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Neri Muñoz: “Quiero demostrar quién es el mejor superligero argentino”

El boxeador bahiense atraviesa uno de los momentos más importantes de su carrera y espera por más desafíos dentro y fuera del país. 

Fotos: Emilia Maineri-La Nueva.

Mientras gran parte del boxeo argentino gira alrededor de nombres con mayor exposición mediática, Neri Muñoz continúa construyendo silenciosamente una carrera que empieza a posicionarlo cada vez más fuerte dentro del plano internacional. 

Con un equipo reducido pero comprometido y una estructura que intenta sostener estándares de alto rendimiento, el superligero atraviesa uno de los momentos más importantes de su trayectoria y asegura que hoy ya se siente parte de la élite de la categoría.

“Muchas veces desde afuera cuesta dimensionar realmente dónde estoy parado hoy dentro del boxeo internacional. Y para mí es importante poner eso en contexto. Me considero un boxeador de élite, independientemente de la exposición mediática que pueda tener o no”, dijo Muñoz.

Neri identifica como punto de inflexión la victoria conseguida frente a Chann Thonson en el Casino de Buenos Aires. El rival llegaba con una importante proyección internacional, vinculado al Team Mayweather y con experiencia fuera de su país.

“El gran punto de quiebre fue esa pelea. Él venía muy bien posicionado y para mí significó demostrar que podía competir realmente en ese nivel. Fue un salto enorme”, explicó.

Después llegaron dos peleas en el extranjero frente al ruso Khariton Agrba, uno de los nombres fuertes del circuito internacional. 
Más allá de los resultados, Muñoz considera que esas experiencias terminaron de consolidarlo.

“Desde diciembre, después de esa última pelea afuera, entendí que el desafío ya no era solamente llegar a ese nivel, sino sostenerme y consolidarme dentro de la élite del boxeo”, sostuvo.
Neri asegura que gran parte de su crecimiento se apoya en la capacidad de corregir permanentemente detalles y transformar experiencias en aprendizajes.

“Siempre intenté ser muy meticuloso, de mucho trabajo silencioso y análisis constante. Se dice que de las derrotas se aprende más y, realmente, tomo cada experiencia como una oportunidad para corregir, evolucionar y crecer. Tengo una ambición deportiva enorme y siento la responsabilidad de mejorar”, afirmó.

Durante este año aparecieron dos oportunidades. La primera fue para enfrentar al canadiense Steve Claggett, aunque no prosperó debido a los tiempos reducidos para realizar una preparación adecuada.

Luego surgió la posibilidad de pelear en Dubái frente al armenio Hovhannes Bachkov, doble medallista olímpico y uno de los boxeadores más reconocidos de la categoría a nivel internacional. Sin embargo, diferentes inconvenientes lo impidieron.

“Era una pelea que marcaba el tipo de oposición al que apunta hoy mi carrera. Pero entre los conflictos bélicos en la región y cuestiones contractuales que se fueron demorando, terminó cayéndose”, relató.

Muñoz decidió salir a buscar los desafíos dentro del país y los elegidos fueron Jeremías Ponce y Sansón Rosa.

“Respeto muchísimo las trayectorias de ambos, pero sinceramente creo que tengo el nivel para superarlos. Fui a buscar esas peleas; no desde la provocación, pero porque quiero demostrar dentro del ring quién es hoy el mejor superligero argentino”, aseguró.

Sin embargo, ninguna de las negociaciones avanzó. 

“En el caso de Ponce no hubo voluntad de avanzar con el combate, mientras que con Sansón Rosa existió mayor repercusión mediática pero sin definiciones concretas. Pasó algo distinto porque mediáticamente se mostró interesado y habló bastante del tema, pero después eso no se terminó respaldando con hechos. Yo sí estuve dispuesto desde el primer momento”, remarcó.

Mientras espera una nueva oportunidad importante, Muñoz continúa sosteniendo una preparación intensa incluso sin fecha confirmada. Dentro de esa preparación aparecen constantemente sparrings y boxeadores de nivel nacional para elevar la exigencia diaria.

En las últimas semanas trabajó junto a Joel Mafauad, campeón mendocino y exintegrante de la selección argentina, además de Agustín Quintana, quien recientemente combatió en Estados Unidos.

“La idea es que semana tras semana tenga estímulos de máximo nivel, porque el boxeo de elite exige justamente eso: no relajarse nunca, seguir puliendo detalles y mantenerse preparado para cualquier oportunidad que aparezca”, aseguró Muñoz.

“La idea es que semana tras semana tenga estímulos de máximo nivel, porque el boxeo de elite exige justamente eso: no relajarse nunca, seguir puliendo detalles y mantenerse preparado para cualquier oportunidad que aparezca”, explicó.

Un plantel muy consolidado

Detrás de todo ese trabajo aparece un equipo pequeño, aunque muy consolidado. Franco Pardo es su entrenador principal desde hace más de doce años y una de las piezas fundamentales en la construcción de su carrera. A su lado también trabaja Silvano Vicente, encargado de la preparación física, la planificación nutricional y la gestión deportiva del equipo.

“Con Franco llevamos más de doce años trabajando juntos, prácticamente desde el primer día. Eso genera un conocimiento muy profundo sobre mí como boxeador, sobre cómo preparar cada pelea y cómo sostener procesos a largo plazo”, explicó Muñoz.

Además de los entrenamientos técnicos y físicos, el equipo también se involucra en toda la logística vinculada a los campamentos, el análisis de rivales y la planificación integral del alto rendimiento.

“Hoy el boxeo de elite exige muchísimo más que solamente entrenar para una pelea. Hay planificación física, análisis, gestión de rivales y preparación constante incluso cuando no hay una fecha confirmada. Intentamos construir una estructura seria y profesional entendiendo que para competir con la elite internacional también hay que trabajar con estándares de elite afuera del ring”, sostuvo "El Ungido".

Finalmente, Muñoz destacó especialmente el respaldo humano que sostiene su carrera desde Bahía Blanca y que muchas veces pasa inadvertido para el público.

“Hay mucha gente que elige permanecer en silencio y en el anonimato, sin buscar exposición ni reconocimiento. Personas que constantemente están pendientes de nosotros, preguntando qué hace falta o cómo pueden ayudar. Y sinceramente, para mí eso vale oro”, expresó Muñoz.

“Sostener una carrera de este nivel desde Bahía Blanca no sería posible solamente con mi esfuerzo o el del cuerpo técnico. Hay mucha gente empujando desde distintos lugares, aportando tiempo, confianza, contactos o apoyo económico. Creo que cuando las cosas se hacen con honestidad, trabajo y compromiso, aparecen personas que quieren ser parte y ayudar a que el proyecto siga creciendo”, finalizó.