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Fundación Patagonia Rural Sustentable: cómo reactivar una región signada por el abandono y el desafío ambiental

“Promovemos un modelo donde la conservación de la naturaleza sea compatible con la actividad humana y con la producción económica”, dijo la geóloga Mary Palacios, miembro de la entidad y egresada de la UNS. 

En lugar de ver al guanaco solo como una especie silvestre que compite con la oveja por el pasto, se propone aprovecharlo económicamente de manera controlada. / Fotos: Rodrigo García-La Nueva. y Archivo LN.

“El objetivo principal es volver a poblar la Patagonia, especialmente la zona central de Santa Cruz, conocida como El Macizo del Deseado. Ya desde 1988, cuando la recorrí por primera vez, se notaba la falta de gente; en largos tramos de rutas provinciales no cruzabas a nadie y lo que figuraba en los mapas como hoteles o puestos policiales eran, en realidad, taperas sin techos ni ventanas”.

Desde la Fundación Patagonia Rural Sustentable, donde ocupa el cargo de secretaria, la geóloga Mary Palacios —egresada de la Universidad Nacional de Sur (UNS)— sostiene que este silencioso proceso de despoblamiento se debe enfrentar, también, con propuestas de reactivación económica para una región marcada por el abandono y los desafíos ambientales.

De paso por nuestra ciudad, y en diálogo con La Nueva., Palacios dice que cuestiones históricas y ambientales han llevaron a este nivel de abandono de los campos.

“En realidad, es una combinación de factores. Por un lado, son suelos naturalmente pobres y con mucha roca en superficie. Sin embargo, el golpe de gracia para muchos productores fue la erupción del volcán Hudson. La ceniza volcánica, que es muy abrasiva, tapó el pasto y, al desgastar los dientes de las ovejas, provocó una mortandad masiva. Esto forzó a la gente a emigrar hacia los pueblos o directamente a otras provincias, como Buenos Aires, en busca de trabajo”, explica.

—Desde la Fundación mencionan que el exceso de fauna silvestre es uno de los mayores problemas. ¿Cómo afecta esto a la región?

—Tenemos un grave problema por la cantidad inmensa de guanacos silvestres que compiten con la oveja por el pasto, lo que acelera la desertificación. Además, la situación en las rutas es muy peligrosa y hay accidentes casi a diario porque los guanacos se mimetizan con el paisaje y es complejo divisarlos. El problema se agrava porque no contamos con cifras oficiales confiables ni censos actualizados sobre la población real de estos animales.

Geóloga Mary Palacios, secretaria de la Fundación Patagonia Rural Sustentable.

“A esto se suma la presencia de pumas, especialmente en las estancias aledañas a los Parques Nacionales, donde la reproducción es libre y termina afectando a las explotaciones ganaderas vecinas que, al final, son abandonadas”.

La ganadería regenerativa

La Fundación Patagonia Rural Sustentable, que este miércoles 20 de mayo obtuvo la personería jurídica (Nº 208) por parte del Ministerio de Gobierno de Santa Cruz, también propone la ganadería regenerativa como una estrategia para diversificar la actividad económica de los campos y combatir el despoblamiento y la desertificación patagónica. La propuesta se basa en los siguientes puntos clave:

—Integración del guanaco como recurso: en lugar de verlo solo como una especie silvestre que compite con la oveja por el pasto, se propone aprovecharlo económicamente de manera controlada. “Esto incluye el uso de su carne, el pelo, la lana y el cuero con la intención de que funcione como un recurso adicional para el productor”, manifiesta Palacios.

—Equilibrio del ecosistema: el objetivo es reducir la población de guanacos (“es desmesurada”, afirma), para frenar la desertificación acelerada, pero asegurando que la especie no se extinga.

La ganadería regenerativa diversificada se puede aplicar en ovinos, guanacos, bovinos y caprinos.

—Superación del modelo tradicional afectado: busca revertir la crisis iniciada tras la erupción del volcán Hudson, que destruyó la hacienda ovina, y el posterior abandono de estancias debido a la competencia con la fauna silvestre (guanacos y pumas).

—Defensa del factor humano: la propuesta sostiene que el hombre es parte del ambiente y que la producción ganadera es fundamental para la soberanía y la historia de la región, enfrentando visiones que consideran a la oveja como un enemigo de la naturaleza.

“Esta visión de desarrollo rural sustentable busca unir a ganaderos de las provincias de Santa Cruz, Chubut y Tierra del Fuego, así como de Chile, con la intención de encontrar soluciones comunes al exceso de fauna silvestre y, además, lograr la repoblación de la meseta central”, define.

La presión ambientalista

Para enfrentar la presión de las fundaciones ambientalistas, Palacios y el grupo que integra proponen un cambio de narrativa y la organización institucional a través de la Fundación Patagonia Rural Sustentable. La estrategia se basa en los siguientes ítems:

—Defensa del factor humano en el ecosistema: “Frente a la visión ambientalista que prioriza al guanaco por haber estado primero, es necesario recordar que el hombre también forma parte del ambiente y su lugar en el territorio debe ser preservado”, indica.

—Revalorización de la historia y tradición: se oponen a la idea instalada por algunas fundaciones de que la oveja es el enemigo de la naturaleza. “Para esto rescatamos la historia de Santa Cruz, forjada por ganaderos que poblaron la región en condiciones climáticas extremas y realizaron grandes esfuerzos, como arreos de dos años, para establecerse”, describe Palacios.

