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El día que nunca olvidaré Hoy: Luis Pedro Ponte Historia de una pasión periodística

14/11/2004 | 09:00 | Aunque algo alejado de la actividad, Luis Pedro Ponte es decano del periodismo bahiense. Todavía recuerda de memoria su primera nota, escrita en "El Atlántico", en 1948. Decía lacónicamente: "Se jugó ayer la final del campeonato bahiense de bochas. El ganador fue don Alfredo Dominella". ¿Por qué semejante síntesis ante una competencia que gozaba de tanta popularidad?




 Aunque algo alejado de la actividad, Luis Pedro Ponte es decano del periodismo bahiense. Todavía recuerda de memoria su primera nota, escrita en "El Atlántico", en 1948. Decía lacónicamente: "Se jugó ayer la final del campeonato bahiense de bochas. El ganador fue don Alfredo Dominella".


 ¿Por qué semejante síntesis ante una competencia que gozaba de tanta popularidad?


 --Mi comentario no pasó de ahí. Dominella había ganado 18 a 9 y su contrincante... ¡era yo! Me dio vergüenza poner mi nombre... y aguantar después las bromas.


 Fue el de las bochas uno de los deportes que acaparó su entusiasmo y en el que se destacó. Pero, en materia deportiva, el fútbol ya ocupaba el 95 por ciento de su corazón. Aunque confiesa que intentó practicarlo en las divisiones inferiores, pero no le fue bien. Pudo verificarlo cuando su entrenador lo entusiasmó mucho para que se dedicara a otra actividad.


 Eso sí, al fútbol lo vivió intensamente como periodista desde antes de ser periodista, profesión que abrazó con fervor.


 Ponte nació en un típico conventillo de inmigrantes ubicado en la esquina de Melo y Rocha, cerca del internacional Riachuelo y del doméstico Caminito. El primer resplandor amarillento del sol que contempló desde allí, sobre el fondo azul del cielo, lo incitó a amar los colores de toda su vida: los de Boca.


 --Viví en esa casa cuatro años. Cada vez que voy a Buenos Aires me doy una vuelta para ver si todavía está. Y sigue estando. Un viejo conventillo de dos pisos. Siempre me paro un rato a mirarlo. Sé hasta cuál es la pieza donde nací.
Durante la adolescencia, Ponte se trasladó con sus padres a Bahía Blanca. Pero en el '44, tras graduarse de perito mercantil y ser un experto en taquigrafía y mecanografía, volvió a la Capital donde le ofrecieron un puesto en los laboratorios de YPF, en Florencio Varela. En esa empresa permanecería 42 años y alcanzaría el cargo de contador en la divisional bahiense.



 Allí le despuntó la comezón periodística. Los domingos iba a ver a Boca y el lunes le escribía una carta a su padre con un comentario sobre el partido. Entre sus modelos sobresalía el relator Fioravanti, que ejercía el máximo doctorado en la universidad del fútbol. Medio país "presenciaba" los partidos a través de su voz.


 --Iba a ver el Boca de Vaca, Marante y De Zorzi. Sosa, Lazzatti y Pescia. Boyé, Corcuera, Sarlanga, Varela y Sánchez. Sosa fue uno de los jugadores más grandes que vi en mi vida. Hoy sería un superlativo.


 Su vocación de periodista adquirió visos de realidad en 1948, luego de presenciar el clásico que Boca le ganó a River 4 a 1. Y era el River de Pipo Rossi, Labruna, Pedernera, Loustau.


 Esa vez escribió el comentario, pero en lugar de enviárselo a su padre, se lo mandó a un amigo de "El Atlántico", Rodolfo Junquera, quien se lo alcanzó al jefe de Deportes, Valentín Pitiot.


 --Pitiot decidió publicarlo. Cuando me llegó el diario, casi me desmayo. No podía creerlo. Seis o siete meses después, en YPF me trasladaron a Bahía Blanca y lo fui a visitar. Me aceptó como colaborador y mi primer aporte fue aquella nota sobre el final del campeonato de bochas.


 Entonces, la difusión del fútbol mediante imágenes televisivas no existía y la propagación fotográfica de la imagen inerte caía en manos de dos grandes revistas: "El Gráfico" y "La Cancha".


