Bahía Blanca | Lunes, 16 de marzo

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“Jamás me permití, en esos momentos malos, tener dos días seguidos sin salir a pelearla”

Tras superar un cáncer de garganta, el entrenador de rugby Marcelo Chorny correrá la maratón internacional de Madrid para dar un mensaje de aliento y esperanza. Hoy, con el habla esofágica, afirma: “Lo imposible no existe sino en la mente de los cómodos”.

Marcelo en una producción para un diario español. Fotos: eldiario.es, gentileza Marcelo Chorny y Archivo La Nueva.

(Nota de la edición impresa)

Recuperado de un cáncer de garganta que lo llevó a perder el habla de manera natural y con el objetivo de dejar un ejemplo de superación hacia la comunidad y el deporte, Marcelo Chorny correrá el próximo 26 de abril la maratón de Madrid.

Este entrenador de rugby, de 58 años, capitalino de nacimiento y marplatense por adopción, dirigió por tres años al seleccionado de la Unión de Rugby del Sur entre 2013 y 2015. Junto con un amplio grupo de trabajo concretó un histórico ascenso en el campeonato Argentino de mayores (2015).

Hoy, desde Asturias (España), anticipó aspectos del gran desafío deportivo que pretende ser un mensaje para todos aquellos que lo necesiten. Y contó cómo el rugby no sólo fue la continuidad de lo laboral -entre otras actividades- sino que marcó la fuerza y mentalidad que lo llevaron a un cambio de vida al tener que hablar con voz esofágica.

-Vas a correr los 42 kilómetros del Maratón de Madrid, el próximo 26 de abril.

-Sí, la Maratón Internacional de Madrid, que es un clásico del calendario mundial. Cuando me operaron me hice una promesa interna: si me recuperaba y volvía a hablar de la forma que fuera, iba a correr los 42k. Salió esta oportunidad y acá estamos.

-¿Qué mensaje querés dejar con tu participación y por qué? ¿A quién va dirigido?

-Dar visualización a mucha gente que tiene este tipo de enfermedad. A pesar de todo se logra calidad de vida. Se puede vivir más allá de la adversidad, las costumbres y formas diferentes (de comunicarse). Con mucho esfuerzo y mucha voluntad, se puede. Va dirigido a todos porque lo imposible no existe sino en la mente de los cómodos. En el rugby siempre decimos que cuando viene la adversidad hay que poner la cara e ir para adelante. Cuando me pasó esto, se me vinieron a la cabeza tantos años pregonando esto que cuento. Y dije: `No puedo ser tan hipócrita de contar una historia y, cuando me tocó, no ser un ejemplo de lo que hay que hacer cuando viene la mala. Aparte, tengo dos hijos y la única manera de demostrarles es con hechos. Que vean que su papá durante la adversidad la pelea todos los días.

Cuando entrena se comunica mediante un altavoz.

-¿Cada día es desafío y a la vez agradecimiento?

-Sí. Desde chico siempre tuve la filosofía que la vida comienza cada mañana, cuando te levantás. Realmente todos tenemos días en que nos comemos el mundo y días en que no vemos el horizonte. Jamás me dejé, en esos momentos malos, tener dos días seguidos sin salir a pelearla. De hecho, sin saber si iba a volver a hablar me puse a estudiar computación, me conseguí un trabajo, que nada que ver con el rugby y después cuando volví a hablar, pude volver a las canchas. Pero nunca me quedé de brazos cruzados. Inclusive me pasaba doce horas por día frente al espejo para que me saliera una palabra. Ahora hablo. No es que de un día para otro hablé o que me devolvieron la voz así nomás. Fueron horas y horas de practicar con la logopeda, solo, en mi casa. De a poco me fui largando. Es muy difícil hablar con voz esofágica.

-¿Es frecuente lo que vos lograste en tal sentido o se trata de un logro médico?

-Tuve mucho apoyo tanto del médico como de la logopeda y de la Asociación de Lucha Contra el Cáncer. Me apoyaron en todo sentido. Y toda la gente amiga del rugby, de todos lados, me mandó frecuentes mensajes de apoyo. Tuve cuatro operaciones más de radioterapia y constantemente me sentí protegido y acompañado, eso fue muy importante. El rugby me salvó la vida, me me educó el espíritu, fue lo que me dio esta fuerza de lucha para poder pelear día a día y estar un poco mejor.

A los 58 años dice que no puede dejar de ser entrenador.

-¿Y hoy cómo estás desde el punto de vista de la salud? ¿Necesitás seguir trabajando, con alguna terapia o ya es parte del pasado?

-Por suerte, hace dos meses me dieron el alta definitiva, con lo cual estoy limpio de todo y es una alegría porque cada tres meses era pasar por los estudios, que me inyectaran el líquido para hacer las resonancias, el contraste y después estaba 10 días con ardores en el cuerpo por la radioterapia. Al no tener laringe te quedan sensaciones raras... Cualquier cosa rara que me ponían la sentía bastante después. Que me digan que estoy curado es una satisfacción enorme.

-Cuando dirigiste en Bahía siempre fue algo curioso que hablabas como al límite de perder la voz. A veces se notaba más, otras menos. ¿Imaginaste que algo no andaba bien?

