Golpe de calor en las mascotas: ¿cómo protegerlos para evitar urgencias?
“Hay que estar atento a los síntomas que se manifiesten y actuar de manera rápida”, dijo el médico veterinario Alberto Pedro Tellarini.
Subjefe de la Sección Deportes con especialización en temas deportivos. Más de 30 años comentando fútbol y otro tipo de actividades; además de haber realizado coberturas en todo el país con la incursión de los elencos bahienses en la elite del fútbol nacional. También coberturas del seleccionado Argentino en acontecimientos como Copa América y amistosos internacionales.
Audionota: Mariano Muñoz
En una temporada estival que en nuestra ciudad se desarrolla con registros térmicos por encima de los promedios, no son menores los cuidados que se debe tener respecto de las mascotas, especialmente cuando nos referimos al golpe de calor, una emergencia que puede poner en peligro sus vidas si no se actúa a tiempo.
“El golpe de calor ocurre cuando el cuerpo del animal se eleva a tal punto que ya no puede regular su temperatura por sí solo. No depende únicamente del sol o de la temperatura ambiente, sino también de factores como la humedad, el encierro, los pisos calientes o decisiones cotidianas que parecen menores, pero pueden ser fatales”, dijo el médico veterinario Alberto Pedro Tellarini.
Cuando la temperatura corporal supera los 41º grados centígrados, comienzan a dañarse órganos vitales. “No se trata de 'tener mucho calor'; es una urgencia real que requiere acción inmediata. Hay que estar muy atento a estos síntomas y actuar de manera rápida”, afirmó.
Tellarini sostuvo que hay que prever ciertas situaciones para mitigar el efecto del calor sobre los animales, sobre todo cuando las temperaturas y la humedad son elevadas durante períodos de tiempo prolongados.
“En el caso de los perros y gatos se pueden realizar paseos en horarios de menor calor; aplicar la regla de los 5 segundos para comprobar si el piso quema; tener a mano agua fresca y limpia; que estén en ambientes amplios, ventilados y con sombras y nunca dejarlos en autos, terrazas, balcones ni cajas de camionetas”, sintetizó.
“Para el caso de las aves, utilizar jaulas en lugares frescos y ventilados; evitar el sol directo por ventanas, pulverizar el ambiente o utilizar bañeras poco profundas, además de ofrecer frutas y verduras con alto contenido de agua”, reveló.
También dijo que el objetivo principal es ayudar al cuerpo del animal a bajar la temperatura y trasladarlo de inmediato a un veterinario si no reacciona o si los síntomas se agravan.
“Entre las primeras medidas hay que llevar al animal a un lugar fresco y con sombra, acostarlo sobre una superficie húmeda y fresca, como una toalla mojada, sin cubrirlo, y aplicar compresas de agua fría en zonas clave como orejas, cuello, axilas, ingle y patas. También es importante ofrecer pequeñas cantidades de agua, sin forzarlo a beber”, aseguró.
Tellarini sostiene, no obstante, que algunas prácticas pueden empeorar la situación. “No se debe utilizar agua helada, introducir al animal bruscamente en una pileta, arrojarle baldes de agua fría, envolverlo con mantas, forzarlo a beber ni alimentarlo”, aclaró.
Lengua de cuchara o espatulada
Una de las señales de alarma más importantes durante un golpe de calor es la llamada “lengua de cuchara” o “espatulada”, un signo visual que se presenta cuando la lengua del perro se ensancha, se aplana y sus bordes se curvan hacia arriba.
“Esta manifestación indica que el animal está realizando un esfuerzo extremo por enfriarse, aumentando la superficie de la lengua para disipar calor. Es una señal de emergencia veterinaria y se debe ir a la guardia de inmediato”, contó.
Otro de los puntos críticos es el riesgo de dejar animales dentro del automóvil. “Aún por pocos minutos, el interior de un vehículo puede transformarse en un horno, con una rápida elevación de la temperatura y sin circulación de aire. No importa si el auto está a la sombra, con las ventanillas abiertas o si el día no parece excesivamente caluroso. Con una temperatura exterior de 32 grados, en sólo diez minutos el interior puede alcanzar los 43 grados, generando un riesgo extremo para la vida del animal”, aseguró.