 --Yo las leía de punta a punta. Me gustaba "La Cancha" porque usaba el lenguaje de la tribuna, aunque no vulgar, y comentaba todos los partidos. La dirigía López Pájaro, padre del actual comentarista Julio Ricardo.


 "Lo conocí en Mendoza, durante un congreso de periodistas deportivos y nos hicimos grandes amigos. Le comenté mi intención de consolidar el Círculo de Periodistas en Bahía Blanca y él me entusiasmó y me apoyó".


 Ponte se fue abriendo espacios en otros medios y ampliando su actividad a otros deportes. El atletismo, con sede en el Parque de Mayo, lo contó entre sus principales animadores. Y el boxeo, en su época de máximo esplendor, lo sumó a sus adictos de los viernes en el gran escenario del Salón de los Deportes. Durante 18 años cubrió la información para "El Atlántico" y hacía los comentarios para LU3 en las transmisiones de Paco Cabeza y Pablo B. Serrat.


 --Yo era un admirador de Fred Galiana y un día pude conocerlo en Bahía. Fue una figura descollante, igual que Nicolino Locche.


 Pero la pelea que más le impactó, no fue descollante sino trágica. Enfrentó en el ring de la calle Soler al porteño, de segunda línea, Aníbal Di Santi con un muchacho italiano radicado en Bahía, apasionado por la dura profesión.


 --Storti era una excelente persona. Un buen muchacho al que traté muchas veces. Recuerdo que la pelea empezó y siguió con un intenso intercambio de golpes. Se veía que Di Santi era más fuerte. Storti fue varias veces a la lona. Pero seguía aceptando con valentía el cruce. Hasta que en la octava vuelta cayó otra vez y no pudo levantarse. Intervino el médico y lo llevaron al Hospital Municipal. Uno o dos días después, murió. El sabor amargo de aquel desenlace nos duró mucho tiempo.


  * * *


 La amplia trayectoria periodística de Ponte, plasmada en diversos medios, le proporcionaría varias distinciones. Sus micros en LU2, Ayer y hoy, obtuvieron en 1993 el Premio Broadcasting. Mucho antes había recibido el Santa Clara de Asís por sus Semblanzas.


 Pero el premio perdurable que consiguió con su labor quedó depositado en manos de la ciudad. Permanece en la calle Martín Fierro 572 y es la sede del Círculo de Periodistas. Fue, en cierta medida, el fruto de sus desvelos.


 --Cuando volví de Mendoza, tras hablar con López Pájaro, les propuse la idea a don Abel Bournaud, Pensado y Roncoroni. Convocamos a una cena y formamos el Círculo. Se integró una comisión en la que a mí me nombraron presidente y a Tito Goyanarte, secretario.


 "Necesitábamos recaudar fondos, y con Cacho Barbieri y Goyanarte decidimos ir a verlo a Alberto J. Armando para que Boca jugara en Bahía un partido a beneficio.


 "Armando, presidente de la entidad, era una figura consular. Cuando llegamos a la sede de su empresa, nos dijeron que no podía atendernos porque estaba muy ocupado.


 "En ese momento vimos entrar al gran comentarista de Fioravanti, Enzo Ardigó. Lo paramos y le explicamos lo que nos ocurría. 'Esperen un momentito', respondió. Al rato volvió y nos hizo pasar. Le comentamos a Armando el motivo de la visita y nos prometió que en cuanto pudiera mandaría el equipo.


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 "Ni bien regresamos, yo publiqué un artículo en "El Atlántico". Terminaba diciendo: 'Veremos si don Alberto J. cumple'. Parece que se enteró, y me llamó por teléfono. 'El domingo está el equipo en Bahía', me dijo, contundente. Cuando informamos a la Liga, respondieron que no se podía suspender de un día para otro el campeonato local. Se lo transmití a Armando. Armando me reiteró, 'el domingo estamos allá'.


