La solidaridad no es casual
.
Desolación, tristeza, amargura, dolor, enojo, impotencia, frustración, bronca, abatimiento, angustia, llanto, desesperanza, miedo, desconcierto… son algunas de las palabras para describir lo que sintieron los habitantes de Bahía Blanca cuando se desató la catástrofe.
Metafóricamente, así como bajaba el agua y sin intentar romantizar los estados vividos, paulatinamente otros estados se empezaron a percibir. Ponerse en tarea ayuda a transitar ciertos dolores, permite cambiar el eje y salir del desaliento para empezar a edificar un nuevo proyecto o recuperar los existentes.
En medio del caos, una vez más se destaca la solidaridad, de los cercanos y los lejanos, pues casi todo un país, empatizó con la situación y se dispuso a colaborar. Como es habitual en este espacio, surgen preguntas: ¿La solidaridad es un sentimiento que brota espontáneamente? ¿Es algo así como parte del ADN o se adquiere?
Silvia Gattino, en su publicación “Representaciones sociales de la solidaridad” aporta interesantes ideas. Por un lado, la solidaridad surge de la imposibilidad del sujeto de actuar aisladamente o de su interés por desarrollar formas de colaboración con los otros. Asevera que no debe confundirse con altruismo o generosidad, no es lo mismo.
Pareciera que la solidaridad “se pone de moda”, se la banaliza en redes sociales, se multiplican influencers y colectas y la ambigüedad del concepto también se acrecienta. Por eso cabe destacar que la solidaridad nace como ideología sobre el final del siglo XIX y conlleva nada más y nada menos que una nueva representación de la unión social y política, que desemboca en una profunda transformación de las modalidades de gestión de la intervención pública.
No caben dudas de que el concepto es profundo y con implicancias políticas y sociales. En este sentido Émile Durkheim, defendía la idea en sus diversas obras de que la sociedad moderna se conserva unida gracias a la solidaridad. Para el sociólogo y filósofo francés, la solidaridad es un valor, de hecho, así se la suele presentar, sin embargo, es una condición para el funcionamiento de las sociedades.
Así, se advierte que, en las sociedades primitivas, nace de la conciencia colectiva, las personas se identifican con los grupos sociales y se percibe que debe haber condiciones de igualdad, en este sentido la solidaridad opera como dispositivo para que, mediante el compromiso asumido por todos, esa condición se mantenga.
La solidaridad, de esta manera, se convierte en un concepto fundamental de la civilización republicana y está presente en procesos tales como hermandad, libertad e igualdad que reivindica la Revolución francesa.
Hoy, “la solidaridad es un hilo conductor indispensable para la construcción y la conceptualización de las políticas sociales”, un elemento de relación entre las personas y la sociedad en su conjunto.
Te estarás preguntado el porqué de esta reflexión y este recorrido más sociológico que psicológico, y es muy simple.
En tiempos de individualismo exacerbado, de banderas de libertad en las que unos pocos se llenan los bolsillos, en tiempos donde el tejido social y las instituciones están completamente fragilizados, urge entender que cualquier acción que implique ayudar, asistir o compartir, está fomentando esta compleja actividad de ponerse en el lugar del otro y desde una posición democrática, y es justamente lo que se necesita para estos tiempos violentos y feroces que estamos viviendo; la solidaridad no es casual.