También recomendó no trasladar mascotas en horarios de mucho calor si se prevén trámites o actividades que puedan demorar el regreso, ya que cualquier imprevisto puede tener consecuencias fatales. “La prevención y la información son claves para evitar situaciones irreversibles”, apuntó.
Un kit de emergencias
Ante las jornadas de intenso calor, Tellarini también destacó la necesidad de contar con un kit de emergencias básico en el hogar y adoptar hábitos adecuados de alimentación y cuidado.
“Un kit de emergencias permite actuar de inmediato ante un golpe de calor, evaluar la evolución del animal y decidir si es necesario un traslado al veterinario. Debe contar con un termómetro digital —la temperatura normal en perros ronda los 38,5 grados—, una jeringa grande para hidratar de a poco, una toalla pequeña para aplicar húmeda en zonas clave, un spray pulverizador para axilas, ingle y almohadillas, y una botella de agua limpia y fresca para humedecer los labios o administrar sorbos controlados”, sostuvo.
En cuanto a la alimentación durante los días de calor, el profesional aconseja repartir las raciones en los horarios más frescos, como temprano por la mañana o al anochecer.
“También se puede utilizar frutas como premios refrescantes, humedecer el alimento seco con comida húmeda, caldo natural o agua. Es importante evitar dejar el comedero expuesto al sol”, remarcó.
Otro aspecto central es el cuidado de los órganos de los sentidos. “Hay que secar bien los oídos cada vez que el animal se moje en el mar, pileta, charcos o con manguera; utilizando una gasa, toalla pequeña o secador a baja velocidad. En los ojos, lavar con solución fisiológica si ingresa arena, agua salada o restos de pasto. También es importante revisar la nariz ante estornudos persistentes, controlar la boca para evitar que ingieran insectos o alimentos en mal estado, y proteger las patas de superficies calientes”, afirmó.
Respecto del pelaje, el profesional desaconseja rasurar a los animales en épocas de calor. “El pelo cumple una función aislante frente al frío, el calor y los rayos solares. La rasuración aumenta el riesgo de cáncer de piel, quemaduras solares, golpes de calor por sobrecalentamiento cutáneo, manchas en la piel y picaduras de insectos”, indicó. Como alternativa, recomendó cepillar, peinar o realizar un recorte moderado, pero nunca rapar.
Finalmente, Tellarini alertó sobre los síntomas de deshidratación, cuya detección temprana es clave. “Entre las señales más frecuentes se encuentran la pérdida de elasticidad de la piel, encías secas o pegajosas, ojos hundidos y opacos, saliva espesa, letargo, debilidad y cambios en la orina, que puede volverse más oscura o menos frecuente”, alertó.
“En los gatos, el jadeo es una señal de alarma grave, mientras que en los perros el jadeo excesivo y prolongado, incluso en reposo, y la nariz seca y caliente suelen ser indicadores de falta de hidratación”, dijo.
Tellarini aseguró que la prevención es una herramienta fundamental para proteger la salud de las mascotas durante el verano y evitar situaciones de riesgo. “Nuestros animalitos son parte de nuestra familia y nos necesita; así que tengamos toda la precaución y ante cualquier duda siempre hay que consultar al veterinario”, manifestó el especialista.
¿Cuáles son los síntomas según el tipo de animal?
—Perros: jadeo excesivo y ruidoso, salivación abundante, mucosas muy rojas o azuladas, tambaleos, convulsiones o colapso. Las razas braquicéfalas (bulldog, pug) son especialmente vulnerables. Una señal crítica es la llamada lengua de cuchara o espatulada.
—Gatos: son más resistentes, pero si jadean la situación es grave. Pueden presentar letargo extremo, debilidad y búsqueda desesperada de lugares frescos.
—Aves: pico abierto, alas extendidas, jadeo y narinas enrojecidas.
—Conejos y cobayos: extremadamente sensibles. Temperaturas superiores a 30° grados centígrados pueden ser fatales. Respiración rápida, orejas calientes, babeo y falta de respuesta.
—Tortugas y reptiles: intentos desesperados por buscar sombra, seguidos de letargo. En algunos casos aparece espuma en boca o nariz.