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Fue amigo de Maradona, brilló en Boca y estuvo preso dos veces: un delantero de aquellos

Debutó joven, hizo goles enseguida y formó parte del pase que llevó a Diego de Argentinos al Xeneize. Entre la fama repentina, las adicciones, las cárceles y una carrera que se apagó demasiado rápido, el también ex-River repasó una historia atravesada por los extremos.

Fotos: TyC Sports

Lejos en el tiempo quedaron aquellos voluminosos rulos castaños. La vida pasó y las canas ganaron terreno en la cabellera de Carlos Randazzo. Siempre en moto, y con un paquete de cigarrillos en la mano, se dispone —café por medio— a charlar.

Para él, 66 años no son nada: vestido con remera y pantalón ajustados al cuerpo, y una cadena plateada colgada en el cuello, connota que no se rige por la edad biológica. Joven en espíritu, de brazos flacos y piernas largas, el ex delantero que jugó en los dos más grandes, como son Boca y River, con voz desgastada de tanto fumar, cuenta su historia.

Nacido y criado en el barrio porteño de La Boca, comenzó a jugar desde pequeño en potreros. Talentoso para el atletismo y el fútbol, se decidió por este último a los 13 años cuando fue observado por Juan Evaristo, ex ojeador y defensor de Boca, en uno de esos baldíos con arcos y, desde ese entonces, permaneció ligado al deporte para siempre. Se desempeñó, además del Xeneize y el Millonario, en Racing y Argentinos Juniors, entre otros equipos, y formó parte de la transferencia en la que Diego Maradona pasó a Boca en 1981.

La infancia. “En mi casa teníamos florería, funeraria y cochería, todo junto. Yo era muy curioso y desde chico me metía a trabajar con mi viejo. Incluso tenía relación con los muertos: los cambiaba, los maquillaba, me entretenía con eso. Lo veía como algo normal. Después vino el fútbol, pero antes de eso mi vida era el barrio, la familia y el trabajo.

Lejos del estudio. “No iba mucho al colegió y terminé trabajando en una florería familiar. Hasta tercer año cursé en el Nacional N°7 Juan Martín de Pueyrredón, pero un día llamaron a mi casa para avisar que me rateaba seguido y mi viejo me dio una paliza bárbara. Ahí me puso a trabajar con él. Yo estaba en inferiores y me levantaba a las cuatro de la mañana para ir al mercado de flores. Cargaba canastas y después repartía todo por la tarde. Terminaba cansadísimo”.

El debut en Primera. “Fue una locura. Debuté a los 19 años y todo pasó demasiado rápido. Hice cuatro goles en mis primeros cuatro partidos, uno de ellos a River, y seguí de racha hasta llegar a seis tantos en pocas fechas. Sentía que había llegado a la cima. Los entrenamientos empezaron a parecerme un trámite y eso me confundió muchísimo”.

La fama cuesta. “ Me afectó la fama. Venía muy de golpe y de repente estaba en todos lados. Creía que ya estaba hecho y dejé de tener la misma disciplina”.

La salida de Boca. “Ese pase prácticamente marcó el final de mi carrera, que fue corta porque debuté a los 19 y me retiré a los 25. Con Diego éramos amigos y yo no quería irme porque él venía. Con Guillermo Coppola, mi representante, pedimos una fortuna a Argentinos pensando que no la iban a pagar, pero increíblemente aceptaron. Entonces arreglamos el contrato y Diego se enojó muchísimo conmigo. Me dejó de hablar durante un año porque sentía que lo había traicionado”.

El quiebre. “Ahí empezó mi bajón. Empecé a despilfarrar la plata, salía todas las noches, vivía descontrolado. Dejé de enfocarme en el fútbol y me fui perdiendo”.

Un camino de ida. Antes de retirarme apareció la droga en mi vida. En una gira con Boca por Francia empecé a consumir cocaína. Volví a la Argentina y seguí. Cuando estás metido en eso no te das cuenta de nada. Recién en la cárcel, viendo a otros consumir, tomé dimensión. Ahí la dejé para siempre. Hoy veo cocaína y me da asco”.

Dos veces preso. “La primera vez fue en 1993. Estuve once meses detenido en Caseros acusado de un homicidio, pero después me absolvieron porque no tenía nada que ver. Todo arrancó por un problema de polleras entre amigos. Yo solamente había prestado la casa y una testigo mintió sobre mi participación. La segunda vez fue en 2005, en el Sur. También terminé sobreseído, pero pasé tiempo en Neuquén y Zapala por una causa vinculada a marihuana”.

“Esa segunda vez fue dura, porque mi mujer de aquel momento (Claudia Sandor) tenía marihuana. Nos detuvieron en las afueras de San Martín de los Andes. Nuestra hija Matilda aprendió a caminar y a hablar mientras yo estaba preso”.

El presente. “Hoy mi vida es mucho más tranquila. Vivo entre Mar del Plata (en un balneario) y Jujuy. También trabajo representando jugadores y hago reclutamiento para otros agentes”.

El padre. “Soy un papá presente. Tengo siete hijos —Gadi, Azul, Hyras, Matilda, Tao, León y Rocco— y trato de estar siempre para ellos. Lo más importante de mi vida son mis hijos. Mi mayor miedo es que les pase algo malo”.

Ligado al fútbol. “Sigo, sí, siempre. Soy hincha de River y mi ídolo fue el Beto Alonso. Además sigo jugando cada tanto en La Boca, como cuando era chico.

El pasado. “Miri hacia atrás y estoy conforme con quién fui y quién soy. Soy auténtico. A veces puedo adaptarme como un camaleón según las circunstancias, pero nunca dejé de ser yo”. (Fuente: TyC Sports).