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El daño de informar por trascendidos, conjeturas y irresponsabildad

Se condena una noticia falsa pero no quienes difunden otras que por ética debieran guardar.

Florencia Peña, actriz participante de un canal de streaming, lanzó al aire una noticia errónea, a partir de datos proporcionados por la producción del programa.

Sorprende en parte la condena que tuvo ese error, grosero por su contenido –una muerta falsa--  y la lapidación de periodistas y opinadores hacia la mujer.

No hubo persona, entidad o medio que no se manifestara y ensayara clases de buen periodismo, de la necesidad de chequear información y de la formación que debe tener todo comunicador.

Peña no es periodista, como no lo son decenas de personas que hoy están delante de un micrófono. Serlo tampoco garantiza no cometer en un error o dar una información equivocada.

“Las breaking news (noticias de último momento) las tiene que hacer el más entrenado, que es quien sabe regular ánimos, climas y evitar problemas”, señaló el Foro de Periodismo argentino, FOPEA.

Pero además esa entidad hizo una salvedad no menor: “el error no está vinculado al streaming, sino a quién comunica. Podría haber ocurrido en un medio tradicional”, desbaratando de esta manera los ataques a esta nueva manera de comunicar.

Se rasgan las vestiduras medios y periodistas que no resisten archivos, responsables de haber dado noticias falsas, tendenciosas, cargadas de verbos en  potencial –que, entienden, los exime de toda responsabilidad--, con malicia o respondiendo a intereses particulares.

La familia Messi –afectada por este incidente-- está más dolida con el periodista Eduardo Feimann, que difundió la situación de enfermedad del padre del futbolista, que con el error de Peña.

Algo que ningún allegado a Messi había hecho trascender, que el periodismo alrededor del futbolista evitó mencionar, que el ámbito cercano entendió que era un tema que la familia quería mantener en reserva.

A ese periodista no le importó hacerlo público. No pensó en el respeto al deseo de la familia, ni le interesaron las consecuencias.

Ensalzar a ciertos periodistas como ejecutores del periodismo medido, sobrio, chequeado, coherente, empático y respetuoso cuando cometen a diario tropelías, es cuanto mejor, vergonzoso.