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Cita de invierno en los cuarteles

El comienzo de esta historia tiene ver con un sorteo de la Lotería Nacional, en el invierno de 1952. Número de orden: 796... Sorteo: 945... Decepción junto a la radio. Con esa cifra, a la Marina derechito. Hasta el 600 y pico, el servicio militar se cumplía en el Ejército; hasta el 800, Aeronáutica y de allí en más, dos años de Marina. Roberto Niello, José Rapaporte, Rubén Toledo y César Commizzo volvieron a compartir ayer las vivencias durante el servicio militar que cumpleron en 1953.
Cita de invierno en los cuarteles . Opinión. La Nueva. Bahía Blanca


 El comienzo de esta historia tiene ver con un sorteo de la Lotería Nacional, en el invierno de 1952.


 --Número de orden: 796... Sorteo: 945...


 Decepción junto a la radio. Con esa cifra, a la Marina derechito.


 Hasta el 600 y pico, el servicio militar se cumplía en el Ejército; hasta el 800, Aeronáutica y de allí en más, dos años de Marina.


 Por esos caprichos del bolillero, quien tenía la fortuna de sacarse un número bajo primero suspiraba aliviado y después celebraba la dicha de salvarse de la "colimba".


 Pero Roberto Niello, José Rapaporte, Rubén Toledo y César Commizzo no tuvieron esa posibilidad. A José, por ejemplo, le tocó el 861 y si bien dice que le correspondía Aeronáutica, en una base de Tandil, pudo quedarse en Bahía porque lo cambiaron por un conscripto norteño. Así lo destinaron al Regimiento 5.


 ¿Qué hacían hasta el momento de incorporarse?


 Rapaporte era empleado ferroviario y durante el servicio militar cobró el 50 por ciento del sueldo y le guardaron el puesto.


 Commizzo trabajaba como empleado de YPF. Dice que no recibió salarios, pero también pudo volver.


 Niello había dejado de estudiar y ayudaba al padre en su panadería.


 Medio siglo después de la baja, ya sin uniformes, claro, y con las legendarias libretas de enrolamiento documentando su condición de reservistas de la patria, los hoy abuelos desfilan por la memoria. Entonces el ayer se asoma por cada rincón y el ahora Batallón de Comunicaciones Nº 181 vuelve a ser el histórico Regimiento Nº 5 de Infantería.




 --A ver, reclutones... a ver cómo están esas pancitas. ¡Salto de rana...! --la voz de "bienvenida" del cabo de guardia en aquella mañana de 1953 regresa de repente. Pero ya no asusta.


 José Rapaporte cuenta que una vez incorporados a muchos los trasladaron al sur, sobre todo a tucumanos y a santiagueños, porque la mayoría de los bahienses y de la zona se quedó.


 --Cuando se terminaba el período de instrucción los conscriptos se destinaban de acuerdo con lo que sabían hacer. Unos manejaban los camiones, otros iban a las quintas, a los hornos de ladrillos, a las proveedurías o a los criaderos de cerdos.


 Rubén Toledo nació en Coronel Pringles y vive en Laprida, pero vino a Bahía Blanca acompañando a sus padres que habían encontrado empleo como mozos en el restorán Gambrinus: gracias a eso los tuvo cerca durante el servicio militar.


 --Cuando supe que tenía que incorporarme renegué muchísimo, pero tengo que admitir que en la colimba aprendí la importancia del respeto por el prójimo. Es el día de hoy que trato de usted a la mayoría de mis amigos.


 Roberto Niello estaba en la primera compañía y comenta que fue asistente del todavía teniente primero José Alonso, quien luego sería secretario de Jorge Rafael Videla en tiempos de su presidencia a partir de 1976.


 Commizzo dice que se desempeñó en una oficina del jefe de regimiento.


 --Me tocó formar parte de la sección Ametralladoras. Para que un arma de esas funcionara en aquellos tiempos se necesitaban tres soldados. Yo llevaba la valija con las municiones, el "Flaco" Fuertes, el trípode, y Soldabini, la ametralladora --cuenta Rapaporte.




 Tiempos de servicio militar, de expectativas, de cabezas rapadas y perfectas afeitadas, de emocionadas juras de la bandera, como aquella del 20 de junio de 1953, en el estadio de Olimpo, cuando los reclutas fueron ascendidos a soldados.


 --Entré en la primera terna para la jura porque estaba entre los más altos y en la primera compañía. La ceremonia fue inolvidable --indica José.


 Del período de instrucción, los cuatro coinciden en decir que era muy estricto y consistía en hacer diversos ejercicios, sobre todo físicos y muy exigentes: cuerpo a tierra, carrera march, saltos de rana, flexiones... Aunque lo más duro resultaron esos primeros 20 días sin permiso para salidas.


