Fue campeón con Boca, compartió casa con Maradona y hoy organiza bingos para sobrevivir
Ivar Gerardo Stafuzza disputó 99 encuentros en el xeneize, entre ellos los dos ante Olimpo por la Liguilla pre-Libertadores de 1986.
El glamour del fútbol y los mimos de todos aquellos que son “tus amigos” cuando estás en la cresta de la ola desaparece y desaparecen en algún momento de tu vida, sobre todo después del retiro, cuando no te miran como una estrella y ni se acuerdan si fuiste campeón con el club por el que hinchan o los colores que aman.
La historia de este jugador comenzó en Reconquista, Santa Fe, a más de 800 kilómetros deBuenos Aires. A los 13 años llegó a probarse en Boca casi por casualidad, en un viaje familiar. En esa época, más de 600 chicos buscaban una oportunidad por día, pero Ivar Stafuza logró quedarse en la pensión del club.
Como sus padres no le podían pasar dinero asiduamente, para sostenerse económicamente trabajó desde muy joven: vendía diarios, limpiaba vidrios y consiguió empleo en una ferretería mientras hacía inferiores.
Aprendió a ser paciente y a ganarse cada oportunidad, hasta debutar en Primera en 1983. En una entrevista con Clarín, repasó su carrera, su vida y su actualidad.
Un estratega polifuncional, Ivar nunca fue un futbolista de marquesina, pero si un jugador confiable y solidario. Podía desesmpeñarse de lateral, volante o en cualquier posición que el equipo necesitara. Su punto más alto llegó en 1989, con la Supercopa ganada bajo la conducción técnica de Carlos Aimar, y en 1991 vivió la histórica remontada ante River por la Copa Libertadores, en la Bombonera.
En la liguilla pre Libertadores de 1986 dio el presente en los dos partidos frente a Olimpo: 11 y 18 de mayo, primero en la Bombonera (1-1) y después en el Carminatti (3-2 para el boquense en tiempo suplementario).
No todo fue gloria. Le tocó atravesar una de las etapas más difíciles del club: sueldos atrasados y crisis institucional. Llegó a pasar meses sin cobrar. Su salida de Boca fue dolorosa: un conflicto contractual y situaciones internas lo alejaron del fútbol, incluso cuando tenía oportunidades como entrenador o cazatalentos.
“Jugábamos por la camiseta”, recuerda. Esa experiencia lo marcó y lo impulsó a reinventarse.
En Boca sostuvo 99 cotejos y marcó 2 goles entre 1983 y 1991. Al otro año se fue como refuerzo a Banfield.
Tras dejar el fútbol, Ivar se volcó al negocio familiar de bingos. Hoy recorre provincias como Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires, Chaco y Corrientes organizando eventos donde se sortean autos, camiones y electrodomésticos.
“No tengo salas de bingo propias, pero me adapto a cada provincia y evento. Para mí fue difícil, pero aprendí a reinventarme”, cuenta. Vive en Venado Tuerto desde hace más de 20 años y tiene cinco hijos.
También recordó la época en la que junto a su familia alojó a Diego Maradona para jugar un partido frente a Cebollitas: "Un pibe sensacional. Muy humilde, tranquilo, amiguero, el Diego de la gente".