-Sí, yo empecé a perder la voz diez años antes. Todos los años me hice estudios y siempre me decían que eran pólipos. Acá en España igual, hasta que en el año 2019 una señora que estaba por jubilarse me dijo: `Vos tenés cáncer´. Y ahí empezamos con los estudios y bueno, todo el calvario del 2019 al 2020 con operaciones y la radioterapia, hasta la operación final en la que me sacaron cuerdas vocales y laringe. Si bien ahora tengo esta voz de pato, por lo menos me comunico bien. Uso un altavoz para entrenar y puedo dar indicaciones sin hacer esfuerzo. Puedo decir que estoy mejor que mis últimos años, cuando sentía un dolor casi constante y me costaba mucho hablar. Quiero aclarar que jamás fume ni me drogué. Es lo primero que me pregunta todo el mundo, si fumaba. No. Siempre fui sano, pero te toca y te toca.

En estos años también descubrió la faceta arbitral.

-Marcelo, pasemos al rugby, aunque como bien dijiste, en esta conversación el rugby siempre estuvo presente. Una pasión que llevaste a España después de ascender con la URS en el Argentino 2015.

-La realidad que yo estaba muy bien con la selección de Bahía y en Argentina. Pero un día me asaltaron (en Mar del Plata) y me asusté bastante. Ahí supe que me quería ir. Salió la oportunidad de ir a Burgos y de hacer un cambio en mi vida y bueno, así fue. Vine con las mejores expectativas y me fue muy bien. El primer año salimos campeones invictos con Burgos. Era uno de los equipos de abajo en la Segunda. Hoy es uno de los mejores del país. Estando allí, cada tanto me tiraba visitar alguna ciudad con mar. Y cuando salió la posibilidad de ir para Asturias, un año al Real Oviedo y después al Gijón Rugby, en 2019, cambié. En Asturias manejé los seleccionados. También fui el director de la academia, lo que allá sería el Cedar. Ahora estoy entrenando con Gijón Rugby y con Belenos en la División Élite, en una Liga M23. Me la paso viajando por todos lados. Encima soy referí de la Federación Asturiana, con lo cual me queda poco tiempo.

Año 2013, cuando presentó su proyecto al frente del seleccionado mayor de la Unión de Rugby del Sur.

-Si pudieras "subir un nivel" en lo deportivo. ¿A qué le apuntás? ¿O estás bien con lo que hacés en Asturias?

-La verdad que al rugby lo tomo más como una terapia. Nunca dejé de tener propuestas de trabajo en otros países o en otros clubes que compiten por mucho más. Pero le di prioridad a recuperarme, a vivir en una ciudad que me encanta y donde tengo a mis doctores. Siendo inmigrante es muy difícil entrar en la sociedad de las ciudades de España. Acá soy un tipo muy querido. Se me apoyó mucho desde el Gijón Rugby y, salvo que no pase nada del otro mundo, seguiré acá. Me está empezando a picar el bicho de convertirme en dirigente, aunque quiero tirar un par de años más como entrenador. Creo que tengo mucho para transmitir, sobre todo valores y hábitos de conducta. Acá les digo que estoy convencido de que lo que perdí de voz, lo multiplico en el mensaje que doy. Creo que tengo mucho para aportar. Dicen que quien da no tiene memoria y que quien recibe jamás debe olvidar. Y la verdad que acá me ayudaron en todo. Trabajo en una empresa de alguien del club y me hicieron los papeles para ser español. Me han ayudado y han estado al lado mío. Entonces, tiene que ser algo que me cambie mucho para moverme para otro lado. Disfruto mucho transmitiendo mi experiencia. Me sigo capacitando como el primer día. Me encanta aprender. Si exijo que los jugadores den todo, tengo la obligación de dar lo mejor de mí.

"Mística Sur" un rótulo que excedió al Powerpoint para ser el espíritu de un equipo de rugby que quedó en la historia.

-El año pasado se cumplieron 10 años del ascenso con la URS, un logro que tal vez para muchos en el rugby de Bahia quedó como algo más o como el recuerdo de un buen equipo. Pero la historia dirá que fue mucho más que eso y que lo que se logró, nunca antes se había conseguido…

-Tengo el mejor recuerdo del proceso en Bahía. Agradecer, sobre todo, a Pepe (Antonio Soriano) y a Martín (Azpiroz), los dirigentes que confiaron en mí. Venir de Mar de Plata, de afuera, que te miran de costado... El primer año no fue tan bueno, pero sabía que estábamos en el camino y los jugadores lo empezaron a entender, empezaron a sentir esa filosofía que pregonábamos. Armamos un buen cuerpo técnico con el Terre (Mariano Minnaard), Juanca (Muzzio), mi hermano (Juan Pablo Chorny), Lalo (Aldo Borromei)… Y pudimos lograr un equipo sólido, comprometido, que representaba con creces a la Unión de Rugby del Sur. Fue un ascenso muy merecido. Lástima que después cambió el reglamento y no se pudo jugar en la categoría que nos hubiese encantado. Pero bueno, queda ahí el recuerdo. Cada tanto me hablan los chicos. Con otros me cruzo acá en España y me lo recuerdan. Se formó un equipo que tuvo mística.