Bahía Blanca | Jueves, 06 de octubre

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La violencia, ese mal que exige justicia

Ante un hecho delictivo, una justicia adecuada.

   Es realmente impactante y conmovedor el video, difundido y replicado por todos los medios, del adolescente de 17 años de edad que golpea a un hombre de 60 años, en el marco de una discusión por su supuesto rayón de un automóvil.

   La brutalidad de la agresión, la disparidad de fuerzas entre los dos protagonistas y sobre todo lo inesperado del golpe hizo que la víctima no tuviese oportunidad alguna siquiera de cubrirse y tuvo consecuencias mayores para el agredido.

   Es claro y evidente que el agresor tenía la decisión de golpear, porque se advierte en las imágenes que la hermana hace un intento previo por tomarlo del brazo y antes del golpe se aleja del lugar para evitar sufrir alguna consecuencia.

   También el joven desplaza a su madre, como pidiéndole un poco de espacio para poder desarrollar su agresión de mejor manera. Con todos los familiares del agresor conscientes de lo que iba a hacer, hay una complicidad manifiesta antes que un ánimo de evitar semejante conducta.

   Como consecuencia del golpe, el playero cayó inconsciente sobre el pavimento, sin ningún tipo de respuesta física, golpeando su cabeza contra el mismo y debió ser internado en una clínica, con pronóstico reservado, trauma craneoencefálico y una hemorragia intracerebral y subdural.

   Dos días demoró el fiscal de la causa en solicitar la detención del agresor, quien además de ser menor de edad tuvo el tiempo suficiente para profugarse.

   No es difícil saber que un joven que golpea de semejante manera –artera, inesperada, salvaje—a un hombre de 66 años, puede causar daños importantes. Son claras las consecuencias posibles de semejante conducta.

   Como siempre lo que se espera es justicia. En todos los alcances. Para el agresor, primero, y luego una demanda civil que repare el daño causado. Ser menor no debe, al menos en este caso, ser un atenuante.