Bahía Blanca | Sabado, 14 de marzo

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El apto físico escolar, mucho más que un trámite antes del inicio

Especialistas advierten que el certificado médico no debe limitarse a una firma y recomiendan controles integrales para prevenir enfermedades y detectar problemas de salud en niños y adolescentes.

Foto: Emmanuel Briane-La Nueva.

A pocos días de iniciarse el ciclo lectivo 2026, miles de familias bahienses ya gestionan el certificado de apto físico escolar, un requisito obligatorio para que niños, niñas y adolescentes puedan participar de las actividades educativas. 

Sin embargo, médicos locales advierten que este trámite, muchas veces solicitado como un simple favor o resuelto con la firma de una ficha sin evaluación clínica, debe ser entendido como una instancia clave de prevención y cuidado de la salud.

En Bahía Blanca, alrededor de 45.400 estudiantes comenzaron las clases: unos 7.400 del nivel inicial, cerca de 19 mil de primaria y una cifra similar en secundaria. Para los especialistas, el número refleja la magnitud del impacto que pueden tener los controles médicos cuando se realizan de manera responsable.

“El control de salud en niños y adolescentes asintomáticos tiene como objetivo principal detectar factores de riesgo que podamos modificar, hallar precozmente enfermedades y promover hábitos saludables”, explicó la doctora Paula Sofio, vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Medicina Distrito Bahía Blanca, sur de Buenos Aires y valle de Río Negro.

La profesional remarcó que estos chequeos permiten mejorar la salud a largo plazo y reducir la aparición de enfermedades crónicas. 

“Su relevancia está en la educación de pacientes y familias estimulando hábitos saludables desde edades tempranas, influyendo en la alimentación, la actividad física y evitando el tabaco, el alcohol y el consumo de drogas”, agregó.

Más que un requisito

El apto físico escolar suele transformarse en un trámite contra reloj luego del inicio de clases. Sin embargo, los profesionales de la salud coinciden en que limitarse a firmar un certificado sin evaluación médica puede implicar riesgos evitables durante el ciclo lectivo.

“El apto físico escolar no debería entenderse como un trámite administrativo. Se trata de una evaluación médica integral que permite detectar de forma temprana alteraciones cardiovasculares, respiratorias, posturales o metabólicas, muchas de las cuales no presentan síntomas evidentes”, explicó la pediatra Mónica Alvarez (MP 08113).

Según la especialista, cuando no se realiza un control adecuado, estas condiciones pueden pasar desapercibidas y representar un riesgo durante la actividad física escolar.

En esa misma línea, el pediatra Rodrigo Montañes (MP 7796) subrayó que “es clave realizarse chequeos médicos integrales para poder tener un diagnóstico temprano que en los niños y niñas permite, por ejemplo, corregir problemas visuales que pueden afectar su rendimiento académico, detectar afecciones auditivas que dificulten la comunicación o tratar a tiempo cualquier tipo de patología”.

Además, señaló que estos estudios también permiten evaluar la capacidad física de los estudiantes.

 “Sirven para asegurarse de que puedan desarrollar sus actividades sin riesgos para su salud”, sostuvo.

Silenciosas

Los controles médicos escolares incluyen evaluaciones básicas que resultan fundamentales para detectar enfermedades frecuentes que suelen pasar desapercibidas.

“La medición de la presión arterial, la alimentación y la relación entre el peso y la talla son de utilidad en la detección precoz de hipertensión, obesidad y otros trastornos alimentarios”, indicó Sofio. 

También se evalúan antecedentes familiares de enfermedades cardiovasculares, consumo de sustancias y hábitos de vida.

Durante las consultas, los profesionales analizan además la salud mental y el impacto del uso excesivo de pantallas, con especial atención a patologías frecuentes como depresión y ansiedad, que suelen manifestarse en la infancia y adolescencia.

