En aguas heladas

La nadadora montehermoseña que compitió en Europa y en China y regresó para contarlo

29/3/2020 | 06:30 |

Daiana Farrer se fue el 26 de diciembre del año pasado y llegó al balneario en la madrugada de este martes 17. Una vivencia inolvidable sorteando el coronavirus y sumando medallas.

Daiana Farrer en Jinan, China, donde compitió el 11 y 12 de enero en 25, 50 y 100 metros estilo libre. El agua estaba a 4°C. / Fotos: gentileza Daiana Farrer

Guillermo D. Rueda / grueda@lanueva.com

   “El agua helada me enseñó a entregarme por completo al presente, a confiar al 100 % en mis capacidades, a usar la mente a mi favor. No podemos ir por la vida divididos, dudando, conformándonos... Asumamos el compromiso de transformarnos en la mejor versión, de ir detrás de nuestros sueños, de lo que es real y verdadero. Abramos el corazón para poder recibir lo bueno. Merecemos ser completamente felices, aún en los malos momentos”.

   Extraído del diario de viaje de Daiana Farrer, la montehermoseña que el 26 de diciembre de 2019 se fue a vivir su primera experiencia competitiva de nado en aguas a menos de 3 grados a Europa y a China y que, tras regresar, este lunes 16, descansa en obligada cuarentena en la localidad balnearia.

El Amstel Ice, de Amsterdam, fue la primera competencia de Farrer, entre el 28 y 29 de diciembre. Participó en 50, 100, 200 y 500m. El agua: 5,2°C.

   A saber por lo que sucede por estas horas (días, semanas y meses), aquellas palabras cobran otra dimensión.

   “¿Cuándo me di cuenta del alcance del coronavirus? En realidad, casi al regreso a Argentina”, dice Farrer, en diálogo con La Nueva.

   “La semana pasada (por el lunes 9 de este mes) nos habíamos enterado que se había suspendido la competencia de Rusia, pero era ya cuando el virus había llegado a muchos países”, añade.

El 25 de enero, en Chiemsee (Alemania), una Ice Cup con agua a 4°C.

   “Eso hizo un poco de ruido, que se ratificó cuando el jueves el Gobierno argentino emitió el DNU de la cuarentena y que, al lunes siguiente, se iban a cerrar los vuelos desde Europa. Ahí todo cambió. Mi pasaje era desde Frankfurt para el domingo 15, pero vía Roma. Hablé con gente de la embajada argentina en Alemania, y también de Alitalia, porque no me quería quedar varada en Italia. Me aseguraron que saldría para Argentina. Si la respuesta era no, hoy no estaría en Monte… sino en Alemania”, relata.

   La montehermoseña debía regresar al país el 24 de febrero, pero cambió el pasaje para hacer más competencias y sumar para el ránking.

"Acá nadé mi primer kilómetro helado a 2,6 °C. Estuve 29m33s en el agua", dijo Daiana. Fue en el German Open de Veistbronn, el 6 de enero, y aparece junto a Ailén Lazcano Micaz, el doctor Sven Sudhoff y Victoria Mori (der.).

   Finalmente, hizo escala en Fiumucino a las 19.40 y, con retraso, a medianoche el vuelo salió para Buenos Aires.

   “Ezeiza estaba explotado. Me hicieron llenar la declaración jurada y me tomaron la temperatura con cámaras infrarrojas. Igual, el movimiento era normal, sin separación de un metro y medio entre las personas y con los comercios abiertos”, recuerda.

   Farrer tenía la combinación Aeroparque-Bahía Blanca, pero la perdió por el retraso.

En la premiación del Winter Swimming Championship de Bled, en Eslovenia, el 8 de febrero.

   “Al final salí a las 22.45. Mi familia me llevó un auto desde Monte, lo dejó estacionado y no tuve contacto. Manejé hasta mi departamento, ya estaba mi perra Mora y directo a la cuarentena”, afirma.

   “Y así estoy, en perfecto estado de salud. ¡En verdad, ya debo estar inmune si se tienen en cuenta todos los lados por donde anduve!”, sonríe.

El sauna de Chiemsee, en Alemania, tras una Ice Cup con agua a 4°C.

   En forma diaria, la deportista es contactada desde organismos sanitarios.

   “Nunca tuve un síntoma. Tampoco el grupo de nadadores y no se ha registrado ningún caso. Aunque no estuvimos en ciudades grandes y en China sólo pasamos una semana, del 8 al 15 de enero”, afirma.

   Como llegó al balneario en la madrugada de este martes 17, su cuarentena se extenderá hasta el 31 del corriente mes.

El aprendizaje

   “Si hubiera planeado cómo me podía salir esta experiencia, seguro que no era tan perfecta”, admite.

   “Cuando subí al avión di un salto de fe. Fui sin expectativas y todo lo que vino después fue mejor. Cada movimiento que di, era mejor que el anterior”, dice.

Salida en Zollhaus, en Neuhermsdorf, Alemania, con otra conformación física tras dos meses de entrenamientos y competencias.

   “El aprendizaje, como nadadora de invierno, fue exponencial. Aproveché la posibilidad de vivir un invierno con esas temperaturas”, relata.

   “A fines de enero me instalé junto a un lago que se congela, pero que tiene andariveles para nadar; y también saunas y una serie de comodidades. La gente del pueblo hace una inmersión, pasa por el sauna y luego sigue su vida. Es un ritual”, asevera.

Junto a Ailén Lascano Micaz, de Viedma, y Victoria Mori, la argentina campeona mundial en hielo, en German Open de Veistbron.

