Informe del Ieral

Cosecha 2020/2021: ¿compensarán los precios internacionales el eventual daño por una sequía?

1/11/2020 | 06:30 |

Los incrementos de las últimas semanas, tanto en los mercados de disponible como de futuros, marcan una tendencia. La cosecha venidera apunta a un valor de mercado de entre 33.000 y U$S 39.900 M.

Cosecha en el territorio bonaerense. / Fotos: Archivo La Nueva. / Gráficos e infografías: Ieral

Guillermo D. Rueda / grueda@lanueva.com

   Para Juan Manuel Garzón, economista jefe del Instituto de Estudios Económicos sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana, de la Fundación Mediterránea, para que la próxima cosecha valga menos que la actual, debería observarse un gran daño sobre la producción (léase sequía de intensidad fuerte) y/o una baja importante en los precios internacionales respecto de los niveles hoy esperados.

   “Si bien faltan varios meses para que se complete la siembra, se coseche y salgan al mercado los principales productos agrícolas de la nueva cosecha 2020/2021, la buena noticia es que la suba de los precios internacionales observada en las últimas semanas, tanto en los mercados de disponible como de futuros, podría compensar pérdidas de producción asociadas a eventos de sequía de intensidad leve y hasta moderada”, aseguró.

Juan Manuel Garzón, economista jefe del Ieral.

   “De ser así, el valor de la próxima cosecha, entendido por ingresos por ventas, superaría a la campaña que está completando su ciclo comercial”, sostuvo.

   Garzón explicó que si los rindes medios de los cultivos de verano se ubicasen entre un 5 % y 15 % por debajo de los tendenciales, impactados por una posible sequía de una intensidad entre leve y moderada, y los precios internacionales se mantuviesen en niveles cercanos o superiores a los que se observan hoy en los mercados de futuros, la próxima cosecha tendría un valor de mercado de entre 33.000 y U$S 39.900 millones de dólares, según las distintas combinaciones, con una variación de ingresos respecto a la campaña previa de entre U$S 137 y U$S +6.809 millones. 

   También dijo que, en los eventos de sequía, la productividad de los cultivos sufre más en algunas regiones que en otras y, por ende, las primeras requieren precios de venta más elevados que las segundas para compensar los volúmenes perdidos.

   “Así, la compensación que surge a nivel del agregado país en los escenarios antes planteados, no necesariamente aplicará a cada una de las zonas de producción. Más aún, sería de esperar que, en el caso de una sequía, algunas regiones agrícolas pierdan ingresos el próximo año; incluso, en un contexto donde esto no sucede a nivel nacional”, afirmó.

Las expectativas

   Garzón recordó la necesidad, desde el Gobierno, de contener la demanda de dólares hasta el primer trimestre de 2021, cuando se prevé el ingreso de divisas de la nueva cosecha de cultivos de verano. ¿La expectativa? Que este aumento estacional de la oferta facilite la estabilización del mercado y reduzca las presiones sobre el tipo de cambio oficial.

   En condiciones climáticas desafiantes, en el campo recién está arrancando la siembra de los cultivos de verano, liderados por girasol y maíz.

   “También hay una gran volatilidad en los precios internacionales de las commodities y, por lo tanto, todas las estimaciones que se puedan realizar en el presente bajo este contexto deben ser tomadas con precaución, dado que se irán modificando a medida que avance el nuevo ciclo”, manifestó.

   De acuerdo con el informe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA), en el país se estima un área sembrada de 6,3 millones de hectáreas de maíz y de 17,2 M/H de soja, sólo para tomar los dos cultivos líderes. Se trata de una superficie menor a la del ciclo previo en el caso del cereal (-3,1 %, 200 mil hectáreas) y levemente mayor en el de la oleaginosa (+0,6 %, 100.000Has.).

“El fenómeno de aumento los precios internacionales de las commodities agrícolas ha continuado firme durante octubre”, dijo Garzón.

   La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), en tanto, tiene proyecciones similares: reducción de área sembrada para maíz (-3 %, 260 mil hectáreas) y aumento del área sojera (+0,6 %, 100.000 Has.).

