Los murales que recuerdan al Pelusa, el D10s que murió solo
Murales aquí y allá, Diego Maradona presente en distintos barrios, presencia pura.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
“Soy un ejemplo, de lo que hay que hacer y de lo que no hay que hacer”. Diego Maradona en Oxford, 1995
Cuando le preguntaron al periodista Ernesto Cherquis Bialo que opinaba sobre Diego Maradona, contestó: “¿Sobre cuál Maradona me pregunta? ¿sobre el que jugó al fútbol, el que alcanzó celebridad, el hijo, que murió cuando murieron sus padres, el padre que se reinventa, el amigo que recambia amistades, el afectivo, el sublime, el abyecto, el fenomenal, el que dice frases inolvidables o el que dice frases que es mejor no recordar?”.
Es que Diego fue eso y mucho más. Por eso también su figura sigue tan arraigada en la gente, a seis años de su muerte.
Un poco de cada uno de esos Maradona sobrevive en los cientos de murales pintados con su nombre en todo el mundo. Porque es imposible abarcarlo en una sola imagen, cualquiera resulta insuficiente.
Bahía Blanca no ha sido ajena a esa pasión y el arte urbano lo representa en varios barrios, en sus fachadas, patios, tanques, puentes, muros. Pinturas que están en contacto directo con la gente, una forma de arte que transforma un lugar cotidiano en un espacio significativo, creando un sentido de pertenencia, una referencia.
El juego
“Diego era el más humano de los dioses, un Dios sucio con barro humano, como todos nosotros”. Eduardo Galeano
Pelota al pie, la zurda mágica, la estética en su máxima expresión, el 10, la pelota Tango. Una de las poses elegidas en el barrio Vialidad de Ingeniero White, Maestro Piccioli y Castro Barros.
El perfil
Dos murales reproducen una jugada mítica, del mundial 1986. Partido final contra Alemania, muslo derecho y a correr. Se la puede ver en la primera cuadra de calle Chaco y en Salinas Chicas y Malharro, en Villa Harding Green. En el segundo caso complementa la figura una estampa de Diego y una frase premonitoria: “Tus hijos preguntarán por él”.
Expresiones
Las miradas de Diego, sus expresiones, tan reconocibles, a veces desafiantes, a veces ganadoras, dueño de todo.
Está en el patio de una vivienda en Coronel Falcón 1900, en avenida Dasso, a metros del club Comercial
También en Pacífico 2500 –acompañado de la palabra Dios jugando la i y la o con el 10--, y en Alberdi y Remedios de Escalada, pleno Villa Mitre, en este caso con dos aseveraciones: “Un Dios nuevo, mejor hecho” y “tan perfecto que asusta”.
General Peñaloza al 500. Una esquina a pura argentinidad con la mirada implacable del diez.
Villa Nocito, Pampa Central y Junín. Diego capitán y el fondo de Malvinas. La argentinidad al palo.
La quinta que vio el mundial 78
Una semana antes de quedar desafectado del plantel que disputó el Mundial de 1978, Diego jugó en el estadio del club Olimpo, enfrentando a un combinado local. Ingresó en la mitad del segundo tiempo. Tenía 17 años. La esquina de avenida Colón y Chile da cuenta de esa fecha: “Dios jugó en el Carminatti”.
Equlibrio
La facilidad, el talento, la habilidad qie tenía Diego para el manejo de la pelota eran asombrosos. Hoy circulan por las redes videos suyos haciendo jueguito, con una Tango, con una pelota de golf, con una de tenis, con una manzana, con una botella.
En Salta y Estomba, mantiene la pelota sobre la mullida cabellera. Comparte pared con Lionel Messi y Lautaro Martínez, tres campeones del mundo.
Final
“Si yo fuera Maradona/Viviría como él/Porque el mundo es una bola/Que se vive a flor de pie”. La vida tómbola, Manu Chao.
Los murales de la ciudad muestran al Maradona jugador, el fenómeno de la zurda. El Diez que fue Dios, el hombre que se despidió del fútbol asegurando que la pelota no se mancha, el Pelusa. “Mira que me han puesto apodos, pero «Pelusa» es el que más me gusta. Me recuerda a mi infancia, cuando únicamente jugaba al fútbol para conseguir un refresco y un sándwich. Eso sí que era un sentimiento puro.” El Diego a recordar.
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