   “Estuve allí con Ailén Lazcano Micaz, nadadora de Viedma, y fue muy importante poder hacer uno o dos entrenamientos diarios, incluso por debajo de los 3 grados para, luego, ir a la pileta caliente para la faz técnica”, sostiene.

   “Vas forjando el carácter y aprendés a recuperarte. Yo viajé para absorber de todos, desde el nadador que hace 10 años que se dedica hasta el ciudadano común y corriente que lo realiza por costumbre”, indica.

Salida de competencia, junto a Mack Lars. ¡Y todos con camperas!

   En esta historia hubo una bisagra. Determinante para lo que sucedió luego.

   “La experiencia más sockeante fue cuando estuvimos en Veistbronn, en Alemania, durante la segunda competencia del Germain Open, donde nadé el desafiante y temeroso kilómetro como prueba única con 2 grados de temperatura”, recuerda.

 Entrenamiento en el lago Schliersee, con el agua a 1°C. En partes se ve congelado.

   “Los más rápidos lo hacen en 12 o 13 minutos, pero hay gente que está arriba de los 20 minutos, como yo. Es mucho tiempo, debés estar muy entrenado y con la cabeza preparada. Fue el 4 de enero, al día siguiente de mi cumpleaños, pero ese día estaba convencida de que lo podía hacer. De hecho, estaba sola en mi categoría porque se bajaron muchos cuando empezaron a dar la temperatura”, expresa.

   “Te piden una serie de requisitos para competir y no cualquiera puede hacerlo. También hay que tener un segundo (asistente, el alemán Mack Lars). Cuando me preguntaron cuánto tardaría, dije que lo podía hacer en 22 minutos, como si fuera una pileta. ¡Pero tardé 29m33s en mi primer kilómetro helado!”, dice.

Con el alemán Mack Lars, el segundo que la acompañó en varias pruebas.

   “Fue mucha la exposición, pero también un quiebre mental al estar todo ese tiempo en el agua sin parar. Comprobé que ya no tendría barreras, esas mismas que había llevado desde Argentina”, cuenta.

   “Lo hablé con la chilena Bárbara Hernández Huerta, con quien forjé una amistad, y nos sentimos mejor cuando fuimos a otras pruebas donde la temperatura era de 5 grados. ¡Ya no eran un cuco!”, sonríe.

   “Es otra la conexión con el agua y con el medio. Arrancar así fue muy bueno. Y hasta lo apliqué al resto de mi vida. Me decía: ‘Cuando estés complicada en una situación de la vida, acordáte de este kilómetro. Y de todo lo que sos capaz de hacer’. Y empecé a disfrutar”, añade.

En el glaciar Hintertux, en Austria, en un entrenamiento: agua a --0.4 °C.

   “También fue crucial para los nados. El cuerpo se fue adaptando molecularmente a esta situación de frío; cambió casi el 100 %, pero no sólo por un menor peso, sino por la contextura para la actividad. Y la mente también”, indica.

   Daiana Farrer dice que los podios son anecdóticos, pero regresó con 15 medallas (algunos primeros puestos) y varios trofeos.

Medallas y trofeos, en la obligada cuarentena del departamento de Dr. Zabala al 800.

   “Tengo que admitir que me fue bien y, en mi categoría siempre tuve podios, excepto en el mundial, donde éramos un poco más de competidoras. Pero en Polonia, por ejemplo, quedé tercera en la general”, detalla.

   Gracias a los esponsors, Farrer pudo competir, y entrenar, en Alemania, Holanda, China, Eslovenia, Austria, República Checa y Polonia.

   “Los resultados se los quiero transferir a ellos. Es toda gente que conozco desde que arranqué y ahora me hizo el aguante. Ojalá puedan estar para la próxima temporada”, augura.

Monte Hermoso presente, en la escenografía del invierno europeo.

   Más allá de la representación de Monte Hermoso, la nadadora se valió de recursos privados para esta incursión. El resto de las argentinas, que también fueron a la gira europea y china, tuvo apoyo apoyo municipal y, hasta provincial, como en el caso de Río Negro.

   La deportista montehermoseña, de 34 años, está dentro del top 20 (19) del mundo en los 500 metros de la IISA y 32º en los 1.000 metros, en la misma entidad. De haber competido en todas las pruebas de la temporada de invierno europeo (por razones de presupuesto), acaso se hubiera ubicado en el top 10 de ambos ránkings. Y en la Winter Swimming Cup ocupa el puesto 14.

Romper la estacionalidad

   “¿El futuro? Me encantaría transferir la experiencia europea en el país. A nosotros nos falta muchísima infraestructura, pero se puede y sólo hay que proponer y desarrollar la idea. Y contar con alguien que lo impulse”, dice.

   “Tenemos muchos lagos acá. Allá, por ejemplo, hay uno con un hotel enfrente y para los fines de semana de invierno arman un curso, con entrenamiento, jacuzzi, sauna y comida. Todo en el mismo lugar”, explica.

En el Winter Swimming Championship de Bled, también en Eslovenia.

   “En Monte hay una laguna donde se podría armar una pileta e incorporar saunas. Y, en el mar, con algún parador que se adhiera y pueda funcionar en el invierno para romper la estacionalidad”, imagina.

   La temperatura de la laguna Sauce Grande varía entre los 5 y los 6 grados.

   “Sería bárbaro concretar una experiencia de este tipo”, concluye Daiana. Y se ilusiona.

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