—Propuesta de manejo productivo versus protección total: “El objetivo no es la extinción del guanaco, sino un control de su población que actualmente acelera la desertificación y provoca accidentes en las rutas”, expresa.

—Institucionalización de la voz de los productores: ante la falta de representatividad individual, están en proceso de obtener la personería jurídica para la fundación. “Esto permitirá pedir audiencias con los gobernadores y participar en los niveles de decisión con una posición formal que defienda el desarrollo rural sustentable”, afirma.

—Visibilización de los efectos negativos de las áreas protegidas: se cuestiona el impacto de los Parques Nacionales sobre las zonas productoras colindantes, señalando que estos espacios funcionan como focos de reproducción de pumas y guanacos que terminan forzando el abandono de las estancias vecinas. “Enfrentamos esta presión ambientalista promoviendo un modelo donde la conservación de la naturaleza sea compatible con la actividad humana y la producción económica”, asegura Palacios.

De qué se trata

La FPRS busca promover el desarrollo rural sustentable en la Patagonia argentina fomentando el arraigo, la diversificación productiva y la recuperación territorial mediante un plan trienal con enfoque en innovación, sostenibilidad y fortalecimiento comunitario.

—Visión, misión y valores: la visión es una Patagonia viva, productiva y con familias que viven dignamente en el campo, cuidando el ambiente y fortaleciendo la identidad cultural. La misión consiste en diseñar y escalar negocios rurales sustentables, brindando asistencia organizativa y financiera para generar empleo y desarrollo territorial. Los valores priorizan la sustentabilidad ambiental y económica, el arraigo, la transparencia, la cooperación, el enfoque regenerativo y la producción con conservación.

—Diagnóstico y oportunidades: el análisis revela problemas estructurales como el éxodo rural, envejecimiento poblacional, dependencia del monocultivo ovino, baja rentabilidad, vulnerabilidad climática y falta de infraestructura. Sin embargo, existen oportunidades en la demanda de alimentos y fibras sustentables, turismo de naturaleza, energías renovables y nuevas tecnologías, además de la revalorización del origen Patagonia.

—Objetivos estratégicos: en tres años se pretende reinstalar al menos 150 familias rurales; desarrollar de 3 a 6 verticales productivas sustentables; crear nodos rurales con servicios compartidos; diversificar ingresos; posicionar la marca Patagonia Rural Sustentable y corregir errores científicos relacionados con la realidad local.

—Verticales de negocios: incluyen ganadería regenerativa diversificada (ovinos, bovinos, caprinos, guanaco); fibras naturales patagónicas (lana diferenciada, mohair, fibra de guanaco con valor agregado) y producción de alimentos con identidad (carnes premium, quesos, conservas).

La FPRS aspira a ser un motor de transformación territorial para demostrar que el campo patagónico puede volver a ser un lugar atractivo.

También turismo rural y de naturaleza (estancias escuela, experiencias rurales, turismo científico); energía y servicios rurales (energía solar y eólica, talleres móviles) y economía del conocimiento (trabajo remoto, capacitación digital, centros con conectividad).

—Plan por etapas: el primer año se centra en diseño, constitución legal, alianzas y pilotos en nodos rurales. El segundo amplía nodos, incorpora nuevas familias, mejora la comercialización y corrige errores científicos. Y el tercer año busca consolidar las verticales, acceder a mercados internacionales, medir impacto, obtener financiamiento y promover la replicabilidad del modelo.

—Impacto esperado: se proyecta fortalecer el arraigo, generar empleo, recuperar saberes, diversificar ingresos, aumentar la resiliencia, agregar valor local, obtener certificaciones ambientales, regenerar suelos, gestionar responsablemente el agua, concientizar sobre el cambio climático y reducir la huella de carbono. Los indicadores clave incluyen familias reinstaladas, ingresos, hectáreas bajo manejo regenerativo y emisiones evitadas.

Algo personal

Mary Palacios nació en General La Madrid (Sexta Sección) en 1957. Estudió en la Escuela N° 1 y en el Colegio Nacional Manuel Belgrano y, en 1985, se recibió de geóloga en la Universidad Nacional del Sur (UNS).

En 1986 se marchó a Santa Cruz. Dio clases de matemáticas y análisis matemático en la Escuela Industrial de Río Gallegos y al año siguiente ingresó como empleada a la Dirección Provincial de Minería, dependiente del Ministerio de Economía. En 1991 fue nombrada vicepresidenta de Fomicruz SE, la empresa minera del Estado y, en 1993, a pedido del Arq. Julio De Vido la designaron Directora Provincial de Minería. Allí estuvo hasta 1995.

Luego trabajó en la Subsecretaría de Turismo provincial (estaba a cargo de Enrique Meyer) y en 1997 pidió el pase al Museo Regional Provincial Padre Manuel Jesús Molina, cuando se dedicó a la paleontología. De manera paralela, fue presidente de la Comisión de Patrimonio Cultural.

En 2007 pasó a la Dirección de Patrimonio Cultural; en 2009 estuvo en el Archivo Histórico Provincial; en 2010 se jubiló y en 2012 retornó a Bahía Blanca, donde trabajó con Horacio Culaciatti en la Casa Escópica.

En 2022 volvió a Río Gallegos y, desde diciembre de 2023, es asesora paleontológica —ad honorem— de la Dirección de Patrimonio Cultural y participa activamente en la Fundación Patagonia Rural Sustentable, junto al abogado Rafael Martínez de Sanzo y el biólogo cuantitativo John Stuart (Chacho) Blake, entre otros.