El milagro que sucedió a la vuelta de nuestras casas
El texto evangélico señala con claridad que los caminos del Señor son inescrutables y quienes quieren ver, pueden, para fortalecimiento de su fe, encontrar pruebas de ello bastante seguido.
La reciente llegada de Sor Giannandreina Toresco, la Superiora General de las Pequeñas Servidoras de la Sagrada Familia --la orden de religiosas encargada del Pequeño Cottolengo y dedicada a la atención de enfermos en distintos hospitales bahienses-- sirvió para sacar a la luz la noticia de un milagro con todas las letras sucedido en nuestra ciudad hace cuatro años a través de la intercesión de la Madre María Doménica Mantovani, cofundadora de las Pequeñas Religiosas.
Por estricto pedido de la familia receptora de lo que se considera como una "Gracia Divina", el hecho se había mantenido hasta ahora en la más absoluta de las reservas, por más que numerosos testimonios científicos debidamente documentados por integrantes de la Curia local --de acuerdo con rigurosas directivas emanadas directamente desde el Vaticano-- corroboran su veracidad.
La constatación de ese milagro fue admitida por la Congregación para las Causas de los Santos (últimamente muy activa) como prueba final para la beatificación de la religiosa, la cual será proclamada por Juan Pablo II en la plaza San Pedro el venidero domingo 27 de abril.
La proximidad de ese acontecimiento tan relacionado con nuestra ciudad y la especial significación que adquiere para la congregación cuyos destinos conduce motivó que, un poco fuera de programa, sor Giannandreina decidiera darse una vuelta por aquí para compartir dos jornadas intensas de trabajo, reflexión y oración con sus hermanas en instalaciones del Pequeño Cottolengo "José Nascimbeni", ubicado en el corazón de Villa Amaducci.
"Esta beatificación es el hecho más significativo para la historia de nuestra institución", definió la religiosa.
"A través del paso a la santidad de nuestra Madre María, la Sagrada Familia que ha iluminado su paso, podrá guiarse hacia la encarnación cotidiana del bien de acuerdo con las necesidades de los hombres de hoy y saber vivir la cotidianeidad y la normalidad como forma de vida y salvación", señaló.
En un clima de regocijo y expectativa, la Madre Superiora se encontró con un nutrido grupo de religiosas provenientes de nuestra ciudad y la región y, además de repasar la marcha de las diversas actividades encaradas por la congregación, las reuniones sirvieron para analizar lo relacionado con la beatificación, a cuya ceremonia central asistirá una delegación local que incluirá entre sus integrantes a la mismísima destinataria del milagro que hoy ya tiene 4 saludables años.
Entre las conclusiones a las que arribaron, figuró la necesidad de mantener lo más bajo posible el perfil del asunto, en procura de evitar sensacionalismos y, muy especialmente, cumplir con lo solicitado por la familia en cuyo seno aconteció la inexplicable sanación.
Así fue que, en presencia de su máxima superiora y tras recibir todas las garantías de que se cumpliría la exigencia de no revelar la identidad de la agraciada, las hermanas accedieron a anticipar un suceso que será noticia mundial cuando, el mismo domingo en que aquí se esté eligiendo a un nuevo presidente, haya una nueva beata para sumar al Santoral.
Esto fue lo que pasó. En resumidas cuentas, se consideró "milagro" a la siguiente historia: con mucho esfuerzo, y tras una primera experiencia plagada de complicaciones, un joven matrimonio bahiense logró traer al mundo a una nueva hija.
Sensibilizada por los problemas suscitados con el primer hijo (padeció hidrocefalia), después del parto, la madre demandó que la recién nacida permaneciera con ella la mayor cantidad de tiempo posible sin dejar que se la llevaran de la habitación.
Naturalmente agotada por el esfuerzo del alumbramiento, la mujer se quedó dormida con la beba en brazos, con tanta mala fortuna que la niña rodó desde la elevada cama del nosocomio y se precipitó desde más de un metro de altura, golpeando su cabeza contra el piso.
