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Las cosas por su nombre

La historia del país tiene un pasado violento que no puede siquiera volver a insinuarse

Luego de pagar una fianza de 30 millones de pesos recuperó su libertad el gremialista Claudio Montiel, Secretario Adjunto de la Asociación Empleados de Comercio, quien fue protagonista de los hechos registrados el Viernes Santo frente al Bahía Blanca Plaza Shopping.

Ese día, un grupo de gremialistas se hizo presente frente a las puertas del complejo comercial con la idea de amedrentar a los comerciantes que habían decidido abrir sus puertas con empleados a los cuales, aseguraron desde el gremio, “obligaban a trabajar sin pagarle el feriado”.

A modo patoteril, los hombres comenzaron a manifestarse de manera violenta, golpeando con distintos elementos las puertas de acceso al paseo al tiempo de proferir amenazas.

La acción no pasó desapercibida para la justicia, que actuó de inmediato, investigando los hechos, analizando posibles delitos y decidiendo el allanamiento de varios domicilios de los involucrados.

Finalmente se procedió a la detención del Secretario Adjunto de la entidad, acusado de daño, violación de domicilio, privación ilegítima de la libertad agravada y coacción agravada.

La gravedad de las acusaciones deja en claro un accionar completamente desmedido, fuera de la ley, inapropiado y desproporcionado al hecho que se pretendía evitar o cuestionar.

Es claro que vivir en democracia, con las instituciones en funcionamiento, este tipo de situaciones debe resolverse de otra manera, con las denuncias pertinentes en caso de que sean los comerciantes quienes infringen la ley laboral.

A esta altura de la historia de nuestro país la hora del patoterismo ha terminado, porque el siglo XX ha sido manchado con sangre por acciones de ese tipo, tanto por parte de sindicatos, del Estado y de organizaciones políticas.

No hay lugar ya para conductas donde a partir de la violencia se genere terror, que se crea que hay impunidad para todo y que se puede amedrentar de esa manera.

Hay instrumentos legales para accionar, hay caminos adecuados para cuestionar ciertas conductas, hay mecanismos no violentos para luchar por determinados objetivos.

La idea de que quien no recuerda su pasado está condenado a repetirlo es demasiado certera como para no tenerla presente.