Páginas con mucho ritmo

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13/4/2007 | 09:00 | El cantautor argentino Daniel Irigoyen, residente en Alemania desde hace tres décadas, acaba de editar el libro "A un paso del cielo (Confesiones de un superviviente)", en el que hace un pormenorizado repaso no exento de lirismo y nostalgia del origen del rock en la Argentina. Irigoyen habla del asunto con conocimiento de causa ya que participó activamente del nacimiento del género en el país desde el grupo Los Mentales.

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Páginas con mucho ritmo. La región. La Nueva. Bahía Blanca




 El cantautor argentino Daniel Irigoyen, residente en Alemania desde hace tres décadas, acaba de editar el libro "A un paso del cielo (Confesiones de un superviviente)", en el que hace un pormenorizado repaso no exento de lirismo y nostalgia del origen del rock en la Argentina.


 Irigoyen habla del asunto con conocimiento de causa ya que participó activamente del nacimiento del género en el país desde el grupo Los Mentales.


 La obra, editada en España y de venta sólo por Internet, constituye un recorrido por los distintos hechos políticos y sociales que rodearon al nacimiento del rock argentino, enriquecido por distintas anécdotas que el autor vivió entre la segunda mitad de la década del 60 y los primeros años de la siguiente.


 A diferencia de otros ensayos sobre el tema, Irigoyen, de 57 años, no sólo se detiene a analizar las influencias musicales del rock, tema en el que hay coincidencia de parte de los especialistas, sino que también aborda el contexto cultural.


 En esa mirada no faltan referencias a la literatura, el cine italiano y francés y la contracultura porteña del Instituto Di Tella y el Bar Moderno, por ejemplo.


 "Fue un libro necesario, algo que se fue desarrollando en silencio dentro mío a través de todos estos últimos años", explicó el cantante y percusionista, quien actualmente reside en Alemania.


 "Llegando al umbral de los 60, todo lo que uno puede hacer como artista creador es un intento de vencer a la muerte, ¡pavada de intento!", comentó.


 Con voz clara y sencilla en la que sobresalen palabras como "loco", "laburar" o "garpar", aclaró que la posteridad no tiene nada que ver con el poder.


 "Tiene que ver con una necesidad de ser comprendido como ser humano limpio de envidias y rencores", sostuvo.


 En su trabajo, Irigoyen no priva al lector de sabrosas anécdotas, entre ellas la descripción del apasionado romance que tuvo a fines de los '60 con la modelo del momento, Liliana Caldini, que luego se casó con el animador Cacho Fontana, con quien fue madre de mellizas.

Ebrios con Pappo.






 El autor cuenta que mientras mantenía con Caldini una relación volcánica, Fontana le enviaba entre 50 y 100 rosas todos los días y se declaraba como su principal admirador. Cuando el romance del músico y la modelo terminó, el popular animador televisivo y radial tuvo premio a tanta constancia.


 Otra de las anécdotas incluye al inigualable guitarrista Pappo, con quien el autor estableció una entrañable amistad cuando ambos eran adolescentes.


 Además de recordar las tardes que pasaban tocando la guitarra en la pieza de Pappo, en la casa familiar del barrio porteño de La Paternal, Irigoyen narra que el guitarrista viajó a Alemania y se encontraron -ya adultos- en Hamburgo: ambos fueron presos en estado de ebriedad por cometer disturbios a bordo de un colectivo.


 En el plano musical, el autor no oculta su preferencia casi devota por Los Beatles, a quienes asigna prácticamente la totalidad de la creación y la estética de aquellos años, pero también destaca los aportes de Ray Charles, Hugo Fattoruso, Little Richard, James Brown, Otis Redding, Jack Bruce y Stevie Winwood.

Pizza, birra y ...






 Irigoyen pasó la infancia en Vedia, provincia de Buenos Aires, y cuando tenía 13 años llegó a la Capital Federal, donde conoció y fue haciendo amistad con Alejandro Medina, Tanguito, Carlos Mellino y Litto Nebbia, entre otros adolescentes que luego integrarían la primera camada de músicos del rock argentino.


 Así fue que conoció las largas pernoctadas en la pizzería La Perla, en el barrio de Once y las míticas reuniones en el local La Cueva, donde los inicipientes rockeros se juntaban con músicos de jazz para hacer largas improvisaciones.


 Testigo directo del gran éxito que tuvo el grupo fundamental Los Gatos, capitaneado por los rosarinos Nebbia y Ciro Fogliatta, integró como vocalista Los Mentales.


 Con esa formación grabaron dos discos simples --una canción por cara-- y cuando tenían material como para llevar al vinilo su primer disco todas las pruebas quedaron en poder de RCA Víctor, ya que la iniciativa quedó descartada por problemas económicos.


 El artista lleva grabados dos discos de alcance internacional en Alemania, en los que desde la batería y la percusión aborda temas propios de ritmo afrocubano, básicamente. (Télam).











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