Bahía Blanca | Miércoles, 08 de abril

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La guitarra de Santana hizo vibrar a 12 mil personas

BUENOS AIRES (Télam) -- El mejicano mítico guitarrista Carlos Santana presentó oficial y exitosamente en nuestro país su disco All that I am, ante 12 mil personas en el porteño Campo de Polo. El público se enfrentó al viento y al frío con toda clase de movimientos e incluso pasos de baile, en el espectáculo que comenzó 45 minutos más tarde de lo previsto, después de la presentación de Memphis la Blusera y La Portuaria ante un auditorio raleado que sin duda no había concurrido para oírlos.




 BUENOS AIRES (Télam) -- El mejicano mítico guitarrista Carlos Santana presentó oficial y exitosamente en nuestro país su disco All that I am, ante 12 mil personas en el porteño Campo de Polo.


 El público se enfrentó al viento y al frío con toda clase de movimientos e incluso pasos de baile, en el espectáculo que comenzó 45 minutos más tarde de lo previsto, después de la presentación de Memphis la Blusera y La Portuaria ante un auditorio raleado que sin duda no había concurrido para oírlos.


 Santana hizo su entrada a pura salsa, fuertemente apoyado por teclados y percusión, además de una segunda guitarra que eliminó toda posibilidad de bache.


 Profesional por donde se lo mire, Santana no produjo ninguna sorpresa y mantuvo ese toque comercial que parece gustar en el Norte del continente, limpio y con sonidos concretos.


 El estilo de Santana es depuradísimo, pudiendo lograr con su púa vibratos que otra gente siquiera intentaría con el Floyd Rose en la guitarra eléctrica, y con gran sensualidad en las notas altas de la española.


 Hubo unos primeros temas de su nuevo cd, pero el calor comenzó a subir recién cuando arreciaron La portuguesa, la exquisita versión del Concierto de Aranjuez y sobre todo María, María, en los que trompeta y trombón fueron un lujo.

Virtudes y atractivos.






 La principal virtud del conjunto reside en las bases rítmicas de congas, bajo eléctrico o batería, que a la manera de músicas más contemporáneas y electrónicas pueden tapar todo agujero, con el plus de marcaciones --mambo, chachachá, bolero-- muy atractivas y bailables.


 De ese modo puede verse al titular gozando en sonidos impactantes y a la vez íntimos, quedar casi suspendido en el silencio, para ser recogido por la segunda guitarra (Thomas Anthony Maestu), el bajo y contrabajo de Benjamin Erik Rietveld o por el tecladista Chester Dean Thompson.


 Ahí está también la formación jazzística de esos solistas capaces de solazarse en temas como Da tu amor, mirándose cómplices, mientras Santana y el vocalista Andrew Javier Vargas devoran el micrófono con las insistentes estrofas.


 El cantante Vargas es un personaje en sí mismo, casi el coprotagonista del show: un típico compadrito de Nueva York escapado de una película de Scorsese, con una voz maleable que pasa de la blandura a lo gutural negro sin esfuerzos.


 Carlos Santana tiene otra gran virtud sobre el escenario: la libertad de lucimiento que ofrece a sus músicos, varios de ellos en solos memorables, poniéndose él mismo en un segundo plano y disfrutando junto al público y sus compañeros de ese instante.


 En el fondo, para más, hay un negrazo sublime (Milton Chambers), capaz de mantener en vilo al auditorio durante diez minutos a fuerza de delicadeza en los platos de su batería, que termina en un delirio en el que parece que va a destruir el instrumento.


 Pero el que está allí siempre es Santana, que emerge con su guitarra empuñada como un arma y su aspecto de Charles Bronson revivido, para herir el contrapunto con notas largas, de un disfrute incomparable, donde la fusión hace su efecto y todos los ritmos --jazz, latinos, africano-- están presentes.


 Además de homenajear a Jimmi Hendrix con un tema y lucir una colorida camisa con repetidos rostros del artista, reivindicó el papel de la mujer y lanzó diatribas contra la violencia mundial ejercida por George W. Bush.


 Alejandro Lerner --cuyo apellido fue pronunciado en inglés un par de veces ("Leno"), para confusión de muchos-- fue el intérprete invitado para uno de los temas finales.