Del exilio a la memoria: el homenaje a un héroe del Holocausto que vivió en Bahía Blanca
El Cementerio Británico de Buenos Aires inaugurará un monolito en memoria de Florin Manoliu, diplomático rumano que arriesgó su vida para salvar a miles de judíos durante el Holocausto y que luego se radicó en Argentina. John Hunter, presidente de la Comisión Directiva del cementerio, relata su historia y el significado de este homenaje.
En tiempos donde la barbarie parecía imponerse sobre la dignidad humana, Florin Manoliu eligió el camino más difícil: arriesgar su propia vida para salvar la de otros. Su acción, silenciosa y valiente, permitió que más de 4.000 judíos escaparan de la maquinaria del exterminio nazi.
Cada pasaporte entregado, cada documento diplomático protegido, fue mucho más que un trámite: fue una oportunidad de preservar familias enteras, de sostener la esperanza en medio del horror. Recordar a Manoliu es recordar que incluso en los momentos más oscuros, una sola persona puede marcar la diferencia.
“Soy John Hunter, Presidente de la Comisión Directiva del Cementerio Británico de Buenos Aires. Desde mi función institucional, trato de preservar, investigar y difundir la memoria histórica de las personas sepultadas en nuestro cementerio. Mi relación con Florin Manoliu surge de ese compromiso: él está sepultado aquí y su historia representa un ejemplo extraordinario de coraje moral. Mi tarea ha sido investigar su trayectoria, recuperar su legado y promover el reconocimiento público que merece”, explica.
John Hunter
Florin Emanoil Teodosie Manoliu nació en Iasi, en la región rumana de Moldavia, el 7 de marzo de 1904. Estudió Derecho en su país y luego en París, Francia, se graduó como economista. En julio de 1943 fue designado como consejero económico en la embajada rumana en Berna, Suiza. Durante la Segunda Guerra Mundial se desempeñó como consejero económico de la Legación de Rumania en Berna, donde jugó un papel crucial en la difusión internacional de los Protocolos de Auschwitz.
"Manoliu se puso en riesgo en varias ocasiones para rescatar judíos mediante la entrega de pasaportes salvadoreños. Después de la guerra, se negó a unirse al Partido Comunista en Rumania, su carrera quedó efectivamente paralizada, y en julio de 1947 fue arrestado y su propiedad confiscada. Florin Manoliu abandonó su país y, con su pasaporte diplomático, llegó a Praga y desde allí a Suiza, donde solicitó asilo político. Medio año después, se trasladó con su familia a Italia y luego a la Argentina donde se desempeñó como profesor universitario en Bahía Blanca", recuerda Hunter.
El 12 de julio de 2001, Yad Vashem —la Autoridad para el Recuerdo de los Mártires y Héroes del Holocausto— le otorgó la Medalla de Justo entre las Naciones, inscribiendo su nombre en el Muro de Honor del Jardín de los Justos en Jerusalén.
"Ese título reconoce a quienes, siendo no judíos, arriesgaron sus vidas de forma desinteresada para salvar a judíos perseguidos durante el Holocausto. En América Latina y España, los reconocimientos fueron principalmente a diplomáticos que desafiaron las órdenes de sus gobiernos. Manoliu se naturalizó argentino en 1951 y seguramente es el único de ellos sepultado en nuestro país", señala Hunter.
Mañana, domingo 12 de julio, coincidiendo con el 25 aniversario de su declaratoria como Justo entre las Naciones, se inaugurará un monolito en su memoria.
"El monolito estará en el Cementerio Británico de Buenos Aires y tendrá un código QR que permitirá conocer una reseña biográfica de Florin Manoliu. Fue una gestión del propio cementerio, y responde también a que sus restos fueron reducidos y llevados al osario en 1985. Esa fue una de las razones por las que decidimos construir este memorial", explica.
Hunter destaca uno de los episodios más arriesgados de Manoliu en 1944 cuando recibió un permiso para atravesar Hungría.
"En mayo de ese año recibió un permiso para atravesar Hungría, pero los alemanes lo arrestaron en Viena y lo enviaron a Berlín. En ese momento logró transferir la valija diplomática con documentos salvadoreños al embajador rumano en Viena. Una semana después fue liberado y partió hacia Besztece, (Hungría) en explícita violación de las condiciones del permiso de viaje que había recibido de los alemanes. Esa entrega de certificados de ciudadanía salvadoreña permitió que miles de judíos evitaran ser deportados. Las investigaciones hablan de 4.000 vidas salvadas. Además, refugió en su domicilio en Bucarest a miembros de dos familias judías".
El monolito que recuerda a Manoliu
Su papel en la difusión de los Protocolos de Auschwitz fue decisivo: "Obtuvo un documento elaborado por fugitivos y lo entregó en Ginebra el 21 de junio de 1944. Ese material se convirtió en la base de la información que luego circularía ampliamente en la prensa aliada, revelando con detalle lo que estaba ocurriendo en Auschwitz. La publicación de esos documentos por George Mandel-Mantello tuvo un impacto inmediato: llevó al regente húngaro, Miklós Horthy, a ordenar la suspensión de las deportaciones de judíos húngaros el 6 de julio de 1944. Aunque la medida llegó tarde —más de 400.000 judíos ya habían sido deportados— permitió salvar decenas de miles de vidas.", relata Hunter.
Horthy, quien gobernó Hungría como Regente del Reino entre 1920 y 1944, ejercía de hecho como jefe de Estado en un país que mantenía la estructura monárquica, pero carecía de rey. Su decisión de frenar las deportaciones marcó uno de los momentos más significativos de su mandato.
