Bahía Blanca | Lunes, 12 de enero

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Cómo una especie invasora se convierte en una oportunidad productiva

La sobrepoblación de la ostra del Pacífico, que amenaza la biodiversidad costera bonaerense, impulsa un desarrollo innovador que une control biológico y valor agregado. De plaga a producto gourmet.

Investigadores del CONICET y la UNS, en articulación con la empresa Cultivo Ostras SAS, están a punto de concretar un hito productivo: la elaboración de la primera salsa de ostras argentina.

Este proyecto no sólo busca sustituir importaciones y generar valor agregado, sino que transforma un grave problema ambiental regional —la expansión de la ostra del Pacífico, una especie invasora— en una valiosa oportunidad de desarrollo industrial y control biológico.

La iniciativa, que ya presenta un avance del 90%, es liderada por equipos locales del Instituto Argentino de Oceanografía (IADO), PLAPIQUI e INBIOSUR, todos pertenecientes al CCT CONICET Bahía Blanca.

El problema ambiental

La protagonista de este desarrollo es la ostra del Pacífico (Crassostrea gigas o Magallana gigas), una especie exótica de origen asiático que se introdujo ilegalmente en la década del '80 en Bahía San Blas.
Desde 1982, esta ostra se ha expandido por toda la costa sur bonaerense.

Su proliferación se ha transformado en un factor responsable de la pérdida de biodiversidad, afectando los ecosistemas y amenazando áreas costeras vitales como el estuario de Bahía Blanca y playas turísticas como Pehuen Co y Monte Hermoso.

La especie genera impactos sociales y económicos, incluyendo los cortes que sus filosas valvas pueden provocar en zonas de esparcimiento.

La oportunidad productiva

Frente a la sobreabundancia del recurso, surgió la necesidad de buscar productos de valor agregado que permitieran un mayor aprovechamiento de la especie invasora. La respuesta fue desarrollar la salsa de ostras, un aderezo habitual en el mercado internacional, que se está elaborando a nivel piloto en Bahía Blanca.

El principal fundamento ambiental y productivo de este proyecto es utilizar el aprovechamiento industrial como una herramienta para el control de la especie. Los investigadores remarcaron que cambiar la escala de producción de ostras desde el nivel artesanal al industrial podría representar una presión de explotación mayor y disminuir la cantidad de ejemplares reproductores.

Sandra Botté, investigadora del CONICET y directora del IADO, explicó que el desafío es "transformar una problemática ambiental en una oportunidad productiva", un objetivo que se está logrando gracias al trabajo articulado entre el sector científico, la empresa y el financiamiento público.

Desarrollo con sello regional

Es crucial entender el origen de la materia prima. El proyecto utiliza únicamente ostras provenientes de la zona certificada por SENASA que se extiende desde Los Pocitos hasta San Blas, en el partido de Patagones.

Por el contrario, las ostras halladas en el estuario de Bahía Blanca no se utilizan ya que no cuentan con la habilitación sanitaria necesaria. Esto es un aspecto clave, ya que es en la zona de Patagones, clasificada como apta para consumo humano, donde se obtiene la materia prima que garantiza la inocuidad del producto final.

Este desarrollo multidisciplinario —que requirió conocimientos en bioprocesos, ingeniería y análisis biológicos— no solo impulsa una nueva industria sustentable, sino que también promete fortalecer las economías costeras mediante la generación de empleo, la capacitación de técnicos y la diversificación productiva en la región.

Aunque el proyecto enfrenta un desafío cultural (el bajo consumo de productos del mar en Argentina, donde "preferimos la carne vacuna"), la apuesta de esta iniciativa es precisamente abrir un nuevo camino en ese terreno.

De esta manera, la ciencia y la industria, con fuerte anclaje en Bahía Blanca, están cerca de convertir lo que fue una "mala decisión" de introducción ilegal en los '80 en un modelo de gestión sostenible de recursos naturales con impacto a nivel nacional.

El proyecto se encuentra en la etapa final de validación técnica y regulatoria, incluyendo análisis nutricionales y estudios de vida útil, antes de solicitar la habilitación industrial para la producción piloto.