“El pedido del apto físico escolar es una excelente oportunidad para acercarse al sistema de salud y promover controles durante la niñez y adolescencia”, explicó el médico Fernando Burgos (MN 81.759 / MP 110.391), miembro de la Sociedad Argentina de Pediatría.

“El objetivo es detectar tempranamente situaciones que puedan afectar el bienestar físico, psíquico y social, y poder abordarlas de manera oportuna”, añadió.

Según la edad

Los especialistas coinciden en que cada etapa del crecimiento requiere controles específicos. En nivel inicial y primeros años de primaria, el apto físico debe incluir una evaluación clínica completa con control de peso, talla, presión arterial, auscultación cardíaca y respiratoria, además del análisis de antecedentes personales y familiares.

A partir de los 7 u 8 años, cuando la exigencia física aumenta, muchos médicos recomiendan sumar estudios complementarios como el electrocardiograma.

“Los chicos deberían acceder a un examen auditivo y fonoaudiológico al comenzar el primer grado, además de un examen visual y un examen cardiológico con electrocardiograma”, precisó Burgos.

El profesional también destacó la importancia de evaluar el crecimiento infantil. 

“Durante el control de salud los pediatras analizamos altura y peso. Un crecimiento adecuado es espejo de un buen estado de salud física y la mejor forma de objetivarlo es mediante las curvas de crecimiento brindadas por la Organización Mundial de la Salud”, afirmó.

Durante la adolescencia, los controles suelen ampliarse para incluir evaluaciones posturales, respiratorias y asesoramiento sobre salud sexual y reproductiva, además de la prevención del consumo de sustancias.

“El control de salud escolar anual permite evaluar el crecimiento y el desarrollo, el estado nutricional y detectar a tiempo dificultades visuales o auditivas que pueden afectar el rendimiento en el aula. También es el momento indicado para actualizar antecedentes de salud, identificar necesidades de apoyo y revisar el esquema de vacunación”, agregó la doctora Valeria El Haj (MN 99.291).

Prevención colectiva

Otro aspecto fundamental del apto físico escolar es la verificación del calendario nacional de vacunación, que en Argentina es obligatorio y gratuito.

“Argentina tiene un calendario ejemplar en la región y seguro, con vacunas con respaldo científico”, explicó Sofio. Y advirtió que la baja en las tasas de vacunación puede generar la reaparición de enfermedades que estaban controladas.

“La disminución de la población vacunada hace reaparecer enfermedades como sarampión o tos convulsa, que pueden causar complicaciones graves e incluso la muerte”, alertó la profesional.

Los especialistas recuerdan que completar el esquema de vacunación no solo protege al niño sino también a la comunidad, especialmente a quienes no pueden vacunarse por razones médicas.

Una oportunidad

Para los profesionales, el principal desafío es cambiar la mirada social sobre el apto físico escolar y comprender que no se trata de un trámite burocrático.

“Más allá del cumplimiento de un requisito escolar, estos estudios son esenciales para la prevención de enfermedades y la detección temprana de problemas de salud. Gracias a estos controles es posible evitar complicaciones mayores en el futuro”, remarcó Montañes.

Los médicos también advierten sobre la práctica de reutilizar certificados de años anteriores o firmar fichas sin evaluación médica, situaciones que pueden generar una falsa sensación de seguridad.

Cada año el cuerpo cambia, especialmente durante la infancia y la adolescencia, por lo que realizar controles actualizados es fundamental para garantizar que los estudiantes puedan desarrollar sus actividades escolares y deportivas sin riesgos.

En un contexto en el que millones de niños vuelven a las aulas en todo el país, los especialistas coinciden en que el inicio del ciclo lectivo representa una oportunidad para poner la salud en primer plano.

“Realizar el apto físico escolar de manera responsable no solo cumple con una exigencia institucional, sino que contribuye a una infancia más saludable, con controles médicos reales, actividad física segura y vacunación al día”, concluyeron.