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¿Cómo es un día en Berlín?

Berlín Hauptbahnhof impacta por su esplendor. Así se la demonima a la terminal ferroviaria de la capital alemana, un gigantesto edificio de dos alas completamente vidriado. Posee cinco niveles de escaleras mecánicas y tantos locales comerciales que tranquilamente podría considerársela un shopping. En su interior se advierte claramente el típico e incesante movimiento de las grandes ciudades.


 BERLIN (Enviado especial) -- Berlín Hauptbahnhof impacta por su esplendor. Así se la demonima a la terminal ferroviaria de la capital alemana, un gigantesto edificio de dos alas completamente vidriado.


 Posee cinco niveles de escaleras mecánicas y tantos locales comerciales que tranquilamente podría considerársela un shopping. En su interior se advierte claramente el típico e incesante movimiento de las grandes ciudades.


 De sus entradas principales cuelgan un par de enormes viseras, también critalizadas. El tren, además, atraviesa a esta mole por el medio, a través de un túnel transparente a la altura del tercer piso.


 En la pujante ciudad del este, donde los seleccionados de Brasil y Croacia abrieron ayer su participación en la máxima cita, se respira el clima del Mundial. A unos 300 metros de la estación, dos botines dorados de considerables dimensiones despiertan la curiosidad de los visitantes, quienes, invariablemente, aprovechan la ocasión para tomarse la clásica fotografía.


 En el horizonte se dibuja la altísima antena de televisión que transmite el torneo en vivo para todo el planeta y cuya delgada silueta se rompe con un cuerpo de pelota pintada de rojo y blanco.


 El recorrido del colectivo de prensa (conocido como Media Shuttle) hacia el estadio Olímpico se prolonga por espacio de 40 minutos surcando una urbe diferente a todas las que hemos visto hasta ahora. Especialmente por su amplitud y su desorden vehicular.


 El tránsito es pesado (como tórrido el ambiente de las 3 de la tarde) y a su vez complicado, con atascos casi continuos. El transporte, al principio, avanza por calles periféricas hasta meterse en el nudo del centro y cruzar por la zona del punto más estrecho del río Spree, uno de los importantes atractivos como zona verde y de esparcimiento.


 El espectáculo, mientras tanto, lo aportaron los hinchas. Desde temprano formaron verdaderas mareas multicolores que se concentraron al arribo de cada tren proveniente de cualquier lugar del país germano y posteriormente convergieron hacia un escenario magínifico, que albergó sus ilusiones. Es la fiesta del fútbol. Ni más, ni menos...

La ausencia de "Diablos Rojos"




 Un nuevo libro de 112 páginas, "Nuestros amigos, los Diablos Rojos", revela en tono cómico las razones de la ausencia de la selección de Bélgica en el Mundial y describe la que, en opinión de los autores, fue "su peor campaña en los últimos 25 años".


 El libro habla de lo que se pierden los belgas, de las reacciones de los aficionados y del único belga en la Copa del Mundo de este año: el árbitro Frank Debleeckere.


 Se trata de historias divertidas, reflexiones sarcásticas y bromas respecto a la imposibilidad de "los diablos", así conocido por el color rojo de su camiseta, de clasificarse para Alemania 2006.


 También hace repaso a la historia del equipo nacional y de sus momentos de gloria en los `80, cuando eliminaron a España en 4º de final en Méjico `86 y de su nuevo seleccionador, René Vandereycken.