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Vuelve, vuelve primavera…

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Vivimos enredados en el clima, con datos que abren o cierran cada informativo radial. Pronósticos, sensación térmica, velocidad del viento, alertas de diferentes colores, ciclogénesis, El Niño, La Niña, el ozono y su agujero.

Los pronosticadores se han convertido en personajes populares. Cada uno de nosotros dispone de datos online y pronósticos extendidos en la pantalla del celular. Lo notable es que difieren unos de otros según la aplicación, lo que provoca controversias inverosímiles. Uno afirma que en su celular hay un 90% de probabilidades de lluvia. El otro le responde: «En el mío no aparece lluvia».¿Quién tiene razón?

El pronóstico se ha convertido en palabra santa. No contemplamos la equivocación y, a veces, olvidamos que pueden fallar, simplemente porque un pronóstico es eso: un pronóstico, no una certeza.

Los programas sobre fenómenos naturales tienen rating. Algunos intrépidos se acercan, con cámara en mano, al corazón de huracanes y tornados del Caribe para medir la velocidad del viento.

El cine, como la vida, recurre a la luz y al color para ambientar los sets de comedia y utiliza la gama de tonos grises y oscuros en los guiones dramáticos.

El invierno que transcurre se asemeja a una película en blanco y negro.

Amigos de diferentes lugares coinciden en que este invierno es mucho más duro que los anteriores. Converso con ellos: sienten decaimiento, desánimo, y lo atribuyen a la falta de luz solar. Aunque no lo veamos, el sol siempre está, pero no sabemos dónde.

Eso de vivir semanas de días cortos y noches largas, sin sol, con neblina y frío polar, es paisaje habitual en los países nórdicos. Acá solo lo vemos en las series policiales de Netflix filmadas en Islandia, Noruega o Suecia. Los países nórdicos son maestros del género.

La ausencia de sol puede cambiar el carácter y el estado de ánimo. La falta de luz natural influye en nuestros ritmos biológicos y en la producción de sustancias que intervienen en el sueño y el estado de ánimo. En el interior de nuestro organismo se libra una silenciosa disputa entre serotonina y melatonina.

La luz del día favorece un estado de mayor alerta y bienestar. En el otro rincón, la melatonina, cuya producción aumenta con la oscuridad, prepara al organismo para el descanso. Cuando los días se vuelven grises y las noches parecen interminables, el cuerpo lo siente.

Los especialistas recomiendan salir a caminar al aire libre durante las horas de mayor claridad. Quedarse inmóvil entre cuatro paredes —como en los tiempos del Covid— es darle por ganada la batalla a la melatonina.

Transitamos la mitad de este invierno duro y gris. A comienzos de la década del 60, Johnny Tedesco inmortalizó un hit del rock mexicano: «Vuelve, vuelve primavera». Hoy es clamor nacional.
Siempre es aconsejable tener a mano aquella frase atribuida a Albert Camus: «En medio del invierno, me di cuenta de que había en mí un verano invencible».

Faltan menos de diecinueve semanas para el verano, pero, según algunos pronósticos, podría llegar antes en forma de temperaturas más elevadas y fenómenos meteorológicos extremos asociados a la variabilidad climática y a la evolución de El Niño.

No sea cosa de que durante el próximo verano el clamor sea: «Volvé, invierno, te perdonamos…».