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Pasado, presente y futuro son para la ciencia una ilusión

La mayor parte de los seres humanos cree que el tiempo existe independientemente de la materia y que un segundo dura lo mismo en cualquier parte, pero como bien lo advirtió Albert Einstein: "el pasado, el presente y el futuro son una ilusión". Así, quien viaje durante cinco años a casi la velocidad de la luz, al aterrizar tendría cinco años más, pero sus parientes en la Tierra serían 36 años más viejos.

 BUENOS AIRES (Télam) -- La mayor parte de los seres humanos cree que el tiempo existe independientemente de la materia y que un segundo dura lo mismo en cualquier parte, pero como bien lo advirtió Albert Einstein: "el pasado, el presente y el futuro son una ilusión".


 Así, quien viaje durante cinco años a casi la velocidad de la luz, al aterrizar tendría cinco años más, pero sus parientes en la Tierra serían 36 años más viejos.


 Lo dicho no es ciencia ficción, sino pura realidad y es una de las tantas curiosidades que se explican en un libro muy ameno y de reciente aparición referido a los grandes científicos.


 Tal parece, el tiempo no transcurre de la misma manera en todas partes: dura más cuanto más rápido se mueva un objeto.


 "Hasta ahora la concepción del tiempo y del espacio era tal que si se sacara todo lo que hay en el Universo, todavía quedarían el tiempo y el espacio. Pero con mi teoría, incluso el tiempo y el espacio dejarían de existir, porque están inseparablemente unidos a las concepciones de la materia", sostuvo Einstein.


 Su Teoría de la Relatividad determinó que el tiempo no es absoluto, sino relativo, y que depende del marco de referencia.


 En Grandes Maestros de la Ciencia editado por el sello Capital Intelectual, su autora, Graciela Cravino, sostiene que en función de esta teoría, "podríamos decir que una veloz nave espacial podría convertirse en una verdadera máquina del tiempo".


 "Cinco años viajando en una nave al 99% de la velocidad de la luz, corresponderían a 36 años en la Tierra", ejemplifica.


 Consecuentemente, "cuando esa nave vuelva a aterrizar en la Tierra, sus ocupantes habrán envejecido apenas cinco años, pero llegarían a vivir en su futuro, 36 años después", revela.


 Esta teoría se basa en que la luz, que es energía, siempre viaja a una velocidad constante, de 300.000 kilómetros por segundo, la máxima posible en el Universo, sin importar cuán rápido algo se esté moviendo en el momento de medirla.


 Einstein propuso su famosa ecuación E=mc2 (energía igual a masa por velocidad de la luz al cuadrado), lo que indica que energía y materia son lo mismo si se multiplica ésta por el factor c2 (velocidad de la luz al cuadrado, 90 billones de segundos).


 Cuando la expresó corría 1905 y en ese entonces hasta el más científico de los científicos creía que masa y energía eran cosas distintas, que la materia permanecía y que la energía la movía.


 Pero Einstein demostró que masa y energía son diferentes formas de una misma cosa, que la masa podía ser destruída y convertida en energía y que ésta podía ser transformada en materia, como se supone ocurrió en el Big Bang.


 Cravino revela algo fantástico: "si uno multiplicara la masa de una moneda de un centavo por c2 obtendríamos una enorme cantidad de energía", pero "si ese centavo fuera convertido enteramente en energía, produciría tanta como para abastecer a la ciudad de Nueva York por dos años".


 En su libro, no sólo relata con lenguaje sencillo los hallazgos de Einstein, también ofrece interesantes episodios de la vida y obra de Pitágoras, Copérnico, Galilei, Newton, Darwin, Planck y Hawking, entre otros grandes científicos.


 También rescata que de las observaciones hechas por Edwin Hubble en 1929, provino la idea desarrollada por Stephen Hawking, de que el universo se expande, que en un principio "era infinitamente pequeño e infinitamente denso" y que "el tiempo no existía, pues se originó en el Big Bang".


 Hawking demostró que la Teoría de la Relatividad de Einstein implicaba que el espacio y el tiempo habían comenzado con la gran explosión y que finalizarían en los agujeros negros, los que pese a su nombre brillan, se reducen, explotan y hasta emiten radiación, hoy conocida como "radiación de Hawking".


 Este científico inglés, postrado desde hace años por una esclerosis amiotrófica, publicó en 1988 su Historia del Tiempo, del Big Bang a los Agujeros Negros, que batió todos los récords de venta, hasta el punto de figurar en el Libro Guinnes de 1998 como el más vendido de la década.


 Digamos que, a tanta relatividad y finitud descripta por Cravino, el éxito de Historia del Tiempo vendría a anteponer la férrea permanencia de aquel viejo dicho inglés acuñado por Henry Ford: "Time is money".