Increíble (casi): demolieron un monolito y se llevaron los ladrillos y la placa
El monolito de mampostería fue demolido y borrado del paisaje,
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
La plazoleta es pequeña, tiene forma triangular y lleva el nombre del profesor Prudencio Cornejo (1883-1977), quien fuera durante décadas director y docente de las Escuelas Normal y Superior de Comercio.
Por eso en ese espacio de Zelarrayán y 1º de Marzo convivían dos referencias. Una, colocada en 1986 por la Comisión de Reafirmación histórica, con la leyenda “Prof. Prudencio Cornejo, Testimonio de gratitud de autoridades y pueblo de Bahía Blanca a una vida consagrada a la docencia”.
La otra, construida en 2003, consistía (pretérito imperfecto) en un monolito donde se ubicaba una placa de mármol recordando a Cornejo en ocasión del centenario de la fundación de la escuela de Comercio que precisamente lleva su nombre.
Desde hace unos días –al menos el tiempo que alguien lo advirtió—el monolito ya no está. Se lo robaron. Para eso los ladrones debieron demolerlo, ya que se era una construcción de mampostería, para así llevarse los ladrillos y la mencionada placa. Apenas quedó la parte inferior, que quizá les resultaba muy trabajoso retirar.
No deja de ser llamativo el hecho. Porque la placa no era de bronce, que tiene un valor importante en el mercado, sino una modesta plancha de mármol grabada con la dedicatoria de la escuela de comercio “en recuerdo a su director”. Los ladrillos no deberían sumar más de 50. Lo cierto es que el monolito ya no está.
Ausencias
Podría sorprender el robo claro, por sus formas. Pero a esta altura es extenso el libro de ejemplos de monumentos, placas, recordatorios, carteles y otros elementos que, ubicados en espacios públicos, terminan siendo quitados, rotos y dañados.
Es el caso de la estatua de mármol de Carrara del parque de Mayo, que tenía grabado el nombre “Pulchritudo” (Pulcritud) y mostraba a una doncella acariciando un pavo real. Estuvo desde mediados de los 60 en el acceso al paseo por calle Urquiza y luego trasladada cerca de la pista de atletismo. En algún momento de 2004 un vecino se acercó a la municipalidad para dar cuenta que la estatua “no estaba más”. Nunca se recuperó.
Más acá en el tiempo, 2019, en el mismo parque, arrancaron de cuajo la obra “Latidos”, de Paula Di Canto, una estructura de acero de cuatro metros de alto donada por la Sociedad de Cardiología.
En la plaza Rivadavia hay faltantes de placas en el monumento al básquet, del parque Independencia han desaparecido varias obras y así se podría extender el listado a varias paseos y plazoletas de la ciudad.
Ahora fue el turno de algo que seguramente fue pensado con un esquema antirrobo, al construirlo con materiales que no se pueden remover y cuya referencia carecía de un valor material significativo. No fue suficiente. Se la llevaron igual.