado el palco oficial.


 El día del Bicentenario de la Revolución de Mayo, Bahía Blanca se vistió de fiesta bajo un sol inocultable que hizo brillar ayer cada bandera celeste y blanca, cada escarapela y, por qué no, la unión entre los argentinos, al menos en una jornada tan especial.


 El programa oficial de actos comenzó poco antes de las 10 (ver aparte), con muchos vecinos ya ubicados sobre las veredas de la primera cuadra de Alsina, lugar en el que fue emplazado el palco oficial.


 Después de haber desarrollado varios puntos del programa previsto, y antes del desfile cívico-militar, el intendente Cristian Breitenstein exhortó a los bahienses a que "nunca, nunca, nunca, bajen los brazos".


 "Levanten las banderas y el sol que está en el medio de las banderas, es el corazón de cada bahiense que, con pasión, entusiasmo, esperanza y sueños, le dice a la ciudad ¡feliz Bicentenario! y le dice a la Argentina ¡feliz Bicentenario!", dijo, emocionado.


 El jefe comunal inició su discurso recordando los hechos históricos que enmarcaron la Revolución de Mayo.


 "Estamos cumpliendo y celebrando 200 años como nación. Esto implica una serie de acontecimientos y reflexiones sobre el origen de nuestra Patria. Origen que, como ya sabemos, se dio en un contexto de revoluciones previas en el ámbito internacional que plasmaron la vocación de libertad y de igualdad. Las revoluciones inglesa, norteamericana y francesa prepararon los aires para una mayor libertad e igualdad de los pueblos.


 "Y nos tocó un acontecimiento especial e inesperado en aquella época. Luego de la independencia de los Estados americanos del norte, de las revoluciones europeas, cerca de 1810 se produjo la invasión de Napoleón a España y la posterior prisión de Fernando VII, lo que hizo que el virreinato quedara temporariamente disuelto o a la espera de lo que ocurriese en esa guerra. Ante semejante oportunidad inesperada, en un lugar lejano a la capital de virreinato, una ciudad, en lo que luego iba a ser nuestra nación, decidió convocarse para discutir qué destino iba a seguir", comentó.


 En esta parte cronológica de su discurso, Breitenstein resaltó la organización evidenciada por los vecinos que protagonizaron los sucedes de 1810.


 "French era cartero y Berutti un empleado público. Eran vecinos comunes y corrientes que no solamente ofrecían escarapelas sino que, además, llevaban armas para defender al pueblo. Y ese distintivo de las escarapelas era el que identificaba a los que estaban a favor de una mayor autonomía y libertad. Los tenían perfectamente individualizados para que en la asamblea del cabildo no hubiese confusiones y se supiese en qué sentido había que tomar la decisión", comentó.


 Precisamente, la voluntad de torcer la historia y la convicción puesta de manifiesto en la toma de decisiones sin importar las consecuencias, fueron otros aspectos resaltados, a manera de ejemplo a seguir, por el intendente.


 "Actuaron sin ser conscientes de lo que estaban haciendo en ese momento, sino, simplemente, pensando que hacían lo que el momento decía que había que hacer. No iban a pensar nunca que constituirían después una nación a partir de una aldea tan pequeña. Sin embargo, actuaron aprovechando la oportunidad, pensando no en las certezas, sino en las incertidumbres que el futuro planteaba.


 "Esa acción no tuvo resultados rápidos porque la Nación no se constituyó en 1810 ni en 1816, sino en 1853, cuando se organizó jurídicamente, y recién en 1860, medio siglo después, Buenos Aires terminó incorporada a la confederación de provincias, constituyendo la República Argentina, tal cual como jurídica e institucionalmente la conocemos. Pasaron 50 años de luchas civiles y muertes, de muchos intereses en pugna, sin embargo, esto empezó en una pequeña aldea, en un pequeño barrio, en una pequeña ciudad", dijo Breitenstein.

"La ciudad necesita acuerdos que perduren"




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 En otro tramo de su alución, Breiteinstein dejó de lado las referencias históricas al 25 de Mayo de 1810 para incursionar en el presente y futuro de la ciudad.


