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La matanza de "turcos" en Río Negro

VIEDMA (Télam) -- Hacia fines de 1909 se descubrió el asesinato y saqueo de un centenar de mercachifles de origen árabe, atrapados en grupos por una numerosa banda de salvajes forajidos en el paraje Lagunitas del sudoeste de Río Negro, en una zona desolada y muy distante de los incipientes pueblos.

 VIEDMA (Télam) -- Hacia fines de 1909 se descubrió el asesinato y saqueo de un centenar de mercachifles de origen árabe, atrapados en grupos por una numerosa banda de salvajes forajidos en el paraje Lagunitas del sudoeste de Río Negro, en una zona desolada y muy distante de los incipientes pueblos.


 El macabro hecho, conocido popularmente como "la matanza de los turcos", alcanzó enorme repercusión en diarios y revistas en los primeros meses del año 1910.


 Incluso preocupó en algunos sectores de la sociedad política porque instalaba en el extranjero una imagen desfavorable del país en vísperas de los faustos actos del Centenario de la Revolución de Mayo.


 El prolífico escritor rionegrino Elías Chucair (82) reconstruyó el caso a través de los archivos de la antigua justicia letrada del territorio nacional de Río Negro y los recortes periodísticos, para su libro Partidas sin regreso de árabes en la Patagonia.


 De los anales jurídicos surgieron espeluznantes descripciones de los asesinatos y posterior descuartizamiento de los cadáveres, en algunos casos con la extracción de vísceras que los salvajes homicidas cocinaban en las brasas "para probar qué gusto tiene la carne de turco".


 La obra, publicada originalmente en 1991, fue recientemente reeditada con el agregado de un capítulo a cargo del historiador Nilo Juan Fulvi, que desmenuza los defectos del proceso posterior a la detención de los bandidos.


 El final impensado de la historia fue que los detenidos fueron sobreseídos y liberados, por falta de elementos de prueba; pero el jefe policial de la investigación, el comisario José María Torino, resultó preso por abuso de autoridad, apremios ilegales y lesiones graves.


 En la presentación de la nueva edición, días atrás en Viedma, Chucair dijo que "para comprender aquella matanza hay que tener en cuenta que eran tiempos en que la vigilancia de la policía del territorio no llegaba a esos puntos tan remotos, sólo habitados por criadores de ovejas y forajidos de toda clase".


 "Los vendedores trashumantes eran libaneses apenas llegados al país, que salían desde Neuquén y General Roca, en grupos de dos y tres, acompañados por algunos peones y baquianos, con caballos o mulas cargados de ropa, telas y otros artículos" agregó, en diálogo con Télam.


 Sostuvo también que "las dificultades con el idioma y una cierta inocencia en el trato con personas los hicieron caer en la trampa de detenerse en los campamentos de los bandoleros, para mostrar su mercadería y compartir comidas".


 "Muchas veces, después de comer y beber los criminales los mataban a sangre fría, con balazos o cuchilladas, y enseguida descuartizaban los cuerpos para quemarlos a campo abierto" añadió.


 La destrucción de los restos y de la escasa documentación personal que portaban los mercachifles hizo difícil establecer la nómina y cantidad de víctimas.


 Una firma mayorista de Roca, Eldahuk Hermanos, tenía registrado 55 comerciantes árabes que habían llevado mercadería en consignación y nunca volvieron para cerrar sus cuentas.


 Se estima que el total de libaneses asesinados pudo duplicar esa cifra, con un valioso capital de artículos diversos que les fueron robados, y muy posiblemente pasaron después a Chile, desde donde habría operado el cabecilla intelectual de la banda.


 La investigación policial se inició en abril de 1909 cuando en la comisaría del paraje El Cuy se presentó el comerciante Salomón Daud para denunciar la desaparición de su cuñado José Elías y un peón, que habían partido sin regreso desde Roca en agosto de 1907.


 Las actuaciones posteriores permitieron establecer que los asesinatos se cometieron entre 1905 y 1908.


 El comisario Torino realizó pesquisas durante unos cuatro meses y logró aprehender unos 60 sujetos, entre hombres y mujeres adultos, a los que se sumaron algunos chicos, la mayor parte de origen chileno; de quienes sólo la mitad quedó procesada y detenida.


 "Es una historia muy violenta y triste, que quedó en el olvido muy pronto porque quienes estimulaban la radicación de inmigrantes en la región temieron que el sentimiento de inseguridad jugara en contra" acotó Chucair.