Origone pide ayuda a gritos
La crisis más profunda de su historia, generada en torno a la intensa sequía que castiga a toda la región agrícola-ganadera, atraviesa la localidad de Teniente Origone, al norte del distrito de Villarino y a 75 kilómetros de Bahía Blanca.
Desde noviembre a esta parte los registros de lluvia no superaron los 32 milímetros, por lo que las reservas se agotan y la hacienda muere, poco a poco, pese a los desesperados intentos por alimentarla.
Otro dato elocuente: de enero a hoy salieron de Origone 2.356 cabezas de ganado.
En una charla abierta, un grupo de productores manifestó toda la angustia que les despierta el crítico panorama, más allá de la "bronca" por la indiferencia del gobierno.
No piden asistencialismo ni subsidios.
Aquí la lucha tiene un objetivo común: la puesta en marcha de la ley Nº 13.647/7, ya votada en el Congreso, que establece como zona diferenciada del sudoeste bonaerense a esta región de Villarino
Mario Luis Lucarelli, presidente de la Asociación de Productores de Teniente Origone; Anselmo Martz, Rubén Melinger, Rubén Aguerri, Heraldo Lucarelli, Walter Pezzutti, María Cristina Istilart, Daniel Pezzutti, Norma Monaldi, José Luis Ortegui, Natalia Aceistel, Guillermo Boca y Oscar Villaverde reclaman con carácter de urgente que esta zona de secano sea considerada marginal, con un régimen tributario especial.
La ley contempla, además, la renovación de los beneficios de la ley patagónica diferenciada, como rige en Patagones; incluir a Villarino Norte en la zona de riego, una propuesta de pensión para capitales de trabajo --en lo respectivo a determinados cultivos-- y ayuda económica para pequeños y grandes productores.
"Sin embargo, hasta que todo esto pueda cumplirse necesitamos ayuda inmediata. La hacienda se muere o debe trasladarse y, lo que es peor, nuestros jóvenes están emigrando hacia las grandes ciudades", se lamentó Anselmo Martz.
Agregó que las estadísticas indican que esta zona es apta para la apicultura, trigo y avena, aunque se basa mayoritariamente en la ganadería.
"El clima no acompaña y la rentabilidad es nula debido a las presiones tributarias y a las retenciones", manifestó.
Comparó que cualquier país desarrollado sostiene a la agricultura en momentos de crisis, pero en la Argentina eso no sucede.
"Lo peor --insistió-- es que se nos van los jóvenes, chicos que desde que nacieron sintieron el olor al barbecho, hijos de productores. Nos afecta mucho. Somos 150 habitantes y no queremos desaparecer".
La crítica situación atenta, además, contra las cooperativas eléctricas, que no pueden mantener los costos de la red en una mayoría de campos deshabitados.
Melinger expresó que la escasa lluvia caída en los últimos meses impide hacer reservas.
"La pastura no sólo se secó, sino que se la comió la isoca. Este es el cuarto año de seca", relató Mario Lucarelli.
La hacienda de Rubén Aguerri se alimenta con lo poco que ha podido almacenar y anticipó que se viene una etapa aún más complicada, teniendo en cuenta las heladas del invierno.
"Debo malvender a mis animales. Estuve en un remate y vi los precios: no tengo esperanzas en comercializar bien lo que tengo", reflexionó.
Heraldo Lucarelli sostuvo que las jaulas con animales rumbo a otros distritos se ven pasar con frecuencia.
"En mi caso no he achicado el stock, pero debo salir a buscar lugares donde los animales puedan pastorear. Si vendo un ternero a 400 pesos, hay que ver lo que me queda en el bolsillo", se cuestionó.
"Tampoco puedo vender 800 animales, porque en octubre, con ese dinero, sólo podría adquirir 200", dedujo.
Walter Pezzutti criticó al gobierno que, dijo, "no ayuda en nada" con las retenciones, los límites a las exportaciones y, actualmente, con la falta de acuerdo con el sector agrario.
"Hace cuatro meses que no podemos vender nada, no hay exportaciones", graficó.
Agregó que no hay stock de hacienda gorda y, al no precipitar, los escasos animales están flacos y debilitados.
"¿Qué pensamos hacer el 2 de mayo? Lo que decidan las cuatro entidades del campo", adelantó, en nombre de todos.
"A nadie le gusta cortar el tránsito, pero no nos queda otra alternativa", manifestó, para señalar que, a su criterio, la protesta debería efectuarse "tranqueras adentro", es decir, sin comprar ni vender.
Heraldo Lucarelli, por su parte, también consideró que los cortes de ruta pueden "terminar mal", pero admitió que se hará lo que decida la mayoría.
María Cristina, docente del jardín de infantes y productora agropecuaria, aseguró que la crisis del campo repercute en el pueblo de manera inmediata.
"En las puertas del jardín, los papás no hablan de otro tema que no sea de la sequía y de sus consecuencias", dijo.
Con angustia, relató el triste panorama que observa todos los días, camino a su trabajo.
