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Diario de viaje, día 7: los chicos 10, Morgan Freeman y la Scaloneta

Sensaciones, experiencias, comentarios y mucho más de lo que implica cubrir los Juegos Suramericanos de la Juventud en Panamá.

Fotos: La Nueva.

Panamá no solo es el puente del mundo; por estos días, es también el escenario donde el deporte argentino está dejando una huella imborrable porque en los IV Juegos Suramericanos de la Juventud 2026, la delegación albiceleste ha encontrado en el agua su mayor tesoro.

Hay nombres que conviene anotar con tinta indeleble. El primero ya lo conocíamos y de a poco se va haciendo popular en nuestro futbolizado país: Agostina Hein. Una bestia de la natación.

También fue sobresaliente lo ofrecido por Matías Chaillou, protagonista de otra gesta histórica: diez medallas, al igual que Hein. Se retiran de estos Juegos como los atletas más laureados de la competencia hasta el momento, cuando vamos por la mitad del evento.

De hecho, hice un repaso breve antes de ir de visita al Canal de Panamá, y marqué con resaltador que la natacion en general tuvo una brillante actuación. Porque sin tantos flashes, la rompieron toda Laila Chain (siete medallas, dos de ellas de oro, a sus 14 años), Cecilia Dieleke (5), Malena Santillán (6, 4 doradas), Thiago Pizzini (2) y varios más, tanto de manera individual como en los relevos.

Cualquiera de ellos podría ser abanderado en la Ceremonia de Clausura, aunque ya están emprendiendo regreso a nuestro país y no estarán presentes.

A pocos kilómetros de la euforia deportiva, el Canal de Panamá ofrece una lección de escala humana y tecnológica. La suerte (planificación, bah) quiso que nuestra visita coincidiera con el tránsito de un imponente buque de bandera liberiana, una mole de acero deslizándose por las esclusas con una precisión quirúrgica.

Pero la experiencia no termina en el mirador agolpado de gente de todo el mundo. En el centro de visitantes, la historia del istmo cobra una dimensión épica gracias a la narración de Morgan Freeman. Su voz, profunda y pausada, guía al viajero por los siglos de ingeniería y sacrificio que unieron los dos océanos, recordándonos que Panamá es, ante todo, un triunfo de la voluntad.

Incluso, se pone énfasis en la cantidad de personas (franceses, en un intento fallido) que fallecieron cuando comenzaron con la idea de unir los dos océanos. Allí, apareció el mosquito Aedes aegypti, vector de la fiebre amarilla que más tarde controlaron los estadounidenses.

A propósito de fiebre, la mundialista ya se vive en Panamá.

A menos de dos meses del inicio, la atmósfera en las calles de la capital es bien futbolera. Y resulta fascinante observar cómo la Selección Argentina y la figura de Lionel Messi han colonizado el espacio público.

En los comercios, los colores de la albiceleste acaparan vitrinas y estanterías; es, sin lugar a dudas y después de la localía panameña, la camiseta que más se repite.

No hace falta buscar demasiado para sentirse en casa: basta un recorrido por los shoppings para cruzarse con una camiseta de la Selección (también hay muchas de Boca Juniors). Brasil ocupa el segundo lugar de preferencias, ofreciendo un panorama del fanatismo de los panameños por el fútbol sudamericano.

Charlando con varios locales, me han comentado que más allá de lo que puedan lograr los suyos, en su segundo Mundial (fueron al de Rusia 2018), hincharán para que Argentina vuelva a ser campeona.

"Si hacemos un gol, lo celebraremos como si fuéramos campeones", me comentó un taxista. Jugarán con Inglaterra, Croacia y Ghana. No parace sencillo.