   “Ya sea por las condiciones climáticas, los precios relativos y/o aspectos económicos y financieros, ambas instituciones empresarias especializadas en el comercio de granos están esperando que la soja gane algo de tierras y lo contrario suceda con el maíz”, dijo Garzón, en el Informe de Coyuntura del Ieral.

   “De todos modos, habrá que ver si efectivamente se da este fenómeno y con qué intensidad. Hay tiempo todavía para rever planes de siembra, particularmente en zonas donde los maíces tardíos vienen mostrando buenos resultados productivos”, agregó.

   Comentó el analista que, a diferencia de las bolsas, el ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación (MAGyP), en su último informe disponible de estimaciones agrícolas de septiembre, estimaba una superficie maicera para el nuevo ciclo similar a la del año previo. Para el mes que concluyó ayer, sábado 31, se podrán ratificar o rectificar esos números.

“El Gobierno aguarda que este aumento estacional de la oferta facilite la estabilización del mercado”, manifestó Garzón.

   También para la BCBA, este año el girasol también estará perdiendo superficie: de 1,6 millones de hectáreas a 1,4 M/H, situación que es coincidente con las estimaciones del MAGyP, y que se explica por la ausencia de lluvias en provincias como Chaco y Santiago del Estero.

   En sorgo, la BCBA aguarda una recuperación de la superficie bajo siembra. Se pasaría de 750 mil a las 850.000 hectáreas (+100 mil). El MAGyP es un poco más conservador con el aumento: +50.000 hectáreas.

Los precios

   Garzón comentó que el fenómeno de aumento los precios internacionales de las commodities agrícolas ha continuado firme durante octubre.

   “En lo que va del mes, la soja en puertos argentinos se ha pagado, en promedio, un 8 % más que en septiembre, mientras que en el maíz, también de puertos nacionales y el trigo (golfo de México) los incrementos han sido de un 9 % y 11 %, respectivamente”, dijo.

  Los precios medios internos (Cámara Arbitral de la Bolsa de Comercio de Rosario), subieron aún más que los externos en el caso de la soja y el maíz (18 % y 17 %, respectivamente) y un poco menos en el del trigo (+7 %).

En cuanto a cotizaciones locales, se trata del segundo mes consecutivo con mejoras porcentuales de dos dígitos en el caso de la soja y el tercer mes en el del maíz.

   “Sucede que, por detrás de este rally alcista, se encuentran no sólo la mejora de los precios internacionales, sino también una sostenida, aunque de menor magnitud relativa, depreciación del tipo de cambio oficial, que es casi el 3 % mensual promedio en últimos meses”, aseveró.

   “En el caso de la soja, se suma, adicionalmente, la baja temporaria de 3 % de derechos de exportación establecida para el mes de octubre, cuando pasó de 33 % a 30 %”, detalló.

   “El recorrido alcista de los precios de los granos es muy buena noticia para las expectativas de cara a la próxima campaña. Esto es, se forman en base a componentes ‘adaptativos’, lo que está pasando hoy en el mercado, y ‘racionales’, lo que puede suceder en el futuro en función de condiciones de oferta y demanda esperadas”, comentó.

   “También es positivo para el remanente de granos producidos en el ciclo vigente, pero que no ingresaron aún al circuito comercial, ya sea industrial o de exportación”, sostuvo.

   Garzón añadió, respecto de este último punto, que se está produciendo una importante mejora en el valor de las existencias de las empresas agropecuarias y, en definitiva, de un componente de la riqueza del país.

   ¿Las existencias? A fines de septiembre quedaban unas 24 millones de toneladas de soja del ciclo 2019/2020 no comercializadas. La cifra estaría bajando a 22 M/T a fines de octubre.

   “Para el cortísimo plazo, y considerando la necesidad de reactivar la economía e incrementar el ingreso de divisas, no está claro si esta revalorización de los granos juega a favor o en contra”, dijo.

