El Congo transita un sinuoso camino hacia el abismo
KINSHASA (Télam) -- Tropas rebeldes congoleñas avanzaron ayer hacia una ciudad estratégica en el este del país en medio de amenazas de derrocamiento, pedidos internacionales de alto el fuego y más de un millón de desplazados en un conflicto que amenaza con internacionalizarse.
"Estamos en la entrada de Kanyabayonga (capital de Kivu Norte, fronteriza con Ruanda)", afirmó el vocero del insurgente Congreso Nacional por la Defensa del Pueblo (CNDP), Bertrand Bisimwa, quien especificó que el avance se produjo sin combates porque el ejército ya se había retirado de la zona.
Las tropas rebeldes comandadas por Laurent Nkunda, quien representa a las tribus tutsis, son acusadas de recibir apoyo de Ruanda y de violar los derechos humanos en el avance de sus milicianos, cuestiones desmentidas por el propio líder.
En este marco, diversas organizaciones femeninas denunciaron abusos en la provincia de Kivu Norte y reclamaron la desmilitarización de las tropas armadas irregulares.
Esta situación se suma a los más de un millón de desplazados que la Cruz Roja denunció en la provincia fronteriza con Ruanda y Uganda, y cuya principal actividad económica es la extracción de minerales, lo que la convierte en una región estratégica.
La vocera de la misión de la Cruz Roja en el país africano, Olga Miltcheva, calificó la situación como de muy inquietante ya que la ayuda humanitaria no alcanza en el norte del país.
El futuro del Congo es incierto porque las tropas rebeldes, que se hicieron con el poder de Goma, avanzan y amenazan con derrocar al gobierno, pero no vislumbran un régimen administrativo si logran su objetivo debido a que su líder declaró que está preparado para dirigir al país africano, ya sea como presidente o general.
La actual crisis congoleña encuentra sus raíces más recientes en lo que se conoce como la Segunda Guerra del Congo, el peor conflicto bélico africano y el más sangriento desde la Segunda Guerra Mundial, dejando un saldo de al menos de 3,5 millones de muertos entre 1998 y 2003.
De esta guerra, que finalizó formalmente con el acuerdo de Pretoria y la formación de un gobierno de transición, participaron combatientes de 9 naciones africanas, a la vez que el país ya tenía en su interior 20 facciones armadas distintas.
Ante todo esto, la principal preocupación es la internacionalización del conflicto, expresada por el secretario general de Naciones Unidas, Ban ki-Moon, y denunciada tanto por el gobierno local como por los rebeldes.
Nkunda advirtió acerca del apoyo angoleño en materia militar para con las tropas regulares, mientras que la administración congoleña acusó a Ruanda de apoyar a las milicias del CNDP.
Además, diversos organismos internacionales constataron violaciones a los derechos humanos tanto de un bando como del otro, y, como sucede en estos casos, los líderes enfrentados se echan la culpa mutuamente.
Mientras que el gobierno acusó a las tropas de Nkunda de violar, matar y robar en su avance, los rebeldes afirmaron que el ejército huye y luego vuelve tras los pasos dejados por las milicias para cometer crímenes y adjudicárselos.
Al respecto, Nkunda afirmó que sus tropas defendieron a la población, en cambio las fuerzas armadas mataron a civiles para echarle la culpa a ellos.
El viernes pasado, una cumbre en Kenia unió al secretario general de ONU, a Kabila y al presidente de Ruanda, Paul Kagami, quienes no se pusieron de acuerdo y continuaron acusándose por el conflicto en la ex República de Zaire.
El organismo internacional también instó a la desmilitarización de zonas para la asistencia humanitaria, a lo que el líder rebelde contestó que están de acuerdo y que ya retrocedieron 12 kilómetros.