Bahía Blanca | Jueves, 26 de marzo

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Cuando la "bocha" viene cambiada: fue el partido más difícil de sus vidas

La película de terror que vieron Jesús Vázquez y Kevin Albornoz, en el Barrio Kilómetro Cinco; Kevin Casco, en Villa Talleres, y Gabriel Urra, en General Cerri.

Fotos: Emmanuel Briane y Archivo-La Nueva.

Esta vez no hubo bochazos salvadores para ganar partidos, sino un tremendo mazazo que los marcará para siempre.

El viernes 7 de marzo, de ahora en adelante, no será un día más para Jesús Vázquez, Kevin Albornoz, Gabriel Urra y Kevin Casco. Recordarán cuando el agua los tapó, los dejó sin hogar y los obligó a sobrevivir.

No son los únicos casos; hay más bochófilos afectados por la inundación, como también clubes que perdieron sus pisos y mucho más. Valen sus relatos, como también el trabajo de instituciones solidarias.

"El altillo salvó la vida de mi familia. Subí con mi mujer, mi hija y tres nietos. En la casa de adelante, mi hijo, hizo lo mismo con seis vecinos que tuvieron que abandonar sus hogares", dijo Jesús Vázquez, jugador de bochas de Kilómetro Cinco.

"A los altillos les voy a hacer un monumento. ¿Qué pude salvar? Las dos máquinas de soldar, una de mano para agujerear y la bici, porque siempre la dejo atada. El televisor era tan pesado que no lo pude subir. El resto se fue con el agua, salvo una cama de dos plazas y una mesita del altillo", contó Vázquez.

 

"Cuando pudimos asomar la cabeza vimos a los vecinos arriba de los techos, era una película de terror. Pensaba en mi mamá, que vive en calle Francia, a pocos metros de mi casa (Avenida La Plata), donde el canal se puso bravo. Mucha gente me llamó, recibí ayuda de la Asociación y de gente amiga. Mis seres queridos están bien, lo material es lo de menos", apuntó.

 

Gabriel Urra, por su parte, vivió una situación traumática en General Cerri, en calle Lugones al 200.

"Cerri fue un caos. Estábamos en el medio de un río, en pocos minutos mi casa se inundó. Subí a mi madre y a una vecina al camión; y a otros vecinos los metí en la caja de la camioneta -foto-, donde pasé mi primera noche. En casa había un metro y medio de agua, por encima de mis hombros", dijo Gabriel Urra.

 

 

 

"Hubo una reacción rápida de la gente en un pueblo arrasado. En mi caso el héroe de la familia fue Juan Pablo (Urra), porque nos trajo víveres, agua, ropa. El domingo cayeron 30 personas de las bochas de Bahía, Dorrego, Saavedra. Era verlos y largarse a llorar porque limpiaban mi casa, llena de barro", señaló.

 

"Los arroyos desbordaron para el lado izquierdo del pueblo, en el sector donde se ingresa. Al club de bochas, por suerte, que está en la otra punta, en la zona este, no le pasó nada. Sirvió para evacuar gente", sintetizó.

Kevin Casco, se Villa Talleres (Emilio Rosas al 3500), dijo que el temporal los sobrepasó.

"No soy de pedir, jamás lo hice y no pensaba hacerlo. Pero mi hermano me dijo que era imposible estar sin nada, porque se mojó todo lo que teníamos. Me mudé, con mi familia, a la casa de mi madre. El agua, al día siguiente, drenó rápido", señaló.

 

"Volví a mi casa a las pocas horas porque en el barrio la inseguridad es permanente. Me instalé en un rinconcito de la cocina para hacer guardia. Debo agradecer a la colaboración de la gente, la ropa y los elementos de limpieza. El club Talleres, que venía golpeado del temporal anterior, nos ayudó. También de la Asociación vinieron a darnos una mano", apuntó.

Kevin Albornoz, en el barrio Kilómetro Cinco, también soportó los embates del agua.

"Mi mamá me despertó porque empezó a entrar agua a la casa. En el momento me nublé, no era algo por lo que había pasado anteriormente. Vivimos a una cuadra del canal Maldonado, no se podía hacer nada. Con un vecino intentamos armar un muro de ladrillos para contener, pero al rato las cosas estaban, era para llorar", dijo Albornoz.

 

"Cuando vimos que se complicaba por la altura del agua nos fuimos a la casa de un tío. Al perro lo llevaba en una brazo y a mi vieja en el otro. Fue muy duro, desesperante. Después llegó la ayuda de la gente de Tiro Federal, de Rodrigo Catini, donde me pude dar una ducha, Walter Landa y otros que se arrimaron al toque. Con los días me puse a ayudar a la gente, sabía del sentimiento de perder todo. Las donaciones llegaron de gente desconocida (ropa, colchones, frazadas y comida). El agradecimiento será eterno", manifestó.