   “Una tendencia alcista que se perciba firme puede espaciar, siempre que lo permitan la necesidad y la situación financiera de los actores, la venta de los granos en stock, y también la de sus derivados industriales, y más aún si esta tendencia se basa en una expectativa de devaluación del tipo de cambio oficial, por la creciente brecha cambiaria”, explicó.

   “Por otro lado, si se intuye que la tendencia alcista puede revertirse en cualquier momento, y/o se considera que los precios están en buen nivel de compra respecto de otros bienes de la economía, como insumos, bienes de consumo durables o bienes de capital, debería esperarse una comercialización más fluida”, añadió.

   El economista de la Fundación Mediterráneo dijo que si se toma como referencia lo que ha sucedido con la comercialización de la soja en las últimas semanas, en ventas a la industria o el sector exportador, con precio cerrado, y según los registros del MAGyP, no se advierte una aceleración o un mayor apuro por parte de los productores por desprenderse de estos granos.

   En las dos primeras semanas de octubre, se han vendido en promedio 535.000 toneladas semanales, respecto de las 521.000 de septiembre, que son menores a las 599.000 de agosto o a las 626.000 toneladas de julio.

   En el caso del maíz, las ventas semanales se han reducido significativamente: de 618.000 toneladas semanales en septiembre a 317.000 toneladas en dos primeras semanas de octubre, que terminó ayer.

   “De todos modos, en maíz no puede perderse de vista que queda mucha menos producción disponible para vender que la que se dispone en soja. Es decir, es esperable que, a esta altura del ciclo, la comercialización vaya menguando”, aclaró.

   “Si bien exigiría un análisis contrafáctico, lo sucedido con la soja en lo que va de octubre; el hecho de que no haya prácticamente diferencias entre el ritmo de ventas de este mes con el previo, estaría confirmando la presunción acerca del reducido impacto que iba a tener la baja temporaria de 3 % en los DEX”, dijo.

   “Esto no sólo porque la baja no era cuantitativamente potente, sino también porque el cambio se estaba implementando en un contexto donde otros factores, muy relevantes para la decisión de venta, estaban empujando en dirección contraria: suba de precios externos y aumento de brecha cambiaria”, sostuvo Garzón.

Los perfiles necesitan precipitaciones

   La principal característica de buena parte del otoño, el invierno y las primeras semanas de la primavera ha sido la inusual ausencia de precipitaciones en gran parte de la zona productiva, particularmente el centro y el norte del país.

   “A mediados de octubre, los modelos que elabora SISSA, a los efectos de estimar el estado de la sequía en el sur de Sudamérica, mostraban situaciones de sequías severas, extremas y excepcionales en una gran franja central del país, situación que no se verificaba en el mismo mes del año pasado, a excepción del sur de Córdoba, La Pampa y sur de Buenos Aires”, señaló.

   Se puede apreciar, también, que hay una zona de Brasil, en el centro oeste (estados de Mato Grosso y Mato Grosso del Sur), bastante afectada por la sequía, aunque la situación, a diferencia de lo que acontece en Argentina, no parece ser tan distinta a la del año pasado.

   “Afortunadamente, en esta última semana se está desarrollando un importante ciclo de lluvias, que traerá alivio a buena parte del área más afectada”, aseguró. De todos modos, los perfiles de los suelos necesitan aún bastante más agua para volver a la normalidad.

   “No debe perderse de vista que el ciclo 2020/21 se muestra desafiante en materia climática al desarrollarse bajo una fase Niña del fenómeno ENOS que, en ocasiones anteriores, ha coincidido con fenómenos de sequía, desde leve, baja, intermedia y hasta fuerte intensidad, en buena parte del territorio nacional”, añadió.

   También dijo Garzón que las bajas reservas de humedad actuales condicionan la elección de las fechas de siembra más óptimas e, incluso, generan incertidumbre respecto de lo que puede acontecer en los meses venideros en un contexto de fase Niña del ENOS.

   “A priori, y en términos generales, un escenario climático de las características actuales tiende a reducir superficie sembrada y rindes medios esperados, e inclina, ceteris paribus, el resto de variables, como la decisión de siembra hacia cultivos menos demandantes de agua; por caso, soja en vez de maíz”, explicó el economista del Ieral.

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