 "No sabía qué hacer, y lo llamé a Barbieri, que era jefe del Informativo de LU2. Ni bien cortamos, tomó el micrófono y lanzó al aire el gran anuncio: 'El domingo juega Boca en Bahía Blanca'. La noticia corrió como reguero de pólvora, impactó a la ciudad y sorprendió a la Liga, que, en medio de semejante expectativa, no tuvo más remedio que suspender la fecha, bajo apercibimiento de caer en una estruendosa impopularidad.


 "Después, con la intermediación de Armando, logramos que Liberti trajera a River. Con esos dos partidos compramos la casa".


Atento Fioravanti, aquí Bahía Blanca







 Las inquietudes periodísticas de Ponte --subordinadas a su visión ética y al sentido trascendente de la vida-- derivaron también en ambiciones literarias que plasmó en varios libros. Casi todos de semblanzas. Pero su figura inolvidable fue la del joven alumno del Don Bosco Mario Alberto Serrano, quien amaba las nieves eternas.


 --Era un chico muy bueno, muy estudioso, abanderado del colegio. Yo lo conocí por ser amigo de su padre y dialogaba mucho con él. Después se recibió de abogado, y se incorporó a la Gendarmería, donde alcanzó un alto cargo. En su corta trayectoria recibió ocho distinciones. Había formado su hogar y tenía un hijo. Pero no había podido borrar de su mente la gran pasión: la montaña. Su sueño era llegar a la cumbre del Everest.


 "Recorría mucho el sur, escalando cerros y atravesando cañadones y senderos que no conocían el rastro humano. En abril de 1969, la revista "Gente" les dedicó a él y a su amigo Yuri Skvarca cinco páginas a todo color.


 "Se preparaba para intentar algún día el asalto al techo del mundo, pero mantuvo la intención en secreto, porque su esposa se oponía a una aventura tan riesgosa. Cuando se lo anunció, ella, angustiada, le pidió que no fuera. No logró convencerlo y Mario partió al frente de una expedición de 13 miembros.


 "Iniciaron el ascenso en mayo de 1981. Estaban por llegar a la cima cuando Mario resbaló y cayó a un profundo abismo. Su mochila fue encontrada a unos 7.400 metros de altura. La cumbre está a 8.167. Ni siquiera lo pudieron rescatar. Todavía su cuerpo permanece allá, bajo las nieves eternas que tanto admiró. Tenía 34 años. El país entero se hizo eco de su muerte".


 La vida de este joven bahiense, que a pesar de su juventud dejó un testimonio perdurable, quedó reflejado en el libro Las nieves eternas", que Ponte escribió en 1991.


  * * *


 A través del Círculo de Periodistas y de su labor, Ponte dialogó con las figuras más fulgurantes de su tiempo en múltiples actividades: Pascualito Pérez ("la humildad con guantes de boxeo"), Oscar Ringo Bonavena ("puro chiste"), Fangio-Marimón ("un honor insuperable"), Atahualpa ("un trajinante de la música nuestra"), Roberto Goyeneche ("mi ídolo"), Héctor Gagliardi ("simpatía de corazón a corazón") y Jorge Luis Borges ("el vuelo más alto"), para mencionar algunos.


 Los más grandes periodistas deportivos del país, a través del Círculo, vinieron a Bahía Blanca: Ulises Barrera, Horacio Besio, Ardigó. Y el más cordial, José María Muñoz ("no admitió que hiciéramos ningún gasto. Incluso, cuando fuimos a pagar el hotel, nos dijeron que ya lo había pagado él").


 Por encima de todos, sobresalía el mito viviente de Fioravanti.


 --Era el gran maestro. Cuando lo trajimos a Bahía Blanca, hubo que trasladar la conferencia a la Biblioteca Rivadavia por la cantidad de gente que convocaba.


 Después Ponte mantuvo correspondencia con Fioravanti quien, el 9 de agosto de 1980, ya en el crepúsculo de su gloria, en una carta le decía:


 "El tiempo pasa, pero a los buenos amigos es difícil olvidarlos, sobre todo cuando se han compartido con ellos momentos inolvidables. Aquella, mi visita a Bahía Blanca está siempre en mi memoria".


