Bahía Blanca | Domingo, 18 de enero

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El vivero municipal, una pausa verde en el verano de Pehuen Co

Produce plantas para todo el distrito y se consolida como un paseo alternativo, no solo cuando el clima no acompaña.

Fotos: Rolando Ramos

“Hoy refresca, ¿vamos al vivero?” es la clásica propuesta cuando el tiempo no acompaña para disfrutar de las playas de Pehuen Co. Ocupando casi una hectárea de bosque, el Vivero Municipal Pablo Günther Lorentz ofrece a turistas y vecinos la posibilidad de desconectarse en un entorno sereno y multicolor.

Se encuentra dentro del predio del Bosque Encantado, a unos cuatro kilómetros de la rotonda de acceso al balneario. Se accede por la primera salida a la derecha de la avenida Trolón. El entorno es calmo, con senderos y verde en todas direcciones.

Entre canteros e invernaderos se respira un abanico de aromas que va de flores, pinos y eucaliptos a tierra húmeda y brisa marina. El recorrido incluye el puente sobre el estanque de plantas acuáticas, el “deck del sapo” con su fuente y banco de plaza, y un monte de árboles frutales que completan un combo con efecto relajante inmediato.

Más allá de su atractivo como paseo, el vivero cumple una función clave en la vida de la localidad. Allí se producen muchas de las especies que forestan Pehuen Co y contribuyen a fijar médanos, ordenar el paisaje, proteger el suelo y embellecer la localidad. Árboles y arbustos que hoy forman parte del balneario comenzaron su crecimiento en estos canteros, con el trabajo sostenido y paciente de un puñado de personas.

Una faena constante

El vivero funciona todo el año y para el equipo que lo sostiene no hay temporada alta ni baja. En la época fría, el trabajo comienza temprano con la producción de gajos, la poda y el armado de almácigos. En verano, la actividad se concentra en el riego, el mantenimiento y la atención al público.

“Año a año nos planteamos incrementar la variedad y satisfacer esa demanda. Es un desafío y una alegría estar a la altura de esos requerimientos”, afirma Cristian Sebeca, encargado del vivero.

Aunque su función principal es abastecer al partido de Coronel Rosales, el vivero también responde a la demanda estival. Vecinos y visitantes se acercan en busca de plantas y de una experiencia distinta, lejos del ritmo acelerado del verano.

Produce plantas ornamentales, arbustivas y nativas. También cactus, crasas, aromáticas y especies de interior. Parte de la producción se destina a espacios públicos y otra se ofrece a la venta, con variedad y precios accesibles.

El espacio lleva el nombre del botánico alemán Paul Günther Lorentz, precursor de los estudios fitogeográficos en la Argentina. Abre de lunes a sábado, de 9 a 12 y de 17 a 20, y los domingos de 9 a 12. La entrada es libre. Se puede comprar, recorrer o simplemente quedarse un rato.

Dos décadas

El Vivero Municipal comenzó a tomar forma a partir de su reactivación, en 2005, cuando el predio era poco más que una almaciguera, una farola y una perforación de agua. No había oficinas ni galpones, y gran parte de la infraestructura que hoy sostiene la producción se levantó con el trabajo del propio equipo, que fue construyendo los espacios necesarios para funcionar y recibir al público.

El invernadero principal, donde se produce la mayor parte de las especies que hoy tiene el vivero, se construyó hace más de una década a partir de un subsidio nacional. Los invernaderos restantes son más recientes y también fueron realizados por el propio personal.

Hoy el predio cuenta con doce farolas, siete perforaciones de agua, una plaza con juegos, baños y espacios que fueron sumándose con el tiempo. El contraste con aquel punto de partida es evidente y el resultado se refleja en un vivero que creció en extensión, infraestructura y producción, con un trabajo que se percibe a simple vista.