 --La colimba podía extenderse entre siete y 14 meses, pero lo primordial era tener buena conducta para ganarse la primera baja --recuerda Roberto.


 --Los jueves teníamos visitas y el regimiento se atestaba de gente. Esperábamos ansiosamente los paquetes con comida, porque la que nos daban en el Ejército era malísima. Cuando nos servían los guisos carreros todo se quedaba pegado al cucharón. En el mismo fuentón donde se servía el guiso a la mañana se preparaba el mate cocido. Comíamos sobre un plato de aluminio --señala José.


 Por eso cada permiso era valorado como un tesoro. Esas horas lejos del cuartel, gozando de la comida de mamá y en casita, no tenían precio.


 Claro que durante esas horas de franco el colimba seguía siendo colimba:


 --Si te llegaban a "pescar" de civil automáticamente te mandaban castigado al regimiento. Si ibas al cine y te encontrabas con un oficial, tenías que pedirle permiso para permanecer en la sala. Lo mismo pasaba en un baile. Por lo general te decían que sí. Y en el colectivo, si te enganchaba un suboficial sin darle el asiento a una persona mayor o a una mujer, te sancionaban --ejemplifica José.


 Al dejar el cuartel había que estar impecable. Siempre.


 --En la guardia te revisaban la cara, te miraban el pelo, controlaban el cinturón, los zapatos lustrados y hasta los botones. Si algo no estaba en orden no había salida --asegura Roberto, quien admite que así aprendió a valorar todo cuanto recibía en su casa; en especial, las atenciones de mamá.


 Por eso concluye:


 --No les vendría mal a los jóvenes de hoy hacer la colimba...

Album de recuerdos

El principio






 "Los primeros meses fueron terribles. Extrañaba mucho. Había que ser inteligente y amoldarse a las circunstancias, pero siempre aparecía algún loco que hacía líos y terminaba `en cana'." (Commizzo)

Las mañanas




 "Para las 6 teníamos que estar listos. Había que bañarse y cambiarse en dos minutos. Luego íbamos a la plaza de armas y después desayunábamos mate cocido, antes de comenzar las clases de teoría militar y las prácticas de gimnasia. Los fríos de antes eran terribles." (Niello)

Las tardes




 "Realizábamos ejercicios con los fusiles sin disparar. Algunas veces nos hacían sacar las camisetas y tirarnos cuerpo a tierra sobre un montón de cardos con espinas. Una vez por semana íbamos al polígono a practicar tiro." (Rapaporte)

Las noches




 "Muchas veces por culpa de uno pagábamos todos. Cansados, teníamos que salir a correr desnudos por el campo." (Rapaporte)

Oportunidad




 "Una vez tuvimos que poner diez centavos cada uno para comprar hilo, agujas, botones y tela. Me eligieron para hacer las compras y me dieron dos horas. ¿Qué hice? Me fui a mi casa y mientras la chica que limpiaba se encargaba del pedido, le pedí a mi mamá un bife con huevos fritos. Estaba desesperado..." (Niello)

Castigo




 "Durante el desfile del 20 de junio, yo iba sentado sobre un cañón y no pude resistir la tentación de desviar la vista hacia unas chicas. Justo me vio el subteniente Barbosa y me cortó el franco. Tuve que quedarme solo en el regimiento, pero fue una prueba de carácter. Al final me nombraron dragoneante." (Toledo)

Protagonistas
* Roberto Niello nació el 19 de junio de 1932 en Bahía Blanca.
Estudió hasta segundo año en Comercio y luego trabajó en una panadería. Casado, tiene dos hijas y está jubilado.
* César Ricardo Commizzo nació el 30 de agosto de 1932 en Bahía Blanca. Fue empleado administrativo en la ex firma estatal YPF. Viudo y padre de dos hijas, está jubilado.
* José Rapaporte nació el 17 de diciembre de 1932 en Bahía Blanca. Trabajó en una proveeduría. Jubilado, tiene dos hijos, cuatro nietos y un bisnieto.
* Roberto Iram Toledo nació el 1 de octubre de 1932 en Coronel Pringles. Fue fotógrafo. Casado, tiene dos hijos y cuatro nietos.

Los destacados de la clase
-- Héctor Montechiari (ciclista).
-- Dionisio Bustos (atleta).
-- Antonio "El Chaja" Paredes (futbolista de Bella Vista), Celso Carrasco (Villa Mitre), Oscar Eulech y Alberto Compagnoni (Libertad), Letel Gómez (Comercial).
-- Rubén Ferrandi (entrenador y dirigente de básquetbol).
-- Miguel Angel Martorelli (médico pediatra).
-- Heriberto Cornachioni (locutor radial conocido como Gustavo Gabí).