El homenaje en Argentina
"Este reconocimiento a la gesta de Florin Manoliu es una forma de hacer público el agradecimiento de todos nosotros. Quizás, simbólicamente, más aún de parte de las miles de personas salvadas gracias a su accionar. Que se inaugure este monolito tiene para mí un significado profundo: no solo reconoce su valentía, sino que inscribe su historia en un espacio donde el público podrá conocer su vida y legado. En un mundo donde la memoria del Holocausto enfrenta negacionismo y distorsiones, este monolito actúa como recordatorio permanente de que la verdad histórica debe ser defendida. Ojalá sirva para que eventualmente Manoliu tenga un reconocimiento público en Bahía Blanca".
Hunter recuerda que en Bahía Blanca hubo intentos de homenajes: "Entiendo que en 2005 se había organizado un acto en la UNS pero que finalmente no se concretó. Hoy, la comunidad académica lo recuerda de manera fragmentaria pero cada vez más activa. En Bahía Blanca, donde vivió durante más de dos décadas, su legado permanece en la Universidad Nacional del Sur: fue profesor del Departamento de Economía, llegó a ocupar el cargo de vicerrector y publicó numerosos trabajos sobre temas económicos y financieros. Sin embargo, su papel histórico durante el Holocausto —su misión para difundir los Protocolos de Auschwitz y su valentía al rescatar vidas— recién ahora comienza a integrarse plenamente en la memoria pública.
El almirante von Horthy, el regente húngaro, y su esposa en la Ópera de Berlín en una función de "Lohengrin" de Richard Wagner con Adolf Hitler el 25 de agosto de 1938 en Berlín, Alemania. (GETTY IMAGES/La Nación)
Sobre su propia motivación, Hunter cuenta que cuando recibió la noticia de que Manoliu estaba sepultado en el Cementerio Británico, sintió "que no podían permitir que la historia de un hombre de su talla moral permaneciera en silencio".
"Los primeros detalles llegaron gracias al periodista Gustavo Mandará, autor de la nota “Florín Manoliu: el hombre que no podía ser espectador”, publicada en La Nueva en 2004. Gustavo no solo compartió información valiosa, sino que también me puso en contacto con otros referentes del tema, como Raúl Woscoff, lo que amplió enormemente el panorama. Cuando iniciamos la idea del homenaje, cursamos una invitación a la Universidad Nacional del Sur, y gracias a la gestión de la vicerrectora Andrea Castellano pude contactar a Arturo Guevara, quien había sido ayudante de Manoliu en Bahía Blanca. Su testimonio fue especialmente revelador, Arturo aportó detalles humanos que no aparecen en los documentos; y él asistirá al homenaje a Manoliu en representación de la UNS".
Georg Mandel-Mantello, comerciante judío de origen húngaro. (Wikicommons/La Nación)
La llegada de judíos-húngaros a Auschwitz-Birkenau (Polonia, 1944)
Finalmente, Hunter reflexiona sobre la enseñanza que deja Manoliu: "La enseñanza que deja Florin Manoliu para las generaciones de hoy es que incluso en los momentos más oscuros, una sola persona puede elegir actuar con coraje moral. Su vida demuestra que la responsabilidad individual importa: que decir la verdad, proteger al vulnerable y resistir la injusticia no son gestos abstractos, sino decisiones concretas que pueden salvar vidas. En un mundo donde la desinformación, la indiferencia y el extremismo vuelven a aparecer, Manoliu nos recuerda que la valentía civil sigue siendo una forma esencial de defensa de la dignidad humana".
Rescatar estas historias -agrega Hunter- es fundamental porque el negacionismo del Holocausto no es solo una distorsión del pasado, sino una amenaza para el presente.
"Frente a quienes relativizan o niegan los crímenes nazis, cada testimonio documentado —como el de Florin Manoliu y su misión para difundir los Protocolos de Auschwitz— reafirma la verdad histórica y protege la memoria de las víctimas. También nos recuerda que la indiferencia y el silencio también pueden ser cómplices. Mantener viva esta memoria es una forma de resistencia frente a cualquier intento de borrar, minimizar o justificar el horror. La memoria se fortalece cuando se comparte: cuanto más se incorpore su figura a narrativas públicas y pedagógicas, más difícil será que su legado quede relegado al olvido", cerró.
Lista de oradores del homenaje
-John Hunter, Presidente del Cementerio Británico de Buenos Aires.
-Dan Petre, Embajador de Rumania en Argentina.
-Eyal Sela, Embajador de Israel en Argentina.
-Gustavo Mandará, periodista galardonado en 2005 con el premio en la categoría "Derechos Humanos" de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA).
-Raúl Woscoff, Presidente del Concejo Deliberante de Bahia Blanca (1995–1997), Titular en dos oportunidades de la DAIA filial Bahía Blanca, y cofundador del Encuentro para el Diálogo entre Católicos y Judíos (1986). Cofundador del Centro Raoul Wallenberg, muestra permanente sobre el Holocausto en Bahía Blanca, y desde 2010 vicepresidente segundo Consejo Argentino para la Libertad Religiosa.
-Susana Chalon, Presidenta de B’nai B’rith Argentina, una de las organizaciones judías más antiguas del país, dedicada a derechos humanos, memoria de la Shoá, asistencia social y lucha contra el antisemitismo.
-Arturo Guevara, fue jefe de trabajos prácticos en la cátedra de Florin Manoliu.
-Eliahu Hamra, Gran Rabino de AMIA.