 "Bahía Blanca, en el Bicentenario del país, es una gran ciudad. Quizás sea una aldea en el contexto mundial y tiene, al igual que esa ciudad de Santa María de los Buenos Aires de aquella época, oportunidades, fortalezas, debilidades y amenazas, pero es interesante tratar de leer y comprender qué contexto nos toca gestionar, vivir y administrar. Bahía Blanca posee características especiales que la distinguen en una nación que ya está organizada, con muchos problemas, cosas irresueltas y cosas por hacer, pero que tiene su nivel de organización.


 "Esta ciudad --agregó--, pretende generar y generarse como un cambio y renovación en el ámbito de las ciudades argentinas. Es una ciudad que gestiona en forma asociada en sus niveles públicos y privados. Pretende tener un proyecto de ciudad autónoma, recuperando el viejo ideal de la provincia nueva en el cual todos nos unimos en una gran región que es el sudoeste bonaerense, pero, a su vez, integrándonos con la provincia, la nación y el mundo", resaltó.


 Luego explicó que autonomía no es sinónimo de aislamiento porque los pueblos, las ciudades del mundo y los países se integran en forma permanente.


 "Tienen diferencias y conflictos que hacen que se vuelvan a enemistar y constituyan nuevas integraciones. Bahía no puede estar al margen de esas integraciones, pero tiene que hacerlo a partir de un fortalecimiento de sus propias características, de su autonomía, regionalización y responsabilidad en el sudoeste de la provincia", consideró el jefe comunal.


 En este sentido, resaltó el poder portuario, productivo, académico y cultural de la ciudad.

Las debilidades. Breitenstein dijo que nuestra ciudad posee un perfil industrial y cuenta con recursos humanos que la distinguen, aunque señaló que también evidencia debilidades.




 "A veces tenemos una vocación imperiosa por la resistencia a los cambios. A veces nos exceden las críticas por sobre las propuestas. A veces el escepticismo nos mina al mejor de los optimismos. Tenemos algunas amenazas.


 "Bahía tiene que lograr generar acuerdos que se mantengan en los medianos y largos plazos, para no estar retrocediendo, para no entrar en la lógica de los esquemas pendulares, donde se va de un extremo a otro, indistintamente, apoyado a veces, por las propias sociedades. Tenemos que encontrar el rumbo justo donde transitar e, independientemente de quien gobierne, administrar ese rumbo con la mayor firmeza", señaló.

Las fortalezas. Consideró que Bahía también tiene oportunidades en el marco mundial.




 "Las ventajas competitivas que reúne esta ciudad, esta región, no las tienen otras, pero no sólo en la Argentina sino en ningún lugar del mundo. Esto implica una responsabilidad importante para con la provincia, para con el país, pero, fundamentalmente, con nosotros mismos", destacó.


 En un juego de palabras, se dirigió a los presentes diciendo que hay una sola persona que puede hacer factible y seguro el hecho de que Bahía sea una ciudad integrada e inclusiva, donde se equilibren las asimetrías existentes.


 "Hay una sola persona que puede asegurar que Bahía sea una ciudad autónoma, que potencie sus fortalezas y, de alguna manera, que fortalezca esas debilidades que nos acosan, dejándolas reducidas a la mínima expresión. Hay una sola persona: usted".

El mensaje espiritual. Para celebrar el Bicentenario de la Patria, el párroco de la Catedral, monseñor Horacio Fuhr, le pidió a Dios que a los grandes hombres de nuestra historia, algunos elogiados y otros no valorados, los recompense por lo que han hecho por del pueblo argentino.




 "Somos conscientes de que no nos encuentra el Bicentenario en condiciones óptimas. Han quedado muchas cosas por realizar. No han desaparecido del todo la pobreza, la desigualdad y los planteos constantes de antivalores que destruyen la dignidad de la naturaleza y la dignidad del hombre", dijo el religioso.


 También pidió que los argentinos puedan trabajar como pueblo para mejorar la vida de los ciudadanos y que por sobre la división de opiniones, impere siempre el objetivo de un bien común.


 "Danos la luz necesaria para que caminemos en armonía y en progreso, la paz auténtica de los valores legítimos para que este pueblo nunca sufra las mezquindades y las uniones. Señor, camina junto a nosotros y así nos sentiremos seguros de seguir construyendo el glorioso pueblo argentino. Amén", concluyó Fuhr, quien recibió un reconocimiento de parte del intendente Cristian Breitenstein, por sus 40 años de labor sacerdotal.





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