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A 177 años del fusilamiento de Dorrego

Por Fabián E. Barda.


 El 13 de diciembre de 1828, el coronel Manuel Dorrego era fusilado en Navarro. Podría ser ése, acaso, el título de una crónica de un hecho del pasado de la patria cargado de violencia, cuya cotidianeidad en las provincias libres del sur, a casi 20 años de su revolución, no despertaría mayores sobresaltos para que los sectores del privilegio continuaran con su proyecto del orden de espaldas al interior, cuidando los intereses del libre comercio.




 La crueldad con la que "los de levita" justificaron el hecho no tiene antecedentes en las horas y los días de nuestros criollos y sí se reconocen en "otras justificaciones" que se repitieron como tragedia en la Argentina contemporánea.




 Varela, Agüero y Del Carril mofaban de "cabezas pensantes" para "la espada sin cabeza de Lavalle": "General --le decía Del Carril--, yo tenía y tengo la sospecha de que la espada es un instrumento de persuasión muy enérgico y que la victoria es el título más legítimo del poder. Hace 18 años que estamos en revolución, pero entre los que han combatido por el poder ninguno ha sido sacrificado hasta ahora entre nosotros. No por esto han dejado de morir muchos; el campo de Navarro está sembrado de cadáveres".




 Extraña interpretación, llamar revolución a la imposición del proyecto unitario, cargado de exclusión, sin raíz en un pueblo que había elegido un camino, trazado un sendero desde 1810.




 ¿Qué es aquello de que "ninguno ha sido sacrificado hasta ahora entre nosotros"? ¿Y por qué, precisamente, Manuel Dorrego? Cuánto cinismo en ese atisbo de "ingeniería social" que se repetirá en la historia del mundo; y mucho más cruel en la búsqueda de un supuesto acto ejemplificador.




 No en vano fue el sacrificio de Dorrego. No eligieron una víctima más, sino a la víctima, porque el gobernador de Buenos Aires representaba la expresión más pura del federalismo, era muy popular entre el paisanaje del suburbio, "los de poncho", despreciados por las clases propietarias.
¿Qué mayor sacrificio le podían pedir? ¿No era el mismo Dorrego que se encontraba estudiando leyes en Santiago de Chile cuando estalló la revolución y entusiasta se incorporó al Ejército? ¿No era el mismo que ganó fama de valiente en el Norte peleando en las batallas de Salta y Tucumán? ¿Víctima otra vez, o acaso, en el '16, cuando se opuso al proyecto monárquico pagó muy caro sus opiniones con la deportación y el exilio en los Estados Unidos? ¿Mayor sacrificio que el de haber finalizado la guerra con el Brasil, firmar un arreglo con la provincia de Córdoba y la decisión de concurrir a la Convención Constituyente, renunciando a la hegemonía de Buenos Aires sobre el interior?





 La víctima no era simplemente "uno de nosotros", sino él. El que tocaba los intereses del capital inglés, el que estaba convencido de que sólo a través de la voluntad popular se construye el poder político y el que soñaba y luchaba para que el sistema federal no sólo sea una palabra inscripta en el primer artículo de la Constitución Nacional.




 Qué equivocado estaba Lavalle. De nada sirven sus cartas, su remordimiento, sus tormentos. Apeló al juicio de la historia para juzgar "si el coronel Dorrego ha debido morir o no".




 ¿No estaba en el país de entonces? Porque el crimen cometido por Lavalle generó una ola de indignación. Las cartas de despedida que Dorrego envió a su esposa Angela, a sus hijas y a sus amigos, circulaban por doquier; en las pulperías se improvisaban cielitos sobre su injusta muerte, mientras en las tertulias se criticaba este acto de barbarie ejercido contra un gobernante legítimo.




 Desde entonces, la historia viene dando su veredicto. Lo trágico, lo lúgubre del paisaje de la patria es que se siguió buscando víctimas y no de "uno de nosotros", sino de ese pueblo que amó Manuel Dorrego; de ese pueblo que hoy sólo advierte ese "cielito y cielo nublado / por la muerte de Dorrego / enlútense las provincias / lloren cantando este cielo".




 Fabián E. Barda es profesor de Historia; ha ocupado y ocupa cargos en la Municipalidad de Coronel Dorrego.