 Y entre los preciados documentos que Ponte custodia con especial afecto figura una carta personal en la que Fioravanti le brinda una síntesis autobiográfica inédita de su trayectoria. Cuenta en ella:


 "Empecé efectivamente, en ALCA, la Voz del Gigante (ALCA, sigla de Alvarez y Cabana, sastrería 'la mejor de la Capital', Sarmiento y Cerrito, que ya no existe), el 5 de mayo de 1935, cuando ya era redactor de Noticias Gráficas. Me designaron pomposamente jefe del boletín que iba de 19 a 20, diariamente, por Radio Argentina.


 "Transmitíamos también dos partidos los domingos, uno por la emisora citada y el otro por Radio Prieto. Entonces no había conexiones, que inventamos después, y nos servíamos para la información de la revista "Alumni", que también adquirió 'nuestra organización'.


 "Formábamos dos parejas: Horacio Besio, entonces relator, y Fioravanti, comentarista. La otra, Angel Camuratti, relator, y El Bachiller, comentarista. Después se incorporaron Alfredo y Luis Arostegui, el primer relator olímpico, porque lo envió ALCA a los juegos realizados en Berlín en 1936. El grupo se completaba con don Juan Del Pitorreo (Don Esteban Murell, que era subjefe de Deportes de "Noticias"), un muchacho que hacía los 'deportes raros' y Pipiolo, que hacía turf.


 "Este núcleo se escindió en el '37 y yo pasé a ser comentarista de Lalo Pelliciari en Radio Stentor. Después, en el '41 me contrató Splendid como relator, a pesar de que yo quería ser crítico, ya que me consideraba periodista. Integraron el elenco Borocotó, Roberto Cherro, Nolo Ferreyra, Aitor Aramburu, Jorge Paz, Alberto Drago y Damián Cané. Estuve diez años en Splendid y después pasé a El Mundo, donde se incorporaron Enzo Ardigó y Horacio Besio...".


 Recuerda Fioravanti que una vez recorrió 10.000 kilómetros para realizar una transmisión que solo duró tres minutos. Ocurrió cuando José María Gatica, en medio del gran fervor nacional y con toda la fe de los argentinos depositada en sus puños, cayó en Estados Unidos, en el primer round, ante el campeón del mundo, Ike Williams.


 "Fui a seis mundiales como periodista o relator y a todos los Sudamericanos desde el '41 en adelante.


 "Estimo, amigo Ponte, que Ardigó fue mi mejor pareja y que, como comentarista, todavía no lo han superado".


  * * *


 En medio de tantos avatares, entre la quietud del barrio, sobre una avenida Parchappe todavía alborotada por el vaivén de la estación, Luis P. Ponte solía encontrarse con chicas que venían desde Punta Alta en el tren local para ir al colegio de La Medalla Milagrosa, donde estudiaban sus hermanas. Allí descubrió y fue asaeteado a primera vista por la presencia de Betty Giusti. Ella tenía 17 años; él, 19.


 Un día el destino los acercó un poco más, porque el padre de Betty abrió una fiambrería en San Martín y La Plata. Y comenzaron el noviazgo, tratándose de "usted", según los ritos del tiempo.


 Tienen dos hijos y tres nietos. Luis Pedro Ponte dejó de ir a la cancha para no tener que soportar tantos insultos y groserías. "Sigo apegado al fútbol de antes: Pontoni, Moreno, Tucho Méndez, Jaime Sarlanga, Ernesto Grillo, Sosa...". Entre los momentos de gloria que pudo presenciar figura el triunfo de Racing, primer campeón mundial argentino, sobre el Celtic en Montevideo, enviado por LU2 con un grupo de periodistas.


 Disfruta de los placeres del arte, en especial de la pintura. Posee una buena colección de obras de pintores bahienses. Y como no podía ser de otro modo, el tango forma parte de otra de sus maneras de sentir y expresar la vida. Una vida que empezó a recorrer bajo el sol de la Boca, entre los efluvios del Riachuelo y el bálsamo barrial de su recordado "Caminito", cuando todavía el paseo mitificado por el tango era una rústica callecita sin pretensiones turísticas.


fotos:

Con Atahualpa Yupanqui.

Junto al maestro Fioravanti.

José María Muñoz inaugura las clases en el Círculo de Periodistas.

Ante Fred Galiana, en el Salón de los Deportes.


















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