A poco del accidente, el diagnóstico fue terminante: la pequeña había sufrido una fractura en el cráneo que le producía una hemorragia cerebral severa.
Resignados y dada la condición de recién nacida de la víctima del golpe, los médicos arbitraron todos los medios que estaban a su alcance, hasta que emitieron su veredicto inexorable: "No hay nada más que podamos hacer, la lesión es muy grave".
Contagiada de la desesperación que embargó a todos por aquellos momentos dramáticos en el nosocomio de calle Necochea, la hermana Lisa --una de las integrantes de la Congregación que trabaja en el lugar-- tomó una medalla con una pequeña reliquia (más concretamente un trozo del hábito de la Madre María Mantovani), tocó a la niña y solicitó la intercesión ante Dios de la por entonces Venerable Madre María Doménica.
Sin que hasta hoy se supiera cómo pasó, la niña se recuperó y no sólo llamó la atención el hecho en sí, sino la rapidez con que este aconteció y, fundamentalmente, la total ausencia de secuelas que todos los estudios posteriores evidencian.
"Lo que sana no es la reliquia sino la fe. Sin fe en lo que representan, las reliquias no serían más que materia inerte, pero a través de ellas podemos conducir mejor nuestra Fe en Dios y pedir que se haga su voluntad", aseguró la Madre General.
Camino a los altares.
El camino a la santidad (o proceso de canonización) de un cristiano consta de distintos peldaños.
Primero, transcurridos no menos de cinco años del fallecimiento del candidato, se debe solicitar que se considere su postulación a los altares.
Para ello debe existir presunción de que esa persona vivió las virtudes cristianas en grado de heroicidad. En caso de que esto se constate, la propuesta se acepta y, a partir de ese momento, se habilita a que los fieles de todo el mundo puedan comenzar a rezar a Dios por intermedio de quienes reciben la denominación de "venerables".
Pese a ser el destinatario de una de las mayores devociones populares argentinas, en este estadío inicial del proceso se encuentra actualmente el joven indígena Ceferino Namuncurá.
A partir del momento en que pasa a ser "canónicamente lícito" invocar la intercesión de estos difuntos, se aguarda la obtención de una prueba irrefutable de que esas "gestiones de favores ante Dios", efectivamente, surtieron efecto.
Es decir, se aguarda que acontezca un milagro.
Se considera como tal, por caso, a una sanación absolutamente inexplicable desde el punto de vista científico.
Retomando el caso de Ceferino, puede decirse que se atribuyen al indígena cientos de curaciones, aunque ninguna de todas ellas, hasta ahora, ha logrado sortear con éxito el tamiz de los argumentos médicos.
Basta que se acredite fehacientemente un sólo milagro para que se declare al intercesor como "beato".
En este punto se encuentran actualmente dos nombres también muy vinculados a nuestra ciudad: el de Laura Vicuña y el de Artémides Zatti.
Con la constatación de un milagro más por parte de alguno de ellos alcanzará para su canonización o santificación, máximo grado de elevación en los altares católicos.
Con más de 250 nombres sumados al santoral desde que asumió en 1978, Juan Pablo II es el Papa más santificador de la historia de la Iglesia.
Claro está que Bahía Blanca no permanece ajena a esta aluvional demostración de que, por más que el mundo marche como marcha, la santidad puede ser algo bastante más cercano que lo que algunos suelen creer.
Así, por más que falleció en 1934 y nunca viajó a la Argentina, el arribo de la Madre María Doménica al anteúltimo peldaño de los altares, también tendrá desde ahora para siempre una íntima relación con nuestra ciudad y, con ese espíritu, es que las entrañables hermanitas del Cottolengo accedieron a compartir su alegría con el resto de la comunidad a la que pertenecen.
RECUADRO:
Entre Roma y Bahía Blanca. El mismo domingo en cuya mañana se producirá la beatificación en la plaza San Pedro, pero a las 20 y en la Iglesia Catedral, se realizará una Celebración Eucarística en Acción de Gracias por la beatificación de la Madre María Doménica Mantovani.