"Días pasados una nena de cinco años juntó pasto en el patio del jardín de infantes para sus animales", contó y volvió a confesar toda su angustia cuando vio pasar otro camión cargado de hacienda rumbo al partido de Puan.
"Tomé conciencia de lo mal que estamos: sin apoyo gubernamental y climáticamente en situación desesperante", definió.
Para María Cristina, la solución sería que los propios funcionarios visiten estos campos y contemplen el panorama que deja la hacienda muerta.
"No alcanza con contarlo, tienen que observarlo, permanecer acá un día ventoso y ver cómo la erosión descarna hasta los alambrados. Los caminos constituyen todo un peligro porque la arena casi no permite conducir", explicó.
Martz acotó que en la provincia de Buenos Aires hay diferentes zonas y ésta, dijo, es mucho más árida que el resto.
"No somos todos iguales, estamos en desventaja. Eso hay que estudiarlo, buscar una diferenciación. Las consecuencias de este desastre serán para 2009, porque de las vacas que se preñan hoy, no nacerán terneros de calidad", remarcó.
Lucarelli comparó las cosechas en las distintas zonas y aseguró que invertir no vale la pena.
Emigrar
A Norma Monaldi también le preocupan los jóvenes que parten definitivamente de Origone.
"¿Qué hacemos sin nuestro futuro?", se preguntó y dijo: "Necesitamos la ley de diferenciación. Está el esqueleto, pero hay que rellenarlo. Mientras tanto, nuestras vacas madres deben salir de esta zona o mueren".
Natalia Aceistel pidió compromiso a los funcionarios.
"Se tienen que poner firmes para solucionar el tema del riego. El pueblo, sin riego, desaparecerá. En esto se nos va la vida", enfatizó.
Por su parte, Jorge Monaldi coincidió en que la mayoría de los pequeños productores locales atraviesan los mismos problemas y que hay que pensar seriamente en la ley diferenciada de la zona sur.
"Si la cosa sigue así, seguiremos saliendo del sistema ¿Para qué seguir luchando?", se preguntó.
Las vacas que quedan en Origone, según Oscar Villaverde, no tienen destino para vender.
"Nadie las quiere. Y hay que regalarlas a 400 pesos", se lamentó.
"¿Qué pido? Que venga un funcionario. Sólo un rato. Y que viva lo que vivimos nosotros. Si nos preguntan porqué seguimos en Origone, la respuesta es simple, no tenemos dónde ir", señaló.
"No quiero subsidios, quiero trabajar"
Guillermo Boca, productor ganadero, confesó estar cansado de protagonizar la discusión de siempre: los bajos precios, la escasa rentabilidad, la sequía que castiga cada día más...
"Lo que tenemos que hacer --dijo-- es sentarnos frente a alguien influyente para llegar a un acuerdo con los políticos".
"Ideas nos sobran, pero si quien está enfrente no nos ayuda ni escucha, estamos perdidos. No encontramos quién desee dialogar con nosotros. Hay soberbia", definió.
"No hay mucho por decir. Ya saben (por los gobernantes) cómo estamos. Las imágenes hablan por sí mismas. Sólo necesitamos quien nos escuche", manifestó.
"La verdad, no quiero subsidios. No los necesito. Deseo que nos dejen trabajar y que no nos quiten las ganancias", concluyó.
Para José Luis Ortegui, el actual gobierno no es más que la continuación del anterior, de modo que la indiferencia sigue siendo notoria.
"Trabajo en un molino harinero, viajo todos los días a Bahía Blanca. Los subsidios llegan a los grandes empresarios de trigo. Si no tenés cantidad, no corrés la misma suerte", argumentó.
"Hace casi tres años que viajo. Veo jóvenes que eligen radicarse en otras ciudades. Lo respeto, pero no lo comparto", justificó.
Natalia Aceistel cierra la rueda.
"Sentimos impotencia. A nadie le interesa dónde está Teniente Origone, cómo vivimos y qué hacemos. Nadie nos escucha", se quejó.
Martz apoyó esos conceptos. "El gobierno es inepto, le falta sentido común. Y cuando se gobierna con indecencia, los resultados son indecentes", indicó.
"Una tristeza imposible de describir"
Ana María Aceistel, delegada de Teniente Origone, dijo sentirse sorprendida por la gran cantidad de productores que en los últimos días hicieron "cola" en la delegación para confeccionar las guías y así poder sacar la hacienda de esta zona.
"Esto moviliza y genera una tristeza que no se describe, porque la hacienda que se va, no vuelve. Por el precio que se paga, no se podrían volver a adquirir esos animales", graficó.
"Nos estamos despoblando. Cada vez somos más pobres. Necesitamos ayuda a gritos, pero ayuda de otro estilo: alimentos para los animales. Las vacas se nos mueren", expresó.
"No golpeamos las puertas para que nos otorguen un plan de gobierno ni una bolsa de alimentos. Acá la gente quiere trabajar, que sus hijos tengan un futuro mejor", reclamó.
La delegada insistió que la crisis, retenciones, falta de acuerdo y altos impuestos constituyen temas sabidos.
"La necesidad es otra: no damos más".
Cecilia Corradetti/Enviada especial