Las zonas francas de la nueva economía

27/2/2021 | 09:54 |

En Argentina deben ser definidas como plataformas de comercio exterior, con beneficios y cumplimiento de normas internacionales, para agregarle valor a la producción, generar empleo y atraer inversiones.

Por Lisandro Ganuza

Director del Ente ZFBBCR

   La UNCTAD en su informe anual sobre las inversiones en el mundo del año 2019 reconocía que hay casi 5.400 Zonas Económicas Especiales en 147 economías, en comparación con 4.000 hace 5 años, mientras que otras 500 zonas estaban en proyecto.

   El 75% de las zonas francas están en Asia y solamente tiene China tiene más de 2500 ZEE´s. Por nuestro lado, en América Latina hay más de 600 ZF´s que generan más de 1 millón de empleos directos.

   Las zonas francas de Argentina son prehistóricas porque no cumplen con los lineamientos básicos del comercio internacional y la producción de bienes y servicios que imperan en el mundo desde hace más de 25 años, del que claramente China es uno de los actores fundamentales que representa el 19% del PBI y por sus Zonas Francas pivotean el 47% de sus exportaciones, definición que destaco para no entrar en debates sin sentido sobre el comercio global.

   Nuestras Zonas Francas son pre OMC y a partir del mismo texto de la ley no se cumple con su mismo espíritu que es el tener enclaves con beneficios para producir y venderle al mundo, es por eso que desde el Consejo Federal de Zonas Francas venimos promoviendo la actualización de una ley que ha tenido su mayor utilidad en almacenaje para importación.

   Solamente en América Latina tenemos distintos tipos de Zonas Francas y que más allá de la visión que hemos tenido las 17 Provincias y el GCBA que firmamos el proyecto, pueden surgir distintas visiones de la utilidad que pueden tener las Zonas Francas para promover nuestro comercio exterior pero no podemos volver a equivocarnos como en 1994 cuando ley estableció lo contrario del espíritu para el que se crearon.

   Así podemos pensar en zonas francas para sustitución de importaciones como es el caso de Manaos y que fue pensada para abastecer al mercado interno con mejoras tecnológicas mientras se promueve el desarrollo de toda una región a partir de beneficios fiscales. Automóviles, motos y electrónica se establecieron en Manos como su lugar natural de fabricación para abastecer el mercado interno de Brasil, pero en ningún caso se pensó en plataformas de exportación y hoy se encuentran en plena revisión.

   Por otro lado, podemos enfocarnos en servicios como es el caso de Uruguay, y que a partir de beneficios se utiliza de plataforma de servicios de exportación como son los casos exitosos de Zonamerica, Parque de las Ciencias, World Trade Center y Aguada Park. Con beneficios fiscales –tasa cero de impuesto a las ganancias -, seguridad jurídica y técnica, las zonas francas de Uruguay han logrado convertirse en un verdadero modelo como hub de servicios para todo Latinoamérica.

   Otras zonas francas por cuestiones normativas –EEUU- o geográficas –Panamá- se han enfocado en almacenaje y logística, pero en ningún caso se prohíbe el ingreso al mercado interno y solamente en Estados Unidos representa el 5% de las exportaciones y el 10% de las importaciones de una de las dos primeras economías del mundo.

   México desarrolló la maquila que son enclaves francos de producción industrial sin pagar aranceles, pero requieren que todos los productos vuelvan al país de origen. Este programa está destinado básicamente al mercado de EEUU.

   Finalmente hay zonas francas que complementan logística y almacenaje, con servicios y producción industrial sin distinguir entre mercado interno y exportación, como es el caso de Colombia con sus más de 110 zonas francas y países como Costa Rica y República Dominicana, los que por el tamaño territorial y de economías son principalmente para atender mercados de gran demanda. 

   Ninguno de los modelos que hemos visto se pueden trasladar de manera exacta a nuestro país –ni a ningún otro-, tan solo por las diferencias geográficas, sociales, económicas y culturales que existen con los diferentes países de Latinoamérica y que son con quienes competimos de manera directa para la atracción de inversión extranjera. 

   La pandemia ha acelerado procesos y la nueva economía aún no ha vuelto a carretear, pero América Latina puede beneficiarse de la reconfiguración de cadenas globales de valor y logística.

   Para eso, como viene sosteniendo el BID-INTAL es fundamental la integración regional, la inversión en infraestructura, la simplificación burocrática y la facilitación para el buen clima de negocios.

   Para estar altura de la nueva economía y ser competitivos debemos tomar la decisión de hacer de las Zonas Francas un actor fundamental de nuestro comercio exterior como hizo la China en 1979, pero claramente debemos definir un modelo en el que las normas acompañen su espíritu, al contrario de la experiencia de la Ley 24.331 de 1994. 

   Personalmente estoy convencido que el nuestro no debe ser un modelo de zonas francas comerciales o solamente logísticas, sino por el contrario deben ser productivas a partir de definirlas como plataformas de comercio exterior con beneficios y cumplimiento de normas internacionales para agregarle valor a nuestra producción de bienes y servicios, generar